Y nos dieron las 10, y las 11…

Último día en Agra. La verdad es que hemos estado muy a gusto. En plan tranquilos. Hemos visto en cuatro días menos de lo que mucha gente ve en uno. Y ni tan mal 🙂

Hoy por la tarde tomamos nuestro tercer tren en la India. Es un trayecto breve, unas 5 horas a Jaipur. Nuestra idea es pasar el día en el hostel, descansando y escribiendo.

Así que día tranquilo. Escribiendo a ratos y desayunando y comiendo allí. Por la tarde jugamos un rato al bádminton, en el que un chico indio pudo vengar fácilmente a Sindhu.

Cuando ya comenzaba a anochecer, Lucky, el chico que en el primer día nos dejó 10 rupias para pagar al conductor, nos llevó a la estación. Nos las prometíamos felices con nuestro viaje corto.

Pero el 12987 se retrasó. Mucho. Y de forma escalonada. Primero 2:30 horas. Y luego 1:30 y 1:00 y 1:00 y 1:00 y 0:30 y 0:30 y 0:30. Sí. El sonido de aviso de la megafonía en las estaciones es característico para toda una generación. Así que fuimos pasando el rato, jugando al ajedrez que nos habíamos comprado frente al fuerte de Agra y escribiendo postales. (Que aún no hemos enviado en el momento de escribir esto y ahora no tenemos efectivo ni para comprar sellos)

Era nuestro tercer tren, el primero en Delhi se retrasó mucho pero nos dijero que “era raro”, el segundo sólo se retraso 1 hora, así que no pensábamos en los retrasos. Desde entonces, comprobamos todos en tiempo real. 🙂

Unos sándwich y un chai y a dormir un rato, que ya no podíamos más. La gente venía a nuestro lado a cargar los teléfonos en uno de los enchufes (en India tienen de dos tipos, curiosamente, para tres tipos de clavijas 🙂 Nadie nos aseguraba que fuera a venir, pero finalmente vino. Lo cogimos y entonces comenzó nuestro viaje. Llegamos ya de día a Jaipur.

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