Aprendiendo en San Juan Chamula

Comenzamos este día, sin despedir casi el anterior. Tras casi 12 horas de bus, cogimos un taxi compartido y llegamos a casa de Grecia sobre las 7:00 de la mañana. La despertamos 🙁 Lo primero que hicimos fue irnos a dormir un rato más. 🙂

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Estamos en Chiapas, uno de los estados más pobres – y más turísticos – de todo el país. La huella colonial es mucho menos predominante que en otros lugares que hemos conocido. Tras la independencia de México y durante algunos años, Chiapas se unió a Guatemala.

Tras levantarnos y desayunar nuestro cafecito y granola con fruta (Gracias, Grecia!) vamos a recorrer un poco San Cris, eso sí, tras conocer a Niebla, el gatito de un mes de la casa. En seguida se ve que la ciudad es una mezcla profunda de turistas y comunidades indígenas. Toda la calle Real de Guadalupe (peatonal, lo que no es muy habitual en nuestra experiencia) está jalonada de tiendas de arte, cafés… mientras que decenas de personas las recorren vendiendo rebozos mantas, dulces y otras cosas a los turistas. En la primera tienda que visitamos hay bastante iconografía del EZLN, días después tendremos la oportunidad de conocer un poco más sobre su impacto en Chiapas de mano de un guía maya.

Recorrimos la plaza de la catedral y en dirección norte por la Calle General Utrilla hacia la iglesia de Santo Domingo, con una fachada enormemente barroca. Allí está el mercado, literalmente mercado en el templo, que continúa por la calle con una algarabía bastante grande. Preguntamos y nos dicen que los combis a San Juan Chamula salen de cocheras privadas cerca de la tienda Milano. Que nos gritarán cuando nos acerquemos por si queremos tomarlo. Así es.

San Juan Chamula y Zinacantán

Así que nos acomodamos en una de estas furgonetas – adelante del todo – que por 15 pesos nos llevarán a San Juan Chamula, por una carretera de dos carriles para cada sentido y curvas pronunciadas. Se trata de un pueblo en el que la mayoría de la gente es de etnia Tzotzil. Una de las familias mayas.  Nos habían hablado del lugar y la verdad es que impresiona por aquello que tiene lo “diferente” Lo primero que nos llama la atención, de camino a la famosa iglesia, es el cementerio. Hemos leído que el cementerio está a la entrada del pueblo en un lugar alto tanto para proteger a los vivos como para ayudar a los muertos en su camino a través del Xibalbá.

Seguimos bajando la calle y damos con la plaza principal del pueblo y la iglesia de San Juan Chamula. Se trata de un ejemplo muy vívido de la fusión – o no – de las creencias cristianas con las locales. También de las del libre mercado, hay que pagar una pequeña entrada. (Diez pesos cuando fuimos nosotros)

Dentro está terminamente prohibido tomar fotografías, pues según leemos, las personas que están allí piensan que se les roba el alma.  Por ello no tomamos ninguna, claro. Al entrar llama la atención que no hay bancos y en su lugar hay hojas de pino esparcidas por el suelo. A la izquierda varias campanas descolgadas de las torres y por todo el perímetro de la nave central decenas de santos en urnas de cristal apoyadas en mesas. A su alrededor cientos de velas prendidas.

Sentados en el suelo, mujeres y niños rezando – entiendo que en lengua tzotzil – con bastante fervor, pero en voz baja. Se les ve con refrescos. Me recuerda un poco al muro de las lamentaciones, en el sentido de que la gente parece realmente concentrada. En el techo se pueden ver telas de lado a lado que cubren las dos aguas del tejado y en el altar una figura sencilla de San Juan Bautista. Es un sitio que transmite algo. Quizá sea eso, sólo la sensación de que es ajeno a lo que uno está acostumbrado. Muy interesante para nosotros.

A la salida vemos el jardín botánico que está al lado y ya tomamos un nuevo van hacia el crucero (cruce) de la carretera hacia Zinacantán, otro de los pueblos tzotzil. También visitamos la iglesia que mantiene ciertos rasgos similares aunque está vacía cuando nosotros vamos.

Desde allí volvemos ya a San Cristobal donde comeremos en el bar Revolución.  Tenemos un poco la sensación de por la mañana. Es un pueblo de contrastes. No sé cómo es la realidad de las personas nativas, pero la parte visible es que ,mientras comemos más de 10 personas, varios de ellos niños pequeños – y es miércoles – se acercan a las mesas a ofrecer diferentes productos. El día había sido largo y la noche en el autobús pesa. Así que nos vamos a casa a descansar desde media tarde. Mañana será otro día.

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