Cuestas, cafés, animales y amigos en San Francisco

Puesto que al final sólo nos íbamos a quedar un día en San Francisco, íbamos a intentar sacarle el máximo partido a la ciudad. Nos levantamos temprano. Conozco a Rickey, el compañero de piso y a su bulldog Honey. Sin desayunar ni nada nos vamos a explorar. Hoy sería un día de andar muchísimo.

La primera parada, muy cerquita de casa, fueron las Painted Ladies, las famosas casas victorianas en el lado este de Alamo Square Park. La subida a la colina es algo durilla desde Hayes Street, que es la calle que bordea el parque por el sur, de la misma manera que Fulton lo hace por el norte. Precisamente en Fulton es donde me alojé la primera vez y nos acercamos un momento a ver la casa de nuevo.

Así que enfilamos Fulton en dirección al centro. A mí me moló mucho pues recordaba perfectamente la calle. Lo que no recordaba, pues no existía aún, era la fuente de los veteranos, ya llegando al ayuntamiento. Desde ahí y tras comprobar que no estaba aparcado el camión de Amazon Fresh de la otra vez 😉 cruzamos toda la explanada hasta la calle Market. Es una zona en la que viven la mayoría de los mendigos de la ciudad. Normalmente no hacen nada, simplemente están por allí. Una rápida visita al antiguo edificio del San Francisco Chronicle y ya hacia Powell.

Downtown pero hacia arriba

Powell Street es una de las calles más empinadas de la ciudad – que sepamos – y es desde donde arranca el histórico cable car. Nosotros, sin embargo, subiríamos gran parte a pie y se acaba haciendo duro. De nuevo, recuerdos de mi primer viaje al ver el Marriot de Powell y en seguida, por la calle California hacia Grace Cathedral, que sería la primera cosa realmente nueva que yo vi. (Nagore estaba encantada con todo 🙂

La catedral era algo que queríamos ver pues, leyendo Inferno, había averiguado que tiene una puerta que es una réplica exacta de las puertas del paraíso de Ghiberti en el baptisterio de Florencia. Impresionantes.

Estuvimos un rato haciendo fotos en la calle Taylor, con el Transamerica de fondo, hasta que nos decidimos a seguir avanzando por ella y llegamos al 1414, donde se encuentra el Café de Isabella. Estuvimos realmente a gusto. Sonaba “Sólo le pido a Dios” en versión de Mercedes Sosa. Un café para los dos, como casi siempre. Un croissant rico y un ambiente muy agradable. Isabella nos contó que era mexicana y que llevaba tiempo sin ir, que planeaba un viaje con sus hijos, ya nacidos en Estados Unidos. Le encantó que justo el día de antes hubiéramos estado en México. Un rato después y tras haber leído sobre Egipto ¿Iremos durante este viaje? dejamos el café.

¿Sabías que hay una calle dedicada a Aladdin en San Francisco? Nosotros tampoco. Está muy cerquita de Lombard que es a donde íbamos.

Fisherman Wharf´s y (algunos) piers

Y ya con nuestra dosis de cuestas nos fuimos hacia Fisherman Wharf´s. Se trata de una zona de ocio, parecida a Coney Island o el propio pier de Santa Mónica que veríamos unos días después. Con mucha gente, con muchos restaurantes de marisco y con un gran ambiente.

Cerca se encuentran los piers, restos del antiguo puerto, hoy reconvertidos en museos, zonas de ocio… Nuestra primera parada, yo quería mostrárselo a Nagore, fue el Museé Mechanique. Se trata de una sala de juegos electrónicos y mecánicos, también algunos videojuegos, que como se encargan de recordarte tienen más años que tú. Justo enfrente, El Pampanito, el submarino de la segunda guerra mundial.

Hora de comer. Lugar elegido: el pier 39. Más concretamente “The Hook” exactamente el mismo lugar donde comí por primera vez clam chouder. Ese y el de gambas fueron los elegidos. Tras comer – nos movimos de mesa del sol que pegaba – y cederla a su vez al terminar a una familia uruguaya nos fuimos de paseo por el pier. Pianos gigantes, puestos de sales naturales  y una gran tienda de magia nos llevaron al final desde donde se ve Alcatraz y el Golden Gate. 

En un par de pasos más vimos a los míticos leones marinos. Muchos de los cuales, no tenemos claro si estaban en celo, peléandose por el hueco en el muelle o simplemente jugando 🙂

Ghirardelli y Presidio Park

Por si no lleváramos suficientes kilómetros, todavía íbamos a por más. De vuelta a Fisherman´s Wharf´s y pasando por delante de Madame Tussauds  (también habíamos visto el de Nueva York)  de camino a Ghirardelli. Justo después, casi otro casi dejà vu. En el CVS uno de los chicos de las cajas me dijo que le gustaba el suéter de Desigual que llevaba. Lo mismo me pasó en el museo de la Coca Cola de Atlanta. (No estoy muy acostumbrado 😉

Tuvimos la ocasión de visitar Ghirardelli Square. Parada técnica, zumo de apio y no sé que más (seguro que kale) y después visita a la propia tienda, donde nos dieron a probar sus buenísisisimos chocolates mientras andaba en plena faena con los conejitos de Pascua.

Desde allí, cogimos todo Marina Boulevard (bueno, todo no) con el Golden Gate de fondo. La anterior vez hice este camino en bici, y no me extraña, porque es un trayecto largo. Nos hicimos ochocientas mil fotos por el camino – mientras las niñas entrenaban soccer – hasta llegar al Palace of  Fine Arts. Este era otro de los lugares que quería visitar pues no lo hice la primera vez. Escenario de Sensei8, de La Roca… es un lugar precioso para pasear, estar allí… que fue construido para la feria internacional Panamá-Pacífico de 1915.

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Habíamos andado una barbaridad, pero todavía nos quedaba llegar a casa. Además en esa zona hay calles sin salida, con impresionantes casas y con unas cuestas majas majas. Al final fuimos casi todo por Divisadero, con una pequeña parada para comprar agua y unos plátanos, hasta llegar a casa.

Un pequeño descanso ¡y a cenar! Habíamos quedado con Courtney y Thomas en Chow Church. Nos pusimos al día y aprendimos de la vida en la ciudad. Nos fuimos luego a tomar algo a Martuni´s. Lo pasamos guay. Un gran cierre para un gran día 🙂

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