Nara: ciervos y templos

Hoy dejaremos la ciudad de Kioto. Por el momento. Volveremos más adelante después de nuesto viaje al oeste y en nuestro camino hacia Tokio. Nuestro destino es la antigua capital de Japón: Nara. Ya os puedo adelantar que nos encantará.

Toca hacer las mochilas. Visto en retrospectiva, llevábamos mochilas más grandes para dos semanas en Japón que para un año entero, cuando años después dimos la vuelta al mundo. Hoy nuestro desayuno será, de casualidad, en un sitio especial.  Normalmente buscaremos hacer desayunos occidentales. En este sitio nos quedamos rato observando el proceso de tostar el café y hervirlo. Nunca habíamos visto algo así antes. (Nagore no tenía ni 30 años!!) Desayunamos muy a gusto, unas tostadas muy gruesas que tampoco estaba acostumbrado a ver y nos pusimos en marcha.

El concepto de capitalidad durante la historia de Japón, ha tenido diferentes consideraciones, debido a toda la lógica de los shogunatos. Comúnmente se acepta que la capital era la ciudad en la que residía el emperador. Es por ello que Nara fue hasta en 3 ocasiones capital durante los primeros 500 años de la historia del país. Kioto, por su parte, lo fue desde 1180 a 1868, cuando en el marco de la restauración Meji se traslado a Edo-Tokio.

Rumbo a Nara

Salimos de la cafetería, en dirección a la estación. De camino recuerdo que vi a un señor mayor en la puerta de un párking indicando si podían o no entrar los coches. Recuerdo que pensé que era un trabajo que podía hacer una barrera. (A su vez me recordó a las personas que cuando fuimos a La Habana, dos años antes, abrían las puertas de sucursales bancarias o similares) Fue tiempo después cuando entendí que es un trabajo voluntario en el país con más gente mayor en el mundo.

Llegamos a la estación y fuimos – como haríamos casi siempre en nuestros viajes por el país – a la sala de expedición de billetes para elegir asientos. Este fue el primer viaje en tren por Japón que recuerdo ir mirando por la ventanilla, viendo los pueblos con sus característicos tejados que algunas veces antes y tantas después he visto en el cine. Los tejados grises dejaban en ocasiones lugar a algunos de un tono azul cobalto. El viaje dura poco más de una hora. Llegamos a Nara y había poca gente por la calle.

Cargados con nuestras mochilas y bajo un sol exagerado fuimos a buscar el ryokan, el hogar tradicional japonés, donde dormiríamos en la ciudad. Sabíamos que Nara era un lugar famoso por los miles de ciervos que viven en sus parques. Nos quedamos impresionados con el primero que vimos. Pensábamos que sería algo menos frecuente y le hicimos más fotos a él que a los cientos que veríamos después durante el día. 🙂 Tras algunas vueltas de más, encontramos por fin el ryokan. Fue un sitio muy especial, situado cerca de la emisora local de la televisión japonesa.

El templo Todaji

Tras descansar un poco y asearnos, nos preparamos para descubrir la ciudad. Mis recuerdos de Nara son formidables. Templos majestuosos, ambiente tranquilo, ciervos por todos lados, el lugar donde dormiríamos era especial… en fin. 🙂  El templo de Todaji– literalmente gran templo del Este – fue donde pasaríamos el resto de la mañana. Se trata de un bellísimo templo, cuyo edificio principal, el daibutsuden (lugar del gran Buda), es la mayor construcción de madera del mundoTodo el recinto y otros cercanos son patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Su construcción fue iniciada en año 728, como parte de un mandato para construir templos por todas las prefecturas del país.

No había demasiada gente – sobre todo si comparamos con los ciervos. Dentro del daibutsuden se encuentra el Gran Buda de Nara, también la escultura de Buda más grande del mundo en un lugar cubierto. No sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar y además fue la primera vez que vimos una escultura de Buda. Estábamos fascinados. En torno al buda hay muchos objetos que explican entiendo la historia o el detalle del lugar. A mí, simplemente, todo me llamaba la atención.

Dentro del edificio hay además, en uno de los pilares de madera, hay un agujero. Se asegura que quien consigue pasar a través suyo consigue la iluminación budista, por  lo que suele haber bastante animación. ¡Nagore lo consiguió! Y también años después mi amiga Lola en su primer viaje de 15 días a Japón. 😉 Estuvimos un buen rato sentados. El templo se fue vaciando. Afuera se oía el aire – y creo recordar que se oían campanas. Fue uno esos momentos de mi vida que recuerdo como de armonía absoluta. 

Templo Katsuga Taisha

Después de un momento tan bueno, nos pusimos en marcha siguiendo nuestro plano, hacia otro de los templos de la zona, el Katsuga Taisha.  Se creó a la vez que la ciudad y está dedicado a la deidad responsable de la protección de la misma. El lugar es famoso por sus miles de faroles donados por devotos del templo. La zona es toda un gran parque al este de la ciudad. Hay muchos ciervos, y también bastantes puestos con regalos, comida y bebida, del estilo de miles de lugares en todo el mundo.

De camino hacia el templo, nos paramos a comer en un sitio muy pintoresco, sentados entre árboles. Pedimos unos noodles y cómo el chico no nos veía muy duchos, nos sacó un tenedor. Creo que fue la última vez que nos pasó, en algún momento de los siguientes días, nos dimos cuenta que estábamos comiendo con palillos ya sin darnos cuenta. Creo que fue después de comer cuando nos dimos cuenta de que yo había perdido las entradas al recinto y por tanto no podíamos visitar el otro templo más al Este que requería visita, y por eso fue que fuimos hacia el Katsuga Taisha. De camino, en una de las maravillosas máquinas expendoras, me compre un riquísimo asqueroso helado azul y nuestra dosis de agua milhojas. También pasaremos por detrás del Museo Nacional de Nara de estilo occidental, sin saber que estaba ahí.

El templo Horyu-ji

El último templo que visitaremos fue el de Horyu-ji.  Está un poco fuera del parque principal de Nara, junto a un gran estanque. Es uno de los templos más antiguos del país, fundado en el año 607 por el Príncipe Shotoku, que fue quién promovió el budismo en Japón.

Había muy poca gente  durante nuestra visita. Estuvimos muy tranquilos. Recuerdo que junto a la pagoda vino un chico occidental a charlar con nosotros que no nos gustó demasiado.  Seguimos recorriendo todo el recinto, prácticamente solos. Al salir nos compramos unas bebidas, la mía bastante mala de nuevo (pero esa es la diversión!) y nos sentamos a descansar juntos a unas chicas con trajes tradicionales. 

Comenzaba a atardecer y nos pusimos ya en camino hacia la zona – bastante cercana – donde estaba nuestro ryokan.  Llegamos allí y estuvimos un rato descansando y disfrutando del sitio. Salimos después a cenar – uno de los pocos días en Japón en los que comeríamos sushi – y a dar un paseo por las calles llenas de tiendas, neones… como siempre, todo nos sorprendería en Japón cada noche. También fue por esos días, cuando empecé a darme cuenta que en Japón hay tapas de alcantarilla que son verdaderas maravillas y comenzó mi afición por ellas. Desde entonces las fotografío en todos los sitios que visito. Y no soy el único.  

Después de cenar fuimos a tomar un café a un lugar de corte occidental, que cerró pronto. Ya de camino a casa todavía nos llamó mucho la atención la señalización de las obras de reparación en la calle. Japón es así. 🙂

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