Animales raros, ópera y el edificio giratorio

La sensación de estar en Australia, mola. Nos levantamos, tampoco con grandes madrugones. Lo primero que hago es comprobar para donde gira el agua del desagüe. Efectivamente, el efecto colioris se ve. ¿O, quizá no? Yo pienso que sí, la vi girar al revés que “de normal”…

Tras nuestra sesión de Ciencia nos fuimos ya a desayunar. Aquí no es breakfast, si no brekkie. El ambiente por Bondi Beach mola. Una especie de Malasaña con playa. Desayunamos abundantemente viendo el mar (hasta que un camión se paró justo enfrente) y ya estábamos listos para coger el 333 e ir a la city.

Hyde Park y Botanical Gardens

Sí, habíamos desayunado beans, cruzamos la ciudad por Oxford Street y estábamos en Hyde Park. Pero no, Sídney no es Londres. Aunque recuerda en muchas cosas. También en la forma de expresarse de la gente. Es una sensación extraña. Es como si fuera Londres pero en un universo paralelo. 

Con la jantoguía en la mano no teníamos pérdida. El día fue interesantísimo de principio a fin. Nada más bajarnos del autobús y acercarnos hacia la catedral de Saint Mary, ya flipamos con los ibis, y eso que Janto ya nos había hablado de ellos. Hay muchísimos por la ciudad. Son como las palomas en otros sitios. Pero claro, nos llamaban la atención. Y por supuesto, el otro tema que en seguida llama la atención es el ANZAC.  Las fuerzas armadas conjuntas con Nueva Zelanda que perdieron en la I Guerra Mundial en la batalla de Gallipolli, pero que hicieron crecer el sentimiento de nación. Nos encontraremos memorials por todos los sitios en Australia.

Impresionante la Archibald Fountain, regalo de los franceses, precisamente por la participación en la I GM. E impresionante la catedral católica, la más grande de Australia, con preciosos artesonados de madera (me recordó a la pequeña iglesia del centro de San Juan de Luz) donde justo estaba comenzando la misa. También me recordó a la protestante de Liverpool, porque tenía una enorme tienda dentro.

Desde allí y dando un paseo por la biblioteca y el parlamento del Estado de NSW, nos fuimos hacia los reales jardines botánicos, que este año cumplen su 200 aniversario, envueltos en un debate sobre su futuro. Más interesantes por las aves que por las plantas en mi opinión, aunque no lo vimos entero. Volveríamos unos días después. Nos llamó la atención el área de los cactus, que nos recordó, claro, a algunas parte de México, y las enormes arañas que hay por la zona. Sí, “Australia donde todo quiere matarte”

Tras una visita fugaz a una exposición de pintura de motivos vegetales (yo pensaba que sería una especie de exposición de frutas desecadas) nos encaminamos ya hacia al camino de la silla de Mrs Macquaries, pasando por un teatro al aire libre del que nos quedamos con ganas, desde donde tendríamos las primeras vistas de la bahía de Sidney, con el puente del puerto y la ópera.

La ópera de Sidney y The Rocks

No había mucho sol y el que había era a contraluz pero perfectamente se podía ver a lo lejos que el edificio del amigo Utzon es soberbio. Tuvo que ser todo un hito cuando presentó el diseño en 1957. Fue un proceso complejo y largo, pues se inauguró -“God Save the Queen” mediante en 1973. Por el camio Utzon dimitió, los costes fueron un 1400% los previstos y el genial arquitecto danés no volvió a trabajar en su vida.

Todo ello queda olvidado entre el vaivén de turistas, ciclistas y palos de selfie mientras bordeando la cala Farm nos vamos acercando al edificio. Aquí y allá se ve gente con la camiseta del Barça, nadie del Madrid. El sonido que hacen las cacatúas de moño amarillo (hay centenares por la zona) es difícil de describir y solamente nos sorprenderá más el de la cocaburra que conoceremos más adelante.

Daremos un paseo por el interior de la tienda y de las galerías inferiores y nos dirigiremos hacia The Rocks. Uno de los barrios más antiguos de Sydney. Iba ya siendo una hora más que razonable para comer y al ritmo de los guitarristas callejeros tocando “Wicked Game” nos fuimos hacia The Glenmore a disfrutar de un pedazo de hamburguesa, que nos habíamos ganado.

Girando en el CBD…

Habíamos quedado ya con Janto en el Central Business District, para tomar una cerve y – no sin antes hacer algunas fotos del atardecer – para allí que nos fuimos. El lugar era el O Bar. Un restaurante giratorio en el último piso del Australia Square Tower. ¡El primero de nuestra vida! Era un check pendiente. Decir que estuvimos a gusto es quedarse corto. Yo aproveché para probar una cerveza australiana (y luego otra… y) y las horas se nos fueron pasando discutiendo en qué sentido girábamos físicamente nosotros y la vida en general.

… y por la noche en Darling Harbour y Chinatown

Y cómo estábamos con ganas, todavía nos fuimos a que Janto nos enseñara un par de lugares la mar de interesantes. Pasamos por el ayuntamiento de Sydney, por el Queen Victoria Building  y fuimos a comprar buñuelos en un sitio trendy – había que hacer cola! –  en Chinatown.

De ahí a uno de los distritos de ocio de la ciudad, Darling Harbour, donde pudimos escuchar cantando a Luana versionando a Beyoncé y pasear por las calles disfrutando de las vistas y los reflejos hasta cruzar de vuelta por el precioso Pyrmont Bridge y ver la exposición de Sign City (que a mí me encantó, claro) Aún nos dio tiempo a pasar por un Whoolworths (parecido al de México 😉 a comprar algo de cena.

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