Un nuevo martes de mercado en Pont-Aven. Además hoy hay braderie (comercios que sacan productos en oferta a la calle) no confundir con brocante (tiendas de antiguedades). Todo el quai del aven y de T. Botrell cerrado al tráfico desde primera hora de la mañana, con puestos por el quai del Aven. Sin coche, día entero a pie.
Amanecimos sin prisa. Julen se despertó con calma. Café y desayuno para los tres tranquilos en la cocina, poco a poco enseñando a a Julen jugar a las cartas del memory de Super Mario.
Mercado del martes en el quai de l’Aven
Al centro andando. De camino a la place Paul Gauguin y la rue Émile Bernard, los dos pintores fundadores de la Escuela de Pont-Aven. Ya vamos entendiendo lo que es lo de la braderie, que tampoco lo teníamos claro. Cartel oficial de la mairie a la entrada: «COMMUNE DE PONT-AVEN — JOUR DE MARCHE — ROUTE BARREE — TOUS LES MARDIS À PARTIR DE 7h — Du 15 juin au 15 septembre». La cita semanal del verano.
El mercado se estira por todo el quai del Aven. Puestos artesanales: la Vanille de Madagascar a 2 € el bâton, tresses indiennes hair wraps, ediciones locales de Marin de Concarneau — Sardines Jean Burel, La Belle-Iloise, Hénaff & Co, olivas mezcladas Provençale / Meli-Melo / Lemoni a 2,98 € los 100 g, la Aven Ice — Crêperie · Gaufres · Glacier ya con la cola larga. Hay puesto de cider fermier maison, un stand de alimentación biológica local — «des Saisons», uno de CARTOPOLO con mapas antiguos y un Plik-Plak con la placa de Médaillé del Concours Lépine 2025.
Reconocemos a algunos puestos y algunos viejos conocidos: el músico callejero que ya tocaba la semana pasada por el quai Théodore Botrel, algunos puestos que se repiten y otros nuevos. Y por fin caemos en la cuenta de qué es exactamente una braderie en Francia: los comercios sacan la mercancía a la calle en oferta, sin más ceremonia. Como habíamos visto en Vannes hace unos días.
Nos paramos delante de un pequeño puesto de ilustración: el ilustrador es Clément Omont, láminas firmadas, preciosas. Unas llevamos una alcachofa, también como recuerdo de mi madre y abuelos maternos, que veremos a ver dónde colgamos. Del otro lado del quai, la Boutique 727 SAILBAGS — la marca bretona que hace bolsos con velas recicladas.
Recompramos aceitunas — ya como lugareños — poque Julen las pide «tutuna, tutuna». De nuevo, alto en el guichet de las Vedettes Aven Bélon, en el puerto. De nuevo ya no quedan plazas. Por primera vez lo vemos justo volver. La próxima descente de l’Aven sale mañana miércoles 22 a las 10h30. Reservamos.
Traou Mad y los pies en el Aven
Larga vuelta por la Biscuiterie Traou Mad, la histórica de Pont-Aven — fundada en 1920 por Alexis Le Villain y continuada por su hija Marguerite, con la placa en la fachada —. No habíamos entrado todavía a la tienda del cruce de caminos del pueblo, y aquí descubrimos por fin la diferencia entre las dos galletas emblema: los palets son más gorditos y mantecosos, las galettes son más finas y rígidas, menos granulosas — están las dos buenas —. Hasta ahora sólo habíamos probado las galettes, y aquí las probamos las dos de cortesía, en las cajitas de degustación al lado del mostrador. Caen un par de cajas para llevar y para regalar.
Bajada al río Aven a los pies del baño público. Yo descalzo en el vado, con el agua mucho más fresca de lo que pensaba subiendo hasta los tobillos y las piedras cubiertas de esas algas verdes tan de estuario. Un rato nos quedamos ahí, con el río de fondo y el ruido del mercado subiendo por el puente.
Comer en casa y tarde de habladas y reorganización
De vuelta al Kindred sobre las dos. Comida ligera en la cocina — Nagore hace un arroz con calabacín de lata —, con la bolsa roja del Traou Mad y la King Jouet de la tarde en Vannes de anteayer todavía en la ventana como memoria del día. Julen echa su siesta.
Después hablada larga con mi padre, de las que nos gustan. Y aún después, nos ponemos a organizar los días que aún nos quedan por delante y… nos damos cuenta de que tenemos los pasaportes en Madrid. (De los creadores de ir a Rusia con el pasaporte caducado o comprar el vuelo de vuelta un día antes en Fiji…) El plan que teníamos pensado — cruzar la semana que viene a las islas de Jersey y Guernsey, en el canal de la Mancha — se cae, claro: son territorios británicos, aunque no UK, y sin pasaporte no vamos a ninguna parte. Toca reorganizar el viaje entero desde la mesa del salón.
Pasamos las horas de la tarde entre pestañas del navegador. Al principio, cancelamos también todo lo de Saint-Malo y Mont Saint-Michel, pero rehaciendo el plan vuelve a estar en pie. Reservamos entre medias un vuelo a Nantes para diciembre pensando en un plan de rescate para el otoño, aunque después lo acabamos cancelando también. Problemas del primer mundo, vamos, no hay mayor drama. Pero uno acaba la tarde razonablemente cansado. Descansé cuando me llamó Lola — que era su cumpleaños
Por la noche, la tele con Merlin l’Enchanteur de Disney (la de 1963, la del mago Merlín transformando al pequeño Arturo en pez y en ardilla, que es apropiado también en Bretaña), aunque Julen no le hizo mucho caso. . Julen se había quedado dormido temprano, con Nagore acompañándolo, pero se despertó al poco rato por la noche y tuvo mala noche. Al final Nagore lo consiguió dormir y así se cerró el día. Las dos siguientes noches fueron muy buenas, Julen yendo andando a la cama y diciendo «por aquí» 🙂






















































