Rumbo a Kalmar y perdidos en Öland

Quinto día en nuestra visita a Suecia. Llega el finde y nos vamos de casa rural. Ese clásico. Para este finde nos uniremos a un montón de amigos de Sergio y Alberto – entre ellos Ramón –  y visitaremos la isla de Öland.

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Kalmar

En plan convoy. Éramos cinco, si no recuerdo mal, Golf casi idénticos conducidos por españoles rumbo norte. A mí siempre me ha molado ir en plan convoy. Este fue además el primer coche con siete marchas que conduje. Unos 250 kilómetros separan Linköping de la isla de Öland, pero antes haríamos una parada en Kalmar. Yo no había oído nunca esta ciudad y hasta unos años después no supe la importancia que tuvo en la moderna historia de toda Escandinavia.

Kalmar es una de las ciudades más antiguas de Suecia y fue ciudad de frontera durante mucho tiempo, pues la Escania de mi querido Mankell, justo al sur, fue Dinamarca durante muchos siglos. Fue en el castillo de la ciudad donde se firmó la Unión y ha sido protagonista de múltiples episodios de la historia del país.

Nosotros lo visitamos por fuera, disfrutamos de las enormes ocas y comimos en una terraza. Después de ello nos dirigimos ya hacia la isla, que se encuentra unida por un puente al territorio continental. Esta fue la primera vez, también, que cruzaba un puente que conecte una isla con “tierra firme”

Llegada a la isla de Öland

Literalmente la “isla país”. Esta estirada y estrecha isla está separada 6 kilómetros del resto de Suecia. Para llegar, nos sirvió, como decía, con cruzar el puente – con su característica pendiente construido en los setenta.

Los característicos molinos de la isla nos dieron la bienvenida a la isla, pero todavía nos quedaba una media horita hasta llegar al pueblo de Borgholm donde pasaríamos nuestra noche en la isla. El hotel se llamaba Olssons Rumsuthyrning pero parece que en estos 11 años ha cambiado de dueño 🙂

Ya en la casa, estuvimos un rato descansando – es gracioso ver en las fotos de booking.com cómo en este tiempo han cambiado la tele de tubo por una plana, pero sigue en el mismo sitio 🙂 y salimos luego a dar una vuelta. Recuerdo la absoluta tranquilidad que había. Visitamos la cercana iglesia de Kopings, y luego volvimos ya hacia casa.

Comenzó a atardecer y recuerdo que Rut y Lola dijeron de ir a hacer fotos y también que yo me enfadé porque no me esperaron jejeje Gracias por la foto de portada 😉 (No sé qué estaría haciendo)

Ya por la noche salimos a por unas pizzas – Pizza Butiken sigue funcionando y estos no han cambiado de nombre 🙂 – y al volver nos perdimos. Unos diez o doce españolitos dando vueltas por el pueblo sin saber dónde estaba el hotel. Como unos campeones. No era muy difícil. 

Pasamos la noche en casa, disfrutando de las pizzas, alguna bebida y la compañía. Fer contó una historia relacionada con la afición de Mario por un postre típico sueco al que bautizamos mario balls y con el Decathlon que no puedo contar. Será una de las veces que más me he reído en mi vida.

Algunas de las fotos de este post fueron tomadas por Rut, Lola, Sergio, Mario, Ana u otra gente. Las mejores. Yo no sabía sigo sin saber hacer fotos.

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