El día que vi Finlandia

Desde pequeño me hace mucha ilusión visitar países y “añadirlos a mi lista” Es un tema curioso, bastante denostado como “turistada” por mucha gente y que además genera debate sobre cuándo contarlo. ¿sirve aeropuerto? ¿Hay que dormir? Me gusta la definición de Gunnar Garfors, que dice que él lo cuenta si tiene algo interesante que recordar.

Pero vamos, que a mí me mola. De hecho tengo una lista mental de países que he visto. Este día empezó esa lista. Con Finlandia. País al que todavía – 11 años después, escribo esto en 2016 – no he ido, pero en cuyas aguas territoriales pasé parte de este día, ya de vuelta a Estocolmo. 

Tras la fiesta de la noche anterior este fue un día de transición y muy tranquilo. Nos levantamos – tarde me imagino – y pasamos el día disfrutando de las vistas del Báltico. Recuerdo que a la hora de comer probamos por primera vez las albóndigas con puré y mermelada de arándanos. Ese clásico. 🙂 Y también que mientras comíamos el barco se movía más de lo debido. Lo que nos venía nada bien 😉

Por la tarde, Sergio, Alexander y yo salimos al escenario en una especie de juego en la que nos pedían que buscarámos ¿corbatas? entre el público. Ganó Sergio 🙂 y con ello un par de pasajes gratis.

Llegada al puerto y si mal no recuerdo vuelta a Linköping, pero en bus. Cada vez que pasábamos por ciudades como Norköping o Nyköping Mario se despertaba para preguntar si habíamos llegado. 🙂 Un tío previsor.

2 thoughts on “El día que vi Finlandia

  1. ¿Mario un tío previsor? No, Mario un tío que sólo se fiaba de la contestación que le diera Pedro.

    – Mario: “¿Ya? ¿Hemos llegado ya? ¿Bajamos en esta parada?”
    – Ana y yo: “No, Mario, todavía no”.
    – Mario: “Pedro, Pedro, ¿hemos llegado ya?”
    – Pedro: “No, todavía no”.
    – Mario: “Ah, vale”.

    Y así toda la noche. 😛

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