Viernes. Halloween. Y, por fin, día sin trabajar. Plan que encontró Nagore: un sitio de cuento para niños cerca de Stratford. Y, sin saberlo aún, una segunda parte de la jornada que iba a terminar en lo alto del Sky Garden bajo un diluvio bíblico mientras los niños del barrio buscaban caramelos en Tottenham con rayos y truenos.
Café antes de abrir y cuentacuentos en el Discover
Salida temprana. Tren al sur hasta Stratford. El plan: el Discover Children’s Story Centre — el centro infantil dedicado a la lectura y la imaginación que Nagore había descubierto buscando cosas para hacer con Julen —. Llegamos antes de la hora de apertura, así que parada técnica en un Starbucks de la zona, para esperar.
Cuando abrieron, subimos. Y lo primero que hicimos, sin esperarlo, fue lo mejor de la mañana: un cuentacuentos para bebés. Una de las bibliotecarias se sentó con Julen y varios niños más, sacó un álbum ilustrado, marionetas de dedo, ruidos, y montó una sesión de media hora. Julen no estaba particularmente interesado, aunque más que en otro que le llevamos hace poco (2026)
Después, paseo por el jardín exterior del centro, con árboles y zonas de juego, y vuelta dentro a las distintas atracciones — la cabaña de madera, las escaleras, el laberinto, los escenarios para jugar —. Hora y media muy bien empleada.
Estadio Olímpico y la antorcha de Anish Kapoor
Saliendo del Discover, andando a la zona del Queen Elizabeth Olympic Park. Foto frente a la ArcelorMittal Orbit, esa «especie de antorcha» roja de 114 metros de Anish Kapoor y Cecil Balmond — la torre que parece un nido de espaguetis enmarañados y que es el tobogán urbano más alto del mundo —. No lo bajamos. Pero ahí estaba.
Llegamos al London Stadium, el antiguo estadio olímpico de 2012 que ahora es la casa del West Ham United. Entramos al megastore del club y le compramos a Julen una cantimplora de agua del West Ham — pequeño souvenir, complemento perfecto a la camiseta del Tottenham que ya tenía del martes —.
Hackney Wick: canales, arte urbano y comida en Lockside Studios
De ahí caminamos por el río Lea hasta Hackney Wick — el barrio del este londinense que combina canales industriales reconvertidos, lofts de artistas, talleres y la mayor concentración de street art de Londres —. Hertford Union Canal con sus narrowboats amarrados, esclusas con compuertas de madera ennegrecida, y al cabo de un rato, murales en cada pared: «Long live the graffiti», «Please don’t be lonely», retratos de gigantes, las consabidas piezas politizadas.
Comimos en un sitio que formaba parte de Lockside Studios. Comimos algo sencillo, no tenían micro para calentar el potito :-(, hubo que conformarse con el baño maría con el agua de la cafetera.
Roman Road, Bethnal Green y un Cash Converters con suerte
Salida del barrio andando bastante rato hacia el sur. Bajamos por Roman Road — la calzada romana de Londinium a Camulodunum, todavía recordada en el nombre actual — y pasamos por las calles de Bow y Bethnal Green con sus terrazas victorianas de ladrillo amarillo.
En el camino, parada en un Cash Converters. Y este sí estaba abierto — al contrario que el de Edmonton de la víspera —. Y compramos un: un par o tres de juegos de mesa de segunda mano, a una libra. Recuerdos principalmente, como solemos hacer
Brick Lane: bastante, no siempre lo entendimos
De Bethnal Green a Brick Lane, paseo entre las tiendas. Y aquí una confesión: nos pasó algo curioso. Brick Lane tiene mucho de todo — bagel shops abiertos 24 horas, la Old Truman Brewery con sus eventos, mercadillos, los murales icónicos, la Jamme Masjid que es iglesia-sinagoga-mezquita en sucesión histórica, el arco de Banglatown, los curris bengalíes —. Dimos un paseo, sin demorarnos demasiado. A Nagore le gustó más de lo que pensamos. Hicimos las fotos típicas — el mural de la rana, el arco de Banglatown, la chimenea de la Truman Brewery — y seguimos.
Sky Garden bajo el diluvio: vistas de Tower Bridge y el atardecer en la City
Y aquí, la parte que llevaba reservada desde casa: visita al Sky Garden. La cumbre del Walkie-Talkie (20 Fenchurch Street, la torre de Viñoly de 2014), plantas 35-37, con su jardín colgante público al que se accede gratis con reserva. Lo había preparado Nagore.
Llegamos a la entrada bajo un diluvio. Lo digo así. Tanto a la llegada como, después, a la salida. Cola en el control, ascensor de cristal, y arriba al invernadero tropical bajo cúpula con palmeras y helechos. Bastante gente, en plan tarde de café, con la cafetería del mirador llena y la gente acomodada en los sofás haciendo fotos. Halloween con catrinas mexicanas en el bar.
Lo bueno del Sky Garden es que tiene dos o tres niveles dentro de la propia «azotea» que se pueden recorrer por escaleras, descubriendo encuadres distintos de la ciudad. Estuvimos haciendo muchas fotos con Julen. Tower Bridge al este iluminado contra el cielo negro de tormenta, The Shard al sur, St Paul’s al oeste, Canary Wharf brillando al fondo como una caja de joyas. Una de las experiencias de viaje del año.
Leadenhall Market en Halloween, metro en Mansion House y trick-or-treaters con tormenta
Bajada del Walkie-Talkie a la calle. Y, a pocos pasos, paseo obligado por Leadenhall Market. El mercado victoriano cubierto de Sir Horace Jones (1881) sobre el solar del antiguo foro romano de Londres. Las galerías abovedadas amarillas y burdeos, el techo de cristal y hierro forjado, y, en plena noche de Halloween, los tentáculos morados gigantes colgando del techo decorando todo el callejón principal.
Y, claro, el dato favorito: se supone que J. K. Rowling se inspiró aquí para el callejón Diagon Alley de Harry Potter (otros dicen que fue Cecil Court, en realidad, pero la leyenda Leadenhall sigue circulando porque visualmente cuadra mejor).
Cogimos el metro en Mansion House, transbordo, vuelta a Tottenham. Salimos en Tottenham Hale ya con la noche cerrada. Y aquí, la postal final del día: cruzándonos con varios grupos de familias y vecinos con niños disfrazados haciendo trick-or-treat por las calles mojadas del barrio.
Nosotros llegamos a casa, cenamos tranquilos viendo un documental en la tele del salón, y a dormir. Mañana, traslado a Cambridge. En la calle hubo rayos y truenos. Halloween auténtico, sí, pero con condiciones meteorológicas que no entraban en el plan.












































































































































































































