Domingo. Último día del viaje. Vuelo Ryanair desde Stansted a medio día. Teníamos un ratito por delante y una idea concreta: el día anterior, en el lobby del bed and breakfast, había visto unas fotos de «cosas que ver en Cambridge», y había una de una mezquita bastante bonita, en otra parte de la ciudad, que me había llamado la atención. Plan: ir a verla.
Recoger las maletas y la última foto con The Retro Shed
Habitación abuhardillada del Cambridge Central Rooms / Tas Accommodations. Ventana al amanecer sobre los tejados victorianos de Mill Road, día gris pero seco. Terminamos de hacer las maletas, que ya habíamos dejado casi terminadas la noche anterior y a la calle. Y, antes de empezar a andar, foto reglamentaria con The Retro Shed, la tienda retro de juegos al lado del bed and breakfast donde la víspera había encontrado las monedas de 50p.
Desayuno en Di Melo, la noticia del apuñalamiento y compra de despedida
Lo primero: desayuno en una tienda de productos griegos llamada «Mill», justo al lado del hostel. Pequeña, llena de cajas de Caprice y de galletas Papadopoulou, café griego al fondo. Esa cosa de los barrios de Mill Road: pareces estar en seis países distintos en doscientos metros. Como siempre de vacaciones, súper bien.
Pasamos por supermercado de Mill Road Y así vimos por el Cambridge Independent: el sábado anterior — el día que estábamos paseando por los colleges con calma — había habido un apuñalamiento en un tren cerca de Cambridge. Algo de lo que en el momento nosotros no nos habíamos enterado.
La Cambridge Central Mosque es uno de los edificios religiosos más comentados del siglo XXI en el Reino Unido. La proyectaron Marks Barfield Architects (los mismos del London Eye) entre 2008 y 2019, en un solar de la avenida Mill Road, en colaboración con la comunidad bangladesí local. Es la primera mezquita europea diseñada como zero-carbon: estructura interna de columnas de pino lamelar en forma de árboles ramificados, jardín de patio interior con palmeras, geotermia para climatización, paneles solares en la cubierta, recogida de agua de lluvia. La caligrafía árabe del frontón fue dibujada por Soraya Syed, calígrafa egipcia residente en Londres. Capacidad para 1.000 fieles, abierta al público no musulmán (con respeto) para visitas guiadas. Su construcción fue financiada en gran parte por donaciones internacionales — Erdoğan y la Diyanet turcas pusieron una parte importante —. Ha ganado el Stirling Prize en 2021 y se ha convertido en uno de los lugares más visitados del este de Cambridge: tanto por la arquitectura como por la rareza histórica de ver una mezquita británica que no sea un viejo edificio reconvertido.
Paseo por Mill Road, Salisbury Arms y el Labour Club abandonado
Y empezamos a andar al oeste por Mill Road. Domingo a las nueve de la mañana, prácticamente sin gente. Todo cerrado. Esa hora extraña en la que las ciudades inglesas parecen pueblos. Cruzamos las vías del tren por el Mill Road Bridge — el puente metálico victoriano con su mural de «Respect and diversity in our community» en el lateral —, y enfilamos el tramo bajo de Mill Road.
Por el camino, pasamos por el Salisbury Arms, ese pub victoriano de esquina con la fachada de ladrillo rojo y el rótulo dorado. Cerrado a esa hora, claro. Y, dos manzanas más al oeste, un edificio que llamó nuestra atención: un Labour Club abandonado, con las ventanas tapiadas, el rótulo todavía visible, ese vestigio del laborismo de barrio del siglo XX que en los 2020 sobrevive como ruina urbana en una calle bohemia. Esos guiños políticos que solo se entienden si tu paseo da para pararte a leerlos.
Cambridge Central Mosque cerrada y foto desde la verja
Llegamos a la Cambridge Central Mosque al final del paseo. Y, como era de esperar a las nueve de la mañana de un domingo, estaba cerrada al público. Pero la verja exterior dejaba ver el patio interior con las palmeras y los árboles de columnas lamelares de pino del proyecto de Marks Barfield.
Foto desde fuera. La construcción es bastante bonita: la caligrafía árabe dorada en el frontón sobre la fachada de ladrillo claro, el patio adoquinado, las columnas internas de madera laminar formando esos arcos vegetales que parecen un bosque. Aunque solo lo viésemos de pasada, mereció el paseo de cuarenta minutos hasta aquí.
Vuelta a la estación con calma
Vuelta poco a poco por donde habíamos venido. Todavía la ciudad casi vacía: domingo de noviembre a las diez de la mañana en Cambridge es un escenario de cine sin extras. La calle para nosotros solos. Llegada a Station Square con los food trucks turquesa y rosa, el rótulo del Old Ticket Office al lado.
Tren a Stansted, Ryanair a Madrid y la lengua de Julen
Tren directo desde Cambridge a Stansted Airport. Cuarenta minutos por los campos del este de Inglaterra. Vuelo Ryanair: subida al 737 amarillo, asientos azules con los reposacabezas con publi de Booking.com. Despegue tranquilo, Julen dormido la mayor parte del vuelo encima de mí. Vista del descenso sobre la sierra de Madrid y el embalse del Atazar al norte de la ciudad.
Y la última foto del viaje nos la trajo Julen. Mientras Nagore iba al baño ya tras aterrizar, me puse a hacer el tonto sacando la lengua y me imitó. Broche para diez días de Reino Unido, que fueron geniales.



































































