Mariachis y soldados imperiales en San Miguel de Allende

Sábado. Amanece en Guanajuato. Dejamos nuestra pequeña habitación. Fregamos los cacharros del día anterior en el fregadero en el balcón, que es una forma guay de despertarse. Marcelo viene a recogernos con el coche para llevarnos a la estación de autobuses.

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Nos pedimos un café en el mismo sitio de la llegada. En seguida nos toca abordar ya el ETN rumbo a San Miguel Allende.  Dejamos una ciudad Patrimonio de la Humanidad y nos vamos a otra. Viaje tranquilo, viendo qué le pasa a Robert Langdon en Florencia y Venecia. El conductor va por un camino contrario al que marcan los carteles. Llegamos antes de lo previsto.

Nuestro Airbnb está a unos 15 minutos andando de la estación hacia las afueras del pueblo. Hace caloraco, pero bueno, nos vamos andando. En seguida estamos y conocemos a uno de nuestros anfitriones: David Nuño, pintor cósmico.  Conocemos también a Ozzy, el perrito que nos acompañará estos días. Nuestra habitación está en el segundo piso, dejamos los bártulos y nos vamos a explorar.

La iglesia controvertida y el pozole

Enfilamos la Calzada de la Estación que se convierte en calle Canal, hacia arriba. Es una caminata que poco a poco se va haciendo un poco dura. Vemos un montón de sitios de lavado de coches. Por la sombra. Por fin llegamos al centro. Llegamos viendo desde hace rato la cúpula del Templo de la Purísima de Concepción. Resulta que lo construyó una chica con el dinero que heredó su familia a los quince años. Mecenas de yo me lo guiso y yo me lo como. Son como dos edificios juntos. Como casi siempre en México, con las puerta abiertas. En el segundo sorprendemos a tres jóvenes en conclave con el párroco contando sus cosas 🙁

Tras cruzar por el patio del que posiblemente sea el Starbucks más bonito del mundo  llegamos a Jardín Allende, presidido en su parte sur por la Parroquia de San Miguel Arcángel, el icono de la ciudad y que, sin embargo, tuvo una construcción muy controvertida. Parece que tras ser construida, derrumbarse y volver a reconstruir, (en el transcurso de 3 siglos) a finales del XIX, se le dio el estilo neogótico actual por petición de un obispo, sin que estuviera todo el mundo de acuerdo.

Hora de comer. Encontramos El Pegaso. Tiene buena pinta y los sábados tienen ozole. Inmediatamente me recuerda a que en Salamanca, los domingos hay chanfaina. (Sólo tres lectores pueden entender esto 😉 Descubrimos, por tanto, qué es el pozole bajo la atenta mirada de Michael Jackson. Comemos bien. Esta vez sí tomamos café.

Nuestra tarde comenzará en la cercana plaza cívica, donde hay una feria del libro. Muchos de autoayuda, historia mexicana, el propio Inferno y una gran lona de Octavio Paz. Entramos a ver el patio del templo de la salud. En la esquina de Loreto con Insurgentes compramos pasta de dientes. (No es que importe mucho, pero pasó) (Sí que me llamó la atención que hay algunas farmacias en México que se posicionan como “lo mismo pero más barato” por los genéricos, y otras de “ojo con la marca”)

De tiendas y mariachis

Iríamos un rato más de tiendas por El Mercado de Artesanías y de vuelta a la Plaza Cívica. Donde llegamos justo a tiempo a la puerta del enorme templo de San Felipe Neri, para ver como Marimar y Víctor se daban el sí quiero. (¿Ya hemos dicho que las puertas de las iglesias en México están siempre abiertas?) Por cierto, que dicen que hay un becerro de oro escondido bajo el altar de San Felipe.

Descansamos un rato en la plaza de Zaragoza y cuando reemprendimos camino vimos un par de mojigangasUna parada en Plaza Norman, un bonito mercado también, donde esta vez si cayó un pajarito de estilo alebrije y de vuelta a la plaza de Jardín Allende entramos a dar una vuelta por la Santa Escuela de Cristo.

El ambiente era festivo en la plaza. Un oficial del ejercito imperial bailaba al son de los mariachis, los niños jugando con globos alargados gigantes y la gente seguía casándose. Estábamos cansados así que decidimos retirarnos a nuestros aposentos. Todavía nos quedaban unos 30 minutos de camino, con una bella puesta de sol, mientras oíamos a Manolo Lama en algún bar al pasar. Una parada a comprar cena en Bodegas Aurrerá (Aúpa!) y al hogar.

Al llegar a casa, tomaremos un té con David y Mónica, nuestra otra anfitrirona. Charlaremos del viaje, de la vida saludable, de Ozzy, de pintura… Después subiremos a nuestra habitación a escribir y descansar.

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