Día completo de Tokio: Parque Yoyogi y Takeshita-dori en Harajuku por la mañana, torneo de sumo en el Ryogoku Kokugikan y vuelta a Akihabara por la tarde, con paseo por una Bookoff, una Game Boy de segunda mano por ocho euros, café en Starbucks y una cafetería de AKB48.
El Parque Yoyogi ocupa el espacio donde se levantó la Villa Olímpica de los Juegos de Tokio 1964 y, antes, el Washington Heights de la ocupación estadounidense de la posguerra. Junto a él está el Santuario Meiji, dedicado al emperador Meiji y la emperatriz Shoken, levantado en 1920 en un bosque artificial de 120.000 árboles donados por todo el país. Los domingos el parque se convierte en escenario de cosplayers, bailarines de rockabilly, músicos callejeros y reuniones varias que aprovechan el espacio público abierto, algo poco habitual en una ciudad tan densa.
La Takeshita-dori de Harajuku es el epicentro mundial de la street fashion juvenil japonesa: en una calle peatonal de 350 metros se concentran tiendas de cosplay, kawaii, gothic lolita y decora que han marcado tendencias globales desde los noventa.
Mañana en el Parque Yoyogi
Empezamos el día visitando el Parque Yoyogi, justo al norte de Shibuya. Tengo el recuerdo de una zona arbolada amplia con caminos que cruzan el parque hasta el santuario Meiji y de mucha animación, era domingo lo que potencia bastante la presencia de gente y los actos espontáneos típicos del parque.
Harajuku y Takeshita-dori
De Yoyogi salimos a la Takeshita-dori, la calle peatonal con más densidad de tiendas kawaii de Tokio. Había bastante gente. Es la icónica calle peatonal de 400 metros en Harajuku, Tokio, conocida mundialmente como el epicentro de la moda juvenil, la cultura pop vibrante y tendencias Situada frente a la estación JR Harajuku, está repleta de tiendas peculiares, creperías famosas y cafés temáticos, siendo un lugar imprescindible y muy concurrido. Volveríamos la siguiente noche.
Sumo en el Ryogoku Kokugikan
De Harajuku cogimos el metro a Ryogoku Kokugikan, la arena nacional del sumo japonés. Lo habíamos pensando unos días antes y fue una suerte. En Tokio, puedes ver los grandes torneos de sumo (Honbasho) en tres ocasiones al año: enero (Hatsu Basho), mayo (Natsu Basho) y septiembre (Aki Basho). Cada torneo dura 15 días, generalmente comenzando y terminando en domingo, y se celebran en el estadio.
El sumo profesional tiene un calendario de solo seis torneos al año (basho) repartidos entre Tokio, Osaka, Nagoya y Fukuoka, cada uno de 15 días. Es una rareza en el deporte mundial: a diferencia del fútbol o el baloncesto, no hay liga continua que puedas seguir un fin de semana cualquiera, así que si pasas por Japón fuera de las fechas exactas, te quedas sin verlo.
Así que ahí estábamos nosotros viendo el torneo Aki Basho, el torneo de septiembre, estuvimos alrededor de una hora u hora y media dentro: las jornadas duran prácticamente todo el día y se entra y se sale con relativa libertad. La sensación es singular: cada combate dura unos segundos, hay ceremonia previa con sal y poses, y cuando los rikishi chocan se ve en las pantallas cómo la carne vibra a cámara lenta («se dan hostias como panes, no solo se agarran»). Evidentemente nuestra referencia anterior era «Humor Amarillo» y Honda de Street Fighter. A la salida nos metirmos por el mismo sitio por el que salían algunos de los luchadores, que iban yéndose del recinto con el cabello recogido en su chonmage.
Akihabara: Book-off, Game Boy y AKB48
No estoy seguro pero creo que fue ese día que fuimos a echar una siesta al hotel, porque Nagore estaba cansada (y con las piernas acribilladas a picotazos) Por la tarde fuimos, una vez más, a Akihabara, el barrio histórico de la electrónica de Tokio reconvertido desde los 2000 en la capital mundial del otaku: anime, manga, videojuegos retro, maid cafés y tiendas multinivel de merchandising y figuras.
Estuvimos dando una vuelta y entramos a una Bookoff, la cadena japonesa de segunda mano —libros, manga, CDs, DVDs y videojuegos retro— que habíamos descubierto en Hiroshima. Allí Nagore compró una Game Boy de segunda mano. Costaría unos ocho euros: era otro tiempo, y nosotros no éramos nada coleccionistas en aquel momento.
Pasamos también por el AKB48 Cafe & Shop, el café-tienda del grupo idol de chicas que era el más mainstream del momento en Japón —en aquel 2012, AKB48 era el grupo idol con más ventas mundiales del año—.
Starbucks, café con hielo y vuelta
Tomamos algo en un Starbucks —compramos algunas tazas de las que la marca lanza con motivos locales, para mi compañera Belén — y nos dieron dos cafés con hielo, como obsequio. Estaba muy bueno.
Vimos también juegos de la Nintendo 3DS, recién lanzada en Europa apenas un año antes (2011), aunque en Akihabara la oferta de merchandising de Mario en aquella época todavía era bastante menor que la que tendríamos años después con la apertura de la Super Nintendo World y la sustitución de viejos negocios por flagship stores. Esa noche cenaríamos también noodles en la habitación del hotel.























































































































































