Naypidó, la ciudad fantasma

Bueno, pues llevamos sólo unas 12 horas en Rangún, 8 de ellas durmiendo, pero nos vamos ya. Volveremos. Pero hoy comienza nuestro viaje hacia las zonas más turísticas del norte del país. Eso sí, pararemos antes un par de días en Naypidó, la capital del país y todavía hoy, una ciudad fantasma.

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Rumbo a Naypidó

Nos levantamos temprano. Desayuno con vistas. ¿Puedes pedirnos un taxi para la estación de bus? 

El chico de recepción baja en persona a parar un taxi por la calle y pactar el precio 🙂 Y nos ponemos de camino. Nuestro bus sale de la estación de Aung Min Galar. creo recordar, a las 9:30. Son las 8:30 y son 20 kilómetros. Pero el chico de recepción nos dice que son unas dos horas dado el tráfico!!!

Así que nos ponemos en marcha sin tener muy claro si llegaremos. Vamos recorriendo las calles de Rangún, casi hasta el aeropuerto. La verdad es que de haberlo mirado bien, hubiéramos dormido por esa zona. Volvemos a ver templos chinos e hindúes. Algo que no sucedía desde Malasia o Singapur. Pasaremos también por el enorme Melià Yangon.

Llegamos a la estación de autobuses. A diferencia de otros edificios magníficos de la ciudad, este no lo es. Poco más que una plaza rodeada de tiendecitas. Sólo nos bajamos nosotros. No parece que la ciudad sea un hervidero de turistas.

Hay un par de taxis en la estación. Nos piden 5 dólares por llevarnos al hotel, que parece excesivo. (Aprenderemos después que los taxis son caros aquí) Nos hacemos un poco los duros. Hace calor. Mucho. Pero justo cuando estábamos a punto de ceder un señor nos dice que nos lleva por 3.000 kyat. “¿Por los dos?” Sí, en una moto los tres. No es la primera vez este año.  Así que ahí nos tenéis deshaciendo el camino al hotel (habíamos pasado por delante con el bus) por una de las avenidas principales de la ciudad.

El 6 de noviembre de 2005 los libros de historia de la ESO se quedaron obsoletos. La capital de Myanmar pasaba a ser esta ciudad construida, según parece, en el más absoluto secreto, durante los años anteriores. Un gran desfile militar dio por inaugurada la ciudad unos días después. Hacia allí se fueron trasladando muchos de los trabajadores gubernamentales que, al principio, no querían llevar a sus familias a este lugar.

Literalmente “asiento de reyes” la ciudad fue construida para poder descongestionar la actividad del gobierno en la masificada Rangún según la versión oficial o para alejar al gobierno de la costa por temor a una invasión extranjera. (Hay quien dice que predicha por un astrólogo) Hoy, diez años después, la ciudad tiene unos 100.000 habitantes y se encuentra completamente separada en barrios funcionales. Tiene cinco veces el tamaño de Berlín.

Parada técnica. La rueda se ha pinchado o desgastado y hay que cambiarla. No es la primera vez este año.  Llegada al hotel, bebida de bienvenida. Pues oye, no está nada mal. Tenemos baño privado. ¿Pero dónde está? En una zona de baños. Con su llave para una salita de WC y otra para otra con ducha. Con su número de habitación. Privado pero no ensuite. Ahora entiendo esa expresión inglesa que llevo años leyendo 😉 Por supuesto, lo que no vemos es a nadie alojado. (Al día siguiente habrá 8 camareros mirando como comemos Nagore y yo; Súper amables 🙂

El parlamento de Naypidó

Pues vamos pallá. Queremos recorrer un poco la ciudad que todavía es bastante temprano. Nos ofrecen disponer de un conductor, una hora por 16.000 kyat o 4 por 35.000. También alquilar una motillo. Pues oye, aquí no hay mucho peligro con el tráfico así que me animo. Pero nunca he llevado una moto. Y la que me traen es de marchas. Lo intento un poco ante la asustada mirada de todo el personal del hotel 😉 Pero no tiene buena pinta así que… it will be the driver, please. 

Nos ponemos en marcha a ver el que quizá es el conjunto de edificios más impresionante de toda la ciudad. Llegamos en 15 minutos. Prácticamente no nos cruzamos con nadie por la calle. El edificio puede verse desde fuera, pero no entrar, ni siquiera al jardín.

 Pasaremos la siguiente media hora viendo atardecer junto al parlamento. La carretera que lleva al lugar tiene 20 carriles. Allí estuvimos, entretenidos con el sol, alguna bici y algún perro despistado. Es impresionante pensar la actual sobredimensión del lugar. Es el lugar de toda la ciudad en el que más se percibe. La vista aérea de la ciudad es espectacular:


Y poco a poco vamos volviendo ya al coche. No hay mucho más que ver o hacer. Vuelta al hotel. Cena temprana. Yo caí dormido antes de las ocho de la tarde. Que el día anterior había sido largo.

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