Descubriendo San Francisco

Un día después del cumpleaños de Nagore. Ese fue probablemente uno de los que más kilómetros he hecho seguidos,  cruzando el Atlántico y luego todos los Estados Unidos hasta San Francisco. Todo ello en un avión de American Airlines sin entretenimiento a bordo ni nada… 🙁

Escala en Nueva York. La primera en mi vida en la que, siendo la misma compañía, tuve que recoger las maletas, salir fuera del espacio de tránsitos y volver a facturar. Otro vuelo y llegada, ya de noche, a San Francisco. Una de las primeras cosas que me sorprendió ya en el propio aeropuerto, fue ver publicidad de empresas digitales. Algo que vería mucho en los siguientes días.

Un tren del BART hasta el Civic Center , un intento fallido de coger el metro, pagando el billete y dándome cuenta que no era. Vuelta a la parada de autobús. En la zona en torno a la plaza fue el primer contacto que tuve con homeless, que ya sabía que son un volumen grande de gente en la ciudad. Una conversación esperando al bus en perfecto castellano con un chico de Houston y ya en seguida – y casi de casualidad pues iba sin móvil ni mapa – y llegué a mi destino en “Startup BaseCamp” la casa de Airbnb en Fulton Street que sería mi alojamiento durante los siguientes días y que poco después movieron de dirección. Recuerdo que estaba agotado.

Comer a las diez, mercados y cuestas. Muchas.

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Al día siguiente, 26 de marzo, me levanté temprano – tenía que terminar mi valoración sobre Mozilla para el master – desayuné y bajo una impresionante lluvia me dirigí a la calle.  La primera parada, obligada, fue a escasos 200 metros del apartamento que me sirvió de alojamiento esos primeros días, cruzando Alamo Square. Se trataba de las Painted Ladies, las casas de estilo victoriano que son quizá una de las fotografías más típicas de la ciudad, aunque yo hasta entonces no sabía que estaban aquí. Conocidas por todos los que fuimos niños en los 90. 🙂 (Eso sí, acabo de comprobar que sólo aparecen a partir de la cuarta temporada)

Bajando recto en sentido a la bahía por Fulton Street, encontré una zona con interesantes obras de arte urbano. Desde allí, un kilómetro más abajo se llega al Civic Center la plaza del ayuntamiento.  Por fin lo veía de día.  Leí la referencia a que es uno de los edificios más antiguos de la ciudad y el disclaimer de que “todo lo que tenga más de 100 años es antiguo para nosotros” en referencia al terremoto y posterior incendio que destruyó casi toda la ciudad en 1906. El ayuntamiento fue inaugurado 9 años después de la catástrofe y su cúpula es la quinta mayor del mundo. En torno a la plaza se encuentran, además, edificios administrativos del estado de California, la corte suprema del estado, la Ópera de San Francisco, la Biblioteca, y el museo de arte asiático entre otros. Ya había salido el sol.

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Me dirigí a la zona sur de la plaza y de ahí a Market Street. Lo que hice fue encontrarme en seguida y por casualidad con las oficinas de Twitter, que visitaríamos la siguiente semana, y comerme una hamburguesa para desayunar. Aquí. Sí, jet lag. Tras reponer fuerzas me dispuse a recorrer la zona noreste de la ciudad, la más turística.

La siguiente parada fue en la plaza de las Naciones Unidas. Tuve suerte. Aunque entonces no lo sabía. Era miércoles. Y los miércoles y los domingos, llueva o nieve, tiene lugar el Heart of the City Farmer´s Market. Desde 1981, el único mercado independiente de la ciudad. Un proyecto que busca acercar productos de calidad a uno de los barrios más pobres de la ciudad como ya había podido intuir la noche anterior. Estuve un tiempo deambulando por los puestos entre los que me llamó la atención ver un puesto de información de Zipcar.

Desde allí, caminando de nuevo por Market Street – segunda que veía en mi vida – en seguida se llega a la intersección con Powell Street. Principio o fin del famoso tranvía de la ciudad, que queda ya para los turistas, que sube por la empinadísima calle y que conocía de otra producción de Hollywood:

No subí sin embargo todavía por Powelll sino que estuve dando una vuelta por la ciudad financiera. Pasando, entre otros por el omnipresente Zara o la Apple Store y desembocando en Union Square. Es el corazón comercial de la ciudad. En el centro, George Dewey, héroe militar de la guerra contra España.

De vuelta a Powell Street comenzaría mi ascensión – literalmente – hacia el barrio chino. Bajo mi punto de vista más interesante que el de Nueva York o Liverpool. Pasé por el hotel que sería nuestro alojamiento la siguiente semana y seguí subiendo. Desde lo alto vi por primera vez la Pirámide Transamérica y comprobé como a justo a su pie hay una euskal etxea.

Y ya desde allí por Embarcadero a la zona de los Piers. Una vez más me sorprendió al llegar ver publicidad de compañías tecnológicas. De camino hacia ellos paré a descansar – y a conectarme a una red WIFI de las muchas que hay por la ciudad – en un parque con algunas curiosas instalaciones que busquen que la gente interactúe entre ellas.

Se trata de la zona más turística – con permiso del Golden Gate  – de la ciudad. Varios de los antiguos muelles han sido convertidos en museos de distinto tipo. Tuve la ocasión de visitar tres de ellos. El primero, el que alberga al submarino de la segunda guerra mundial USS Pampanito. Impresionante simplemente por fuera. De ahí al Musee Mechanique, un impresionante centro de “videojuegos” y artilugios electrónicos, algunos de ellos de más de 100 años.

La tarde ya iba avanzando y también el cansancio y me dirigí al Pier 39. Un enorme centro de ocio con heladerías, cafeterías y otros centros desde el tuve las primeras vistas de Alcatraz y el Golden Gate. Estuve comiendo algo y ya enfilé rumbo a casa pues Carlos llegaba ya. Paré un rato en la explanada de Girardelli (no sabía en ese momento lo que era) lo descubriría muy pronto.

Cogí un autobús que me llevó por la avenida de Van Ness  – por cierto que pasé por delante de la Miami Ad School en la ciudad – soy profe en la de Madrid – hasta el ayuntamiento y de ahí andando de vuelta a casa donde ya estaba Carlos esperándome.

Tras descansar un rato salimos a cenar algo y a dar una vuelta repitiendo el trayecto que ya había hecho por la mañana. Parada para pizza en Powell Street, y de ahí hasta el Pier 39. Una cerveza y a dormir.

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