Panglao, Bohol, Cebú y al ferry

Hoy tenemos un día de transición. Hemos decidido ir a Manila en ferry. Son 23 horas en lugar de una de avión, pero nos apetecía. Además nos hemos pillado un camarote suite, como unos señores 🙂 Pero esa será por la noche. Lo primero es llegar a Cebú, que de ahí sale el barc. (Tras las fusiones del sector en Filipinas a comienzos de los 2010, hay menos opciones que antes)

Ayer habíamos quedado con el chico que nos trajó del pueblo de Panglao de vuelta al hotel que hoy nos recogiera a las 9:00 para ir al puerto de Tagbilaran. Habíamos conseguidonegociar y bajar de los 300 pesos que suelen pedir. Pero no apareció 🙁 Así que la chica de recepción nos pidió otro tricycle (salió a la calle a gritar que viniera uno de la esquina) y para la isla de Bohol que nos fuimos. Esta vez fuimos por la carretera norte de la isla de Panglao, así que vimos la zona que nos quedaba. 🙂

Gasolina. Cruzar el puente. Subidita de la curva. Llegar al pier. Mostrador de Oceanjet. Chica que preferiría estar haciendo otra cosa con su vida. Mostrador del pago de las tasas del puerto. Mostrador de check-in. Ir a la terminal. Segurata que nos dice que tenemos que facturar una de las mochilas. Vuelta al mostrador. Que no, que no tenemos que facturar. Segurata que mira para otro lado. Y al barco. Primero del día.

Hola Cebú, adios Cebú

Dos horitas de trayecto y llegamos a la tercera isla en dos horas: Cebú. Ya estuvimos la semana pasada disfrutando de la ciudad, hoy sólo iremos al puerto. O eso pensamos. Al final no habíamos impreso ¿imprimido? los tickets y era obligatorio (y fotocopia del pasaporte, y de la tarjeta de crédito) y… no hay consigna en el pier 1 de Cebú. Así que nos tuvimos que ir cargados a buscar un cyber. Caloret, peso, alguna rata muerta por la calle… en fin que no fui un rato súper guay 🙂 Finalmente lo logramos. A la segunda. En el primero no se podía imprimir. Lo puse en Google Maps – mi primer contribución en la vida – y vuelta a la plaza del ayuntamiento. Vuelta a visitar la cruz de Magallanes (y a entender que la cruz original está dentro del armazón de la que se ve, y no enterrada debajo como pensaba) y vuelta al McDonalds. Una comida ligera y ahora sí, a esperar al St. Francis Xavier en el que pasaremos casi un día entero

Entrando a la terminal 1, justo dejaron entrar a Nagore y a mí me hicieron esperar (por aforo o algo así) Ahora ya sí. Todo listo. Check-in, pago de tasas, nueva cola y a la puerta de embarque. Mientras esperábamos, estuvimos una horita mororles, en las pantallas San Miguel le ganaba a Rain or Shine.

Por su parte, ajeno al basket, el señor de los cielos filipinos había decidido que todavía debía volver a llover, como si no hubiéramos tenido suficiente los dos días anteriores. Así que aunque un autobús nos llevó al muelle tres donde se encontraba abarcado (festival del humor!) el ferry, subimos al mismo bajo otro intenso diluvio. 

Tercer check-in del día, esta vez para el camarote. “Cubierta D, sigan a este chico” Era un sitio guay. Con ventanales a la proa del barco, baño con bañera, sala de visitas/comedor… 🙂 Era algo que nos apetecía. Otra forma de viajar. Mucho más recordable que el avión. Dimos una vuelta por el barco y por la cubierta exterior, mientras el barco se preparaba para el desatraque (salimos unas dos horas después de lo que ponía como “salida” en el billete, no sé si es siempre así)

Decidimos cenar en nuestro camarote. Con servicio de habitaciones. A lo loco. Quién nos ha visto y quién nos ve. (Esa noche)

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