Un día tranquilo: Rospico, Chaos de Pont-Aven y sidra Kerné

Día tranquilo por fin: nada de Brest ni Vannes ni carretera larga. Bretaña a fuego lento — desayuno con lo del Too Good To Go de ayer en Brest, boulangerie en Névez, la playa de Rospico otra vez, Intermarché de Pont-Aven al atardecer y el Chaos de Pont-Aven como cierre.

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Los dos nos hemos levantado tempranito, con la casa empantada del día largo de ayer. Nagore se ha puesto a recoger y yo a escribir posts del blog. Desayuno con lo que nos dieron ayer en el Too Good To Go del Carrefour de Brest: unos dónuts glaseados, café. Sobre las nueva y media Julen se despierta y nos preparamos para ir a la playa.

Boulangerie de Névez y un Renault Caravelle blanco

Salida a las once. Nagore tiene hambre — como tiene que ser — y paramos en el centro de Névez, camino de la playa, en una boulangerie del pueblo. Yo me pido un kouign-amann (2,45 € el bâton, apuntado a mano en la vitrina junto a las tarrinas de Nutella), Nagore un croissant, y una baguette para casa. El kouign-amann es lo que dice el nombre: más azúcar, más caramelo, más de todo. Y, claro, riquísimo. Nos lo comimos en la puerta de la iglesia, sentados. (La primera que vimos cerrada en todos estos días)

«Do you want to go to the plage with me? I’m going down-down-down there at 4 in the morning, most beautiful girl I’ve ever seen. Come down-down-down, my love is calling» Crystal Fighters

En la propia plaza, delante de la boulangerie, hay un pequeño acontecimiento aparcado: un Renault Caravelle blanco descapotable — el cupé familiar de finales de los 50 y 60, hijo del R8 y del R4. Blanco impoluto, capota bajada, alguien afortunado que va y viene con él por la Cornouaille bretona. Alrededor, la caseta del Office de Tourisme del pueblo y el aparcamiento central.

L’Anse de Rospico otra vez

De Névez seguimos al sur hasta la Anse de Rospico — la misma cala donde ya estuvimos hace unos días —. Tienda azul de playa clavada en la arena, castillos en la orilla, yo sentado en el rompiente con Julen, luego jugando con él a meterle al agua y él entre encantado y asustado… Nagore metiéndose, esta vez la segunda, en el agua que está más fría que la otra vez. Cubo y palas de estreno. Aunque siempre nos da pereza ir a la playa, siempre acabamos súper a gusto.

La commune de Névez es un municipio de unos 2.700 habitantes de la Cornouaille del sur del Finistère, apenas a 10 km de Pont-Aven, con casi 15 km de costa recortada y siete calas familiares — Rospico, Kerangall, Tahiti, Raguénez, Dourveil… —. Es tierra de pierres debout: la costumbre bretona, propia de esta zona granítica, de levantar cercados agrícolas con losas verticales de granito clavadas en el suelo, como pequeños menhires domésticos. La Anse de Rospico es una de esas calas de arena blanca y roca redondeada, protegida entre dos brazos de bosque bajo, con una única casa blanca sobre el promontorio a la derecha, aparcamiento libre entre pinos y un sendero costero (el GR34) que la conecta con Raguénez al oeste y con Port Manec’h al este.

Por cierto que casi no llegamos a bajar del todo: Nagore ha enfilado por un barranco directo a la arena, con éxito. Julen y yo, más prudentes, hemos dado la vuelta por el camino largo del otro día. 🙂

Comida, siesta y carrito pequeño

Julen se ha dormido en el coche pero se ha despertado en cuanto lo hemos puesto en la cama. Hemos vuelto por otro sitio desde Nevez, dando una pequeña vuelta. Duchas y arroz con lentejas dhal. Son sobre las 15:00, el día que más tarde hemos comido. Después aprovechamos: yo primero, siesta corta, y luego Nagore, siesta larga. Mientras descansa, aprovecho la tarde: friego, hago un puré para Julen y una salsa de tomate para la cena con pasta, con varias de las frutas y verduras que nos dieron en Brest.

Sobre las seis y media, paseo al centro y compras en el Intermarché Contact de Pont-Aven — el súper de la salida norte —. Necesitamos algunas cosas para preparar mañana, y aquí Julen encuentra con una maravilla: un carrito de la compra tamaño bebé, de metal, que empuja arriba y abajo por los pasillos dándoles golpes a todo :-). Pese a que hemos visto uno por la mañana – todos los días vemos alguno – no cae un tractor Farm Boy verde de juguete.

El verdadero Chaos de Pont-Aven

Del super bajamos andando al centro de Pont-Aven por la Rue Job Philippe, pasamos frente al Café-Tabac Le Bois d’Amour — barra de madera con un sol tallado en el frontal, expositor de tabaco, suelo damero amarillo y gris, uno de esos bar-tabac franceses que me recuerdan a Amelie. Subimos por una calle, hacia el ayuntamiento, que aún no hemos pisado, donde está la librería-café con toda la fachada cubierta de hiedra verde, que Nagore leyó que había en Pont-Aven y nos habíamos olvidado. Fermé.

Y volvemos a la calle principal y nos acercamos a la parte del Chaos de Pont-Aven, que está en el pueblo. Se llama así al conjunto granítico dentro del Bois d’Amour donde el río Aven baja formando cascadas entre bolos redondeados como huevos de piedra. Aunque el verdadero caos es Julen. Se ha puesto un rato enfadado — cansancio de fin de día, que quiere llevar el carrito de bebé él cuesta arriba… —, Nagore ha subido a casa a por biberón, y yo le he tranquilizado con unos cereales y un ratito en un banquito al lado del río, súper a gusto.

Cena en casa con sidra Kerné y Toy Story 3

De vuelta al Kindred, el cartel azul esmaltado «VENELLE CORRELLEAU» apoyado en el suelo del salón como decoración vintage — claro, es el nombre de la propia calle del apartamento, por la que hemos bajado hace un rato, porque la puerta no está en la calle principal, me acabo de dar cuenta!—. He hablado un rato con la Nati, Julen ha cortado el queso feta , Nagore ha hecho la pasta con la salsa de tomate de la siesta. Y por fin hemos abierto la Cidre Artisanal Kerné, la sidra bretona fruité de la Cidrerie Familiale Kerné (Pouldreuzic, cerca de Pouldreuzic-Plovan), etiqueta naranja, que llevaba días esperando en la nevera, que fue nuestro obsequio de bienvenida.

Y aquí seguimos,  tranquilamente, con Toy Story 3 puesta. Grabando el audio con el que mañana terminaré este post. Sonando de fondo «Hay un amigo en ti» (You’ve Got a Friend in Me, versión de Gipsy Kings) — la misma canción que le tenemos puesta en el coche todo el día a Julen, todos los días.

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