Sábado de puente en Bélgica. Hemos pillado el Ryanair de las 6:25 de Madrid → Charleroi y luego tren directo a Brujas. Tendremos todo el día para descubrir la ciudad. Era mi segunda vez (tercera sin contamos el Namur-Charleroi) en Bélgica y la primera de y con Nagore.
Charleroi al amanecer y tren a Brujas
Aterrizaje en el Aeropuerto de Bruselas-Charleroi (BSCA) a las 08:50 — ese aeropuerto valón que Ryanair vende como «Bruselas Sud» aunque esté a 46 km de Bruselas —. Cartel «Feel inspired — Wallonia.be» nada más salir de la pasarela. En el baño, creo que fui la primera vez que vi esos grifos/secamanos de Dyson).
Bus lanzadera hasta la Estación de Charleroi-Sud. Selfie en la plaza de la estación con las banderas del gallo rojo de Valonia ondeando. Tren SNCB al norte — vagón regional con asientos rojos moteados —. Pantalla interior anunciando el «Trein naar Brugge» y «volgende» (próximo, de las pocas palabras que recuerdo de mis clases de neerlandes) con las paradas Maria-Aalter, Beernem, Oostkamp. Llegamos a Brugge Centraal a las 12:22.
Plaza ‘t Zand y desayuno en Eetcafé Leopold
Salida por el vestíbulo con el cartel «Brugge centrum». Nos pusimos en camino hacia nuestro Airbnb. Habíamos reservado una habitación privada, pero ese finde se habían ido, así que estuvimos solos en la casa. En aquel momento nos llamó la atención, luego lo vivíríamos más veces, por ejemplo en Anchorage.
Paseo hasta la plaza ‘t Zand y parada en el Eetcafé Leopold, en el número 26, con la fachada anexa al Hotel Leopold. Croque monsieur, café, tarta y la cerveza del mes escrita en la pizarra: LEFORT. El Concertgebouw rojo enfrente, la fachada de terracota inconfundible.
Brujas (Brugge en neerlandés) es una ciudad medieval prácticamente detenida en el siglo XV. Fue durante la Edad Media una de las principales potencias comerciales del norte de Europa: sede de la Liga Hanseática y del banco italiano de los Médici en Flandes, con un puerto interior conectado al Mar del Norte por el canal Zwin y una industria textil que exportaba a toda Europa. La ciudad hospedó la corte de los Duques de Borgoña — Felipe el Bueno, Carlos el Temerario — durante buena parte del siglo XV, cuando estableció la sede del Toisón de Oro aquí. A partir del XVI el Zwin se colmató de sedimentos, el puerto quedó cegado y Brujas perdió su papel comercial en favor de Amberes primero y Ámsterdam después. La ciudad quedó congelada económicamente durante 400 años — «Brugge die Scone», la Brujas dormida —, hasta que en el XIX la novela Bruges-la-Morte de Rodenbach la puso en el mapa del turismo romántico. Ese abandono es lo que ha permitido que su casco antiguo esté hoy intacto: fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, y prácticamente cada calle del centro es medieval o barroca original.
Check-in y primer paseo por el casco viejo
Dejamos las mochilas en el apartamento — sofá verde pistacho, cocina abierta, TV Philips en un rincón con un DVD de «In Bruges» encima, y hasta un cartucho de la NES europea con Blades of Steel de Konami. Más guay, imposible.
Salimos otra vez a la calle. Paseo hasta Haanstraat, cruce por el Zilverpand (esa plaza empedrada con las tiendas Planet Parfum y Ulla Popken), y llegada a Simon Stevinplein con la escultura contemporánea de figuras infantiles. Al fondo, la torre de la Sint-Salvatorskathedraal — la catedral de San Salvador, románico-gótica —.
Entramos a la catedral. Nave gótica, vidriera con la inscripción latina «Praecursor Domini» (Isaías anunciando al Mesías), retablo lateral con velas votivas de 0,50 €, y sobre todo el jubé barroco — ese rood loft de mármol negro y blanco con el órgano dorado encima que corta la nave en dos —. La bóveda gótica con la araña dorada colgando en el centro.
Comida larga en Marieke van Brugghe
Salida de la catedral hacia Mariastraat. Vista de la fachada exterior de la Onze-Lieve-Vrouwekerk, la Iglesia de Nuestra Señora con esa aguja gótica de ladrillo — 115 metros, la segunda torre de ladrillo más alta del mundo, para el dato —.
Comida principal en Marieke van Brugghe, en el número 17 de Mariastraat, un restaurante flamenco con manteles rojos y muebles de madera tallada. Stella Artois para empezar, Kasteel para seguir. Brocheta con arroz para uno, hamburguesa gourmet para otro. Brownie de postre. Sobremesa larga con la calefacción encendida y las botas mojadas del suelo empedrado.
Canales del sur, Walplein y De Halve Maan
Después de comer tocaba un nuevo paseo. Sint-Janshospitaal — el Oud Sint-Jan — con pancartas de la expo «Picasso in Bruges» colgadas. Cruzamos los canales del sur por Bakkersrei y llegamos al Bonifaciusbrug, ese puente peatonal blanco de balaustres decorados junto a los jardines del Gruuthuse. Vista del Belfort (a la izquierda, campanario oficial) y de la aguja de Nuestra Señora (a la derecha) simultáneamente asomando entre tejados.
Paseo por Guido Gezelleplein hasta Walplein, con la escultura de Rik Poot — el caballo alado en bronce — y el café ‘t Nieuw Walnutje con la pizarra «Mejillones» en la puerta. Entramos al patio de la Cervecería De Halve Maan, la única brasserie histórica que sigue activa en el casco de Brujas, con la torre de cobre y los depósitos de acero rodeando el patio empedrado.
Y al lado, en el Walplein 12, la tienda alemana Käthe Wohlfahrt — «50 Jahre – Rothenburg ob der Tauber» — con los cascanueces, las pirámides navideñas de madera y los aromas de canela. Nos quedamos un rato mirando los escaparates. Estaremos también en una librería donde compramos algunos libros de Tintín y Asterix en holandés.
Steenstraat y Grote Markt
Por Wollestraat y Steenstraat hacia el norte. Zara instalado en un edificio histórico con hastial ornamental de escudos gremiales — de esas cosas raras que solo pasan en Bélgica —. La FNAC en fachada azul con hastial también. Y llegada a la Grote Markt: el Provinciaal Hof neogótico dorado a un lado, las Hallen con el Belfort — el campanario UNESCO de 83 metros — al otro, las banderas de Flandes/Bélgica/UE en fila y los coches de caballos esperando turistas.
Última parada práctica: Delhaize, el supermercado belga del león rojo, para comprar algo para el desayuno del día siguiente. Bolsa «Bunnies» y bricks de Fanta Sinaasappel (así se dice naranja en flamenco, para los amigos).
Segunda salida: Brujas bajo la luna llena
Vuelta rápida al apartamento y segunda salida ya de noche. Y ahí fue cuando Brujas hizo lo suyo: salió la luna llena. El casco medieval con luz de luna y los canales quietos convierten el paseo en una postal en movimiento.
Zilverpand nocturno con el escaparate de McGregor reflejando el hastial escalonado. La Sint-Salvatorskathedraal iluminada con las puertas rojas cerradas. La Grote Markt otra vez, ahora con el Belfort recortado contra la luna y las gaviotas de piedra del campanario visibles al detalle. Foto ineludible ante las casas gremiales del lado oeste: Sint-Joris, Hotel Restaurant Central, Café des Arts, Panier d’Or.
Simon Stevinplein con el Hotel de Castillion a la vuelta de la esquina y la aguja de Onze-Lieve-Vrouwekerk iluminada asomando por detrás. Los canales del Dijver desiertos. Y por fin la vista de postal: Rozenhoedkaai, el Muelle del Rosario — sauce llorón, casas con luces navideñas escalonadas, barcas amarradas y todo reflejándose en el agua —.
Cruzamos el Bonifaciusbrug otra vez, esta vez iluminado. Wijngaardplein: casas encaladas con festones LED en forma de gablete escalonado al fondo, entrada del Begijnhof (el beaterio) por el puente. Nagore mirando el canal desde el pretil con las farolas amarillas colándose entre árboles.
Ver «En Brujas» en Brujas
Decidimos cenar en casa. Elegimos comprar unas hamburguesas para llevar en Quick — esa cadena de hamburguesas belga que nos sonaba de haberla visto en París, pero que no habíamos probado y que me acabo de enterar (2006) que la compró Burger King —. Tenemos súper mal recuerdo de esas hamburguesas pero súper bueno de la noche. Vuelta al apartamento con el móvil marcando 23:10 y el DVD de «In Bruges» puesto en la TV Philips. Cierre del día perfecto para un primer día en Brujas: aterrizas, comes bien, andas hasta destrozarte los pies, ves la ciudad iluminada y te acuestas viendo la película que la usa de decorado. 🙂












































































































