Impresionados con Benarés y sus ghats

Hoy recorremos la ciudad de Benarés o Varanasi. Junto al Taj Mahal, la única imagen que yo tenía de la India antes de venir. Será, como casi todos los días que llevamos un día interesante. E intenso. Volveremos a tener algún incoveniente con lugareños. Pero vayamos por partes.

Callejeando

Nuestra primera idea para el día es visitar el templo de Kashi Viswanath. Esta casi a una hora andando del hostel así que decidimos ir en tuktuk. El señor nos lleva durante bastante rato y nos deja en una calle donde parece que comienza una zona cortada al tráfico. “Ahí a la izquierda” nos dice. Unas cuatro horas después aún no lo habremos encontrado.

Lo que sí disfrutamos y mucho fue de las callejuelas de la zona antigua de Benarés. Es quizá para nosotros un cliché de lo que nos esperábamos. Bastante suciedad. Mucha gente. Moscas. Cabras y vacas – sagradas – en cada esquina, vendedores de hachís; boñigas, más moscas… y a todo esto muchos policías guiando a la gente por los callejones por los que podían ir.  Pero el lugar nos gustó. Tuvo para nosotros el interés de lo “ajeno” de lo que parece distinto de uno mismo, sin ser algo turístico.  Quizá fuera por que el día siguiente era diwalli, pero había mucha gente visitando templos y haciendo cola en las calles.

Ghat-eando

Hola, infierno de los copys. 😉  Tras un rato de andar perdidos por las calles sin encontrar el templo, dimos con el río a la altura del ghat del Dr. Pajemdraprasat. Nos dimos   cuenta después de que estaba justo siguiendo la calle en la que nos había dejado el tuktuk justo después de donde nos metimos al mercado 😉

Una vez allí fuimos caminando durante las siguientes horas en dirección norte siguiendo el curso del río (que fluye de esa manera) Más allá de la gente que te intenta vender cosas y te da la mano y no te suelta, fue una experiencia muy interesante. Las construcciones, templos y viviendas junto al río – de las que bajan los ghats,  son de muy distinto tipo. Pero todos comparten un aspecto añejo, no sé muy bien cómo describirlo mejor, que los hace muy interesantes.

La mayoría fueron construidos hace unos 300 años en la rivera oeste del río que es hasta donde llega la ciudad. Al sur se observa un puente en construcción y en frente prácticamente sólo hay selva.

Literalmente “peldaño”, los ghat son las escalinatas que descienden hasta la rivera del río Ganges en la ciudad de Benarés. Se clasifican en tres tipos: los que son usados para las cremaciones, los de uso convencional para la higiene y los religiosos para las abluciones. Hay 160 en la ciudad.

Quizá el ghat más conocido de toda la ciudad sea el de Manikarnika. Se trata de uno de los llamados shmashana, o de cremación. En el Hinduismo se consideran sagradas las aguas del río y cualquiera que muera en la ciudad abandona del ciclo de las reencarnaciones. Es por ello que mucha gente acude a la ciudad a esperar la muerte en alguno de los hospicios. 

Cuando nos íbamos acercando un tipo se nos acercó y comenzó a explicarnos algunas cosas. Veíamos las piras ardiendo con los difuntos al fondo. Se producen más de 200 cremaciones al día en la ciudad. En seguida nos dice que para hacer fotos hay que pagarle a él para que la gente no se ofenda. …. Le decimos que no vamos a tomar fotos y comienza a gritar que “no money no photo” y que es una propiedad privada. En fin. Estoy prácticamente seguro que otro más de los varios lissssstos que nos estamos encontrando por el país. Así que nos tocó darnos la vuelta. Volveríamos a verlo por la noche.

Intentamos sin éxito llegar al otro lado del ghat cruzando por el interior de las calles, pero es demasiado complicado. Cuando volvimos a salir al río estábamos varios más al norte. Decidimos volver en sentido sur y al final sí llegamos de nuevo a Manikarnika. Justo detrás del mismo se ven diferentes puestos en los que almacenan la madera para las piras.

Buscando  Kashi Viswanath

Seguimos hacia el sur y volvimos a salir a la calle principal. Que nuestra idea era ver el templo. Por fin lo logramos. Costó, porque el templo está escondido entre muros dentro las calles y la entrada – una de las que logramos ver – pasa desapercibida. Es un templo extraordinariamente sagrado y tiene accesos de seguridad en la propia calle (algo que yo sólo había vista en las inmediaciones del muro de las lamentaciones en Jerusalen)

Dejamos el calzado en una consigna al otro lado de la calle, cruzamos el arco de seguridad y un poco más adelante nos pidió el pasaporte un guardia, nos preguntó nuestra religión y nos dijo que no podíamos pasar. Que digo yo que nos podían haber avisado antes… Me pareció arbitrario y parece que lo es. Otro de los timos que evitamos fue el de las niñas que van pidiendo “milk, no money, milk” con un bebé en brazos mientras te acompañan a una tiendecita. Que suponemos, daría su comisión. En definitiva, lo que decía en otros posts, triste, pero en la India vamos “en guardia” en ese sentido, constantemente.

Paseo nocturno por el Ganges

Pese a todo, estaba siendo un día realmente interesante. Fuimos a comer al mismo vegetariano en el que cenamos el día anterior (repeteríamos más veces) y tras descansar un rato en casa, sobre las 17:00 fuimos en una barquita a ver anochecer y la actividad nocturna, recorriendo el río.

Nando, que así se pronunciaba el nombre de nuestro remero nos recogío en el hostel y en seguida llegamos al embarcadero donde tenía la barca. El paseo duró 3 horas y nos cobró 600 rupias para los dos, creo recordar.

El plan era recorrer el río en dirección norte, de nuevo hasta Manikarnika. A lo largo del trayecto, Nando nos fue contando cosas de la ciudad, de Diwalli – las festividad de la luz que es mañana –  y tuvimos ocasión de presenciar las cremaciones nocturnas tanto en el ghat de Harishchandra, de hornos eléctricos (1 hora, 500 rupias, según nos contó Nando)  como en el propio de Manikarnika, donde la cremación dura 3 horas, se utilizan los troncos que vimos por la mañana y cuesta 800 rupias. La historia de cómo se comenzó a incinerar en la ciudad habla de la casta de los doms o chandala y de la extrema pobreza en la que vivían.

Mientras Nando dejaba correr la embarcación río abajo nos fue contando cómo esa noche, la víspera de diwalli, la gente come dulces (habíamos visto muchos durante el día en los puestos) y hacen la pujala adoración de Lakshmi, la mujer de Vishnu y diosa de la prosperidad, para lo que limpian y engalan sus casas y las cubren de luces navideñas. Niños y mayores tirarán petardos durante la noche.

Al llegar a Manikarnika nos acercaremos a la orilla y podremos ver más de cerca las cremaciones. Una sensación – y estampa – extraña en la que se mezcla la espiritualidad del momento con las decenas de turistas en las embarcaciones que asisten al espectáculo

Era ya el momento de remontar el curso del río. Nando fue remando hasta el ghat de del doctor, donde como cada noche se desarrollaba un espectáculo en el que distintas personas danzaban con vistosos candelabros encima de sus cabezas (como en una canción de Battiato)

Nos enganchamos a una embarcación de motor para terminar de remontar el río. En la orilla se seguían viendo algunos babas (los gurús vestidos de naranja). No vimos ningún naga babá, los que van desnudos. Nando nos llevó en su moto al hostel y pudimos disfrutar de una rica cena pre-diwalli en la azotea mientras la gente ya tiraba algunos de los primeros fuegos artificiales de la celebración. Esa sería nuestra aproximación a la noche de diwalli, pues la verdadera, la noche siguiente, la pasamos entera en un tren. 

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