Último día. Vuelo de vuelta a Madrid al caer la tarde. Plan: cerrar la parte baja del Royal Mile — Canongate y Holyroodhouse.
Café y «Salut mon gars»
Antes de dejar el hostel, recuerdo que decidí dejar una cazadora que me había acompañada desde el insti. El día de antes me había comprado un abrigo rojo y negro en Primark de Princess Street. (Que puse 2 veces más)
Desayuno sin prisa en una cafetería del Old Town. Café con leche, tarta de zanahoria, mesa con jarrón negro y cuadros de paisajes en la pared. Adrien sacó una postal y nos escribió a mano «Salut mon gars», con dibujos, firmando: regalo de despedida en francés y español.
«Yeah, there’s frost on the graves and the monuments
But the taverns are warm in town
People curse the government
And shovel hot food down
Lights are out in the city hall
The castle and the keep
The moon shines down upon it all
The legless and asleep»
— Mark Knopfler
Salimos a Cockburn Street, fuimos pasando por las tiendas con camisetas de Trainspotting y Neil Young Harvest, los anuncios de The Scotsman con el titular del día «Tycoon urges Scots to grab independence» — falta año y medio para el referéndum—. La calle olía a piedra mojada y, por primera vez en el viaje, había algo de sol. Compramos una botella de 1 o 2 ml de whisky como souvenir. Se rompió años después. (Compraríamos otra en nuestra siguiente visita, que se perdió; la tercera me la trajeron Pablo y Arturo en 2026)
Princes Street con obras del Tram
Bajamos a Princes Street. Las obras del Edinburgh Trams ocupaban una mitad de la avenida — el famoso proyecto del tranvía con retraso brutal, sobrecoste de cientos de millones, que se inauguraría finalmente al año siguiente—. Vallas amarillas, carteles disculpando los inconvenientes con un mapa de la futura red. Las grandes obras públicas británicas tienen su propia coreografía de retraso.
Pasamos por delante de un escaparate de Vodafone Edinburgh con un anuncio enorme que decía «Explore your city» y mostraba el skyline del Old Town con las agujas — gracioso ver la misma postal que llevábamos toda la mañana viendo desde la calle reproducida en el cristal—. Y, al pasar por el suelo, vimos una placa de bronce que decía «Women of Achievement — Scottish Suffragette Societies». Foto rápida.
El Palace of Holyroodhouse es la residencia oficial del monarca británico en Escocia, instalada en la antigua abadía del XII fundada por David I de Escocia. La ampliación palaciega data del XV pero el grueso del actual edificio lo levantó Sir William Bruce entre 1671 y 1678 para Carlos II. Aquí vivió María, reina de los escoceses, durante seis años — los más turbulentos de su reinado, con el asesinato de David Rizzio en sus aposentos en 1566 —, y aquí se siguen celebrando recepciones reales cada vez que la Corona se desplaza a Escocia. La Great Gallery conserva 96 retratos de reyes escoceses, ficticios la mayoría, encargados por Carlos II para legitimar la corona Stuart.
Canongate, World’s End y Palace of Holyroodhouse
Volvimos al Royal Mile y empezamos a bajar por Canongate, el tramo más bajo de la milla, hacia Holyroodhouse. Pasamos delante del Canongate Tolbooth, ese edificio del XVI con el reloj saliente característico que hoy alberga el People’s Story Museum. Cementerios laterales (Canongate Kirkyard), las tiendas de souvenirs con tartanes y trolls, y la fachada azul del The World’s End pub en la esquina con St Mary’s Street: el nombre viene de que ahí estaba la antigua muralla de Edimburgo, y los habitantes que vivían dentro consideraban el otro lado el fin del mundo. «Within these walls lies The World’s End», pone dentro del pub en letras pintadas a mano.
Al final del Canongate, el Palace of Holyroodhouse. Folleto oficial con la foto de la reina Isabel II en la portada. Salimos por la parte trasera con vistas al Parlamento moderno al fondo.
Cockburn Street, vuelta al hostal y Airlink al aeropuerto
De Holyroodhouse de vuelta a Cockburn Street por el Royal Mile. Última vuelta por las tiendas — la de las camisetas de Banksy y Rolling Stones, oferta de 3 por £35 — y al Backpackers Hostel a recoger las mochilas.
Airlink 100 hasta Edinburgh Airport. Costa Coffee en la sala de embarque, sándwich en bolsa de plástico, embarque. Tres días bien aprovechados de invierno escocés.
Edimburgo fue otra de las ciudades británicas en las que vivió nuestra madre (Cecil Street) Por tanto era una de esas ciudades de las que tenía recuerdos sin haber estado nunca. Fue bonito poder ir con Sergio. Desde entonces ya teníamos recuerdos propios de la ciudad.








































































































