Aprendiendo de todo en Saigon

Finalmente vamos a pasar en Saigon sólo un día completo y queremos tratar de exprimirlo a tope. El día, no a Saigon. Es una ciudad que nos va a encantar. Como todas las que hemos visto en Vietnam. Pero eso a aún no lo sabemos.

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En seguida se ve que Saigon es una ciudad más grande que Hanoi. Se ven varios rascacielos (tampoco muchos) y muchísimo tráfico. Tenemos más o menos una ruta pintada en nuestra mente – y en Google Maps – y más o menos la seguiremos. Como muchas veces, la primera parada del día – la segunda si contamos las de hacer fotos – será para desayunar.

La oficina central de Correos y el templo de Notre Dame

El elegido es un Tous Les Jours. Una franquicia de panaderías de estilo francés y de propiedad coreana que veremos bastante de ahora en adelante, también en Camboya. Café, croissants… con tranquilidad. Nos despedimos de la pareja española que compartieron autobús desde Hoi An y hotel y ya estamos listos para recorrer la ciudad.

Andábamos buscando una oficina de correos y no logramos dar con la que pensábamos que era la central. Lo que sí encontramos fue el mercado de Ben Thanh. Construido formalmente por los franceses en una zona de mercado junto al río que ya se venía usando desde el siglo XVIII. Fue bastante oportuno dar con el lugar porque justo nos tocó una de las habituales, breves e intensas chaparradas de la estación de lluvias. Caminamos un rato por sus pasillos entre puestos de comida, de electrónica, de ropa…

Tan rápido como empieza a llover, deja de hacerlo. Así que seguimos camino. Vamos un poco hacia el norte. El paisaje se va haciendo más “europeo” como ya veríamos en Hanoi. Pasaremos por el vistoso ayuntamiento construido por los franceses que preside una bella avenida que a su vez está presidida por una estatua de Ho Chi Minh.

Cerca veremos a una señora preparar un recipiente para realizar su ofrenda, quemando billetes, papeles y otros pequeños enseres, algo que ya hemos visto en otros casos y que es una forma de lograr que sus familiares muertos puedan disponer de lo que necesiten en el más allá. Una tradición, por cierto, que ha sido prohibida en algunas ciudades.

Volvía a llover. Ahora sí – tras una parada a por agua en un Dunkin 😉 – llegamos a la preciosa casa de correos.  Construida por el estudio de Auguste Eiffel. Una chica nos vendió los sellos y nos dio las tarifas para enviar a casa algunas de nuestras cosas, pero no nos convenció 🙂 Disfrutamos un rato de la arquitectura del lugar y nos pusimos en camino a la salida. Justo a la derecha, dentro del edificio uno de los pasillos está ocupado por una gran tienda de recuerdos, ropa… pudimos allí ver varios vestidos Áo Dài. A la salida unos chicas vestidas con ellos se hacían fotos junto al edicio de al lado…

…la catedral de Notre Damme. Una réplica/inspiración de la de la île de la cité en París. Afuera, decenas de palomas volaban en círculos cuando alguien las asustaba y volvían en seguida a su lugar. Parecía una película de John Woo. 😉

Palacio de la reunificación

Bueno, pues seguimos ruta. La siguiente parada será el Palacio de la Reunificación. El que fuera en su momento desde donde se coordinaba la guerra contra el norte del país (ya habíamos visto la semana anterior desde donde se coordinaba la otra parte) es hoy un museo casi al aire libre, dada la peculiar – y preciosa – construcción del palacio.

A mí fue un lugar que me encantó, en muchos sentidos. El primero, el que comento de la arquitectura del lugar. Con enormes espacios abiertos y muchísima luz. La toma de este lugar por las fuerzas norvietnamitas, el 30 de abril de 1975, episodio conocido como la caída – o liberación – de Saigon, supuso el final de la guerra de Vietnam.

Hoy es un museo en el que se pueden visitar muchas de las salas – tal como eran en 1975. Hay muchos carteles que explican lo que ves (algo que me encanta ;-). Creo, además, que es el primer palacio de gobierno – antiguo palacio de gobierno para ser exactos – que veo. No sé, muy interesante. Llamó mi atención también cómo, en la propia narración de los hechos, los carteles se refieren con mucha neutralidad al otro bando en la guerra.

Recorrimos así las salas de ministros, del alto mando, despacho y dependencias privadas del presidente y vicepresidente, sala de ceremonias, de juegos, helipuerto, sala de fiestas y para terminar el enorme bunker, con las salas de comunicaciones y cocinas. Lo dicho, una visita muy interesante para mí en todos los sentidos.

Museo de los vestigios de la guerra

Era ya más que hora de comer y eso fue lo que hicimos. Curiosamente dimos con un restaurante de comida tradicional de Nha Trang, donde habíamos pasado unas horas, pero no comido unos días antes 🙂 El lugar se llamaba Khoai, que por cierto es una palabra japonesa con un interesante significado.   Comimos, además de un arroz un plato típico de la ciudad de Nha Trang: banh can de champiñones.

Con el estómago lleno, seguimos camino. Estaba siendo un día intenso y aún quedaba bastante… la siguiente parada fue el museo de los vestigios de la guerra. Las salas muestran principalmente fotografías de las atrocidades cometidas durante la guerra y también sus consecuencias desde entonces (minas y afectados del gas naranja). Algunos dicen que de una forma partidista. Fue una experiencia intensa, curioso ver las caras de todos los visitantes, que serían parecidas a las nuestras.

Algunas de las fotografías más duras para mí fueron las de Haeberle,  un fotógrafo militar estadounidense que acompañó a las tropas en la que se conoce como la masacre de My Lai. Llevada a cabo contra civiles. Tomadas antes de que fueran asesinados. En el museo no se dice nada – o yo no lo vi – de que tres soldados americanos que se opusieron a sus propios compañeros. En fin… duro sólo de pensar lo que tuvo que ser.  Comenzaba ya a anochecer cuando cerraron y seguimos nuestro camino.

De paseo por Saigón

Pasamos por un curioso parque/rotonda, y desde allí nos encaminamos hacia la opera. La habíamos tenido casi al lado por la mañana, pero no la habíamos visto. Era noche de actuación y no pudimos entrar a verla… 🙁 lo que sí vimos fueron las obras del metro y un cartel de una promoción de viviendas en la que ponen de vecina a Angelina Jolie 🙂 Habrá que volver a verlo en el futuro.

Paramos a tomar un café en una bonita esquina, que de alguna forma nos recordó a Shibuya,  y seguimos hacia el río, con una parada en un nuevo Artbook, donde cayó un libro de El Principito en vietnamita, una tradición que tengo ya desde hace un tiempo y que no había cumplido aún en ningún destino de este año.

Era ya de noche cuando dimos un paseo por la ribera del río y de vuelta hacia la avenida de Nguyễn Huệ, que a esta hora sí, se encontraba llena de gente, de luces, de fuentes… estuvimos un buen rato disfrutando de la atmósfera, tomando fotos…

El cansancio del día se dejaba ya sentir así que decidimos ir a casa en ubercito. En el trayecto pudimos seguir cómo Carolina Marín se clasificaba para la final 🙂 Salimos a cenar a un cercano KFC porque – literalmente – así nos ahorrábamos cruzar la calle. Si has estado en Saigon no te pareceremos tan vagos 😉

2 thoughts on “Aprendiendo de todo en Saigon

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