Chapultepec: perdidos, reflejados y asustados

Se acaba el mes. Llegamos a nuestro día 20 de viaje. Domingo. Hoy no vamos a ir a misa. Hoy lo vamos a pasar cerca de casa. En el bosque de Chapultepec, que ya era disfrutado por los mexicas.

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Pues parecido al Retiro

Domingo, árboles, niños. Gente comiendo y paseando. Lago. Si no fuera por los pedalós, parecería El Retiro. Sabemos que hay un montón de museos por la zona así que quizá, pensamos, entremos a alguno. No sucede. 

Entramos al parque por la puerta de enfrente del Museo de Antropología. No sabemos muy bien lo que nos vamos a encontrar y lo que nos encontramos es mucha gente. Tanta que venden correas para niños. (La primera vez que vi eso, y yo creo que única, fue en Ávila en 2004. Recuerdo que me llamó mucho la atención) También me llamó la atención esta ocasión es que en algunos sitios de la ciudad está la estructura de la papelera, pero no el cubo.

Damos una vuelta por el lago pensando si vamos a coger un pedaló o barquita. Vemos la cola. Decidimos que no. Se nos ha abierto el hambre. Vamos a la zona de comida. Los sitios no parecen el colmo de la salubridad, pero oye. Probamos un  huarache. No confundir con un huarache.  Escribo esto días después. Nos sentó bien.

Comenzamos después nuestro paseo vespertino (de por la tarde). Casa del lago, café de máquina, teatro para niños…

En plan niños

… y oye, ya que hablámos de niños. Pues nos animamos. Nos hicimos con el pack. Casa de los espejos, laberinto de los espejos y casa del terror.  La verdad es que moló. El laberinto mucho. La casa hasta dio un poco de miedo. Fue ahí la primera vez que nos contaron la historia de La Llorona.  A la que por cierto, la semana siguiente descubrimos, sin demasiada sorpresa que le canta Chavela Vargas.

Ya por la tarde, tras una parada técnica y ver la  galería de contribuciones mexicanas a la Ciencia y la Cultura, seguimos paseando. Ahí ya anduvimos un poco perdidos y no fuimos capaces de ver el totem canadiense que las indicaciones ponían.

Iba ya atardeciendo así que nos tuvimos que conformar con ver el castillo por fuera. Pasamos por el obelisco a los niños héroes. Nos entretuvimos con la historia del ahuehuete “El Sargento”. El árbol más antiguo del parque, plantado por petición de Moctezuma y que vivió hasta 1969. Y ya de salida, el altar a la patria.

La distancia a casa era muy pequeña, así que pronto estábamos en casa, donde conocimos a Porcayo con el que estaríamos el martes. Comenzamos a ver Sense8. Nos gustó de nuevo la intro, pues sale precisamente el paseo de La Reforma, al lado de casa.

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