Dos países pisados, cuatro vistos

Hoy es un día de transición, toca volver a Tel Aviv. Mañana última en Wadi Musa —el pueblo de Petra—, desayuno en el Petra Moon Hotel, rumbo sur, otra vez la frontera andando, comida en el Mar Rojo y vuelta por el desierto del Neguev.

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El pueblo de Wadi Musa —»valle de Moisés» en árabe— es la base turística obligada para visitar Petra, encajado en el desfiladero inmediatamente al este del recinto arqueológico. Toma su nombre de la tradición que sitúa aquí el lugar donde Moisés golpeó la roca para sacar agua durante el éxodo (Números 20:11) —y, en efecto, en el extremo norte del pueblo hay un manantial todavía activo (Ain Musa) con una pequeña cúpula blanca conmemorativa—. El pueblo en sí es pequeño (unos 17.000 habitantes), de calles empinadas con casas de piedra clara, y existe básicamente por y para el turismo a Petra: hoteles de gama media-alta como el Petra Moon o el Mövenpick, restaurantes con menú turístico y un comercio de souvenirs concentrado en la King’s Highway que cruza el pueblo. Petra recibe entre 500.000 y un millón de visitantes al año, y casi todos pernoctan aquí.

El comercio del centro tiene su propia escenografía: tiendas-bazar enormes de varias plantas con teteras de plata, lámparas árabes, narguilés, alfombras beduinas, joyería de plata y oro, banderas mini de Egipto-Siria-Jordania para vehículos, postales del Tesoro y vídeos pirata de Lawrence de Arabia. Los precios son turísticos pero con margen amplio para regatear —es la práctica esperada en cualquier bazar del Levante— y muchos productos (sobre todo joyería de plata berebere o beduina, y manteles bordados) son genuinos del trabajo local. Junto a las tiendas, los taxis amarillos y verdes de la Wadi Musa Taxi Cooperative cubren los traslados al Visitor Centre, a Aqaba y a Amán por tarifa concertada.

Carretera y manta

Madrugamos en el Petra Moon Hotel y bajamos a desayunar al restaurante con buffet —tortillas, pan plano, queso labneh, hummus, frutas y aceitunas, el desayuno levantino habitual de un hotel de cuatro estrellas en la zona— y preparamos las maletas para la salida del día.

De vuelta en el taxi parada en el mismo lugar que a la ida, algo de merchandising y cambio de conductor de nuevo y llegada a la frontera.

Cruzando la frontera

No recuerdo si lo sabíamos en ese momento o nos enteramos después, pero justo en ese día Jordania iniciaba bombardeos contra el ISIS. Recuerdo perfectamente el paso de las fronteras, yo diciendo a Dani que técnicamente en esa zona de nadie de 800 metros, nadie tiene jurisdicción. (La verdad es que sigo sin saber cómo es realmente, recuerdo la serie de El puente, que comienza con esto mismo) y sobre todo recuerdo que haciendo cola en el control de pasaportes en la entrada a Eilat, yo tenía delante a Fanego explicando lo que era un hipster y detrás de mí a un tío escuchando a Mano Negra a todo trapo en un cassete «Me llaman el clandestino, por no llevar papel…»

Comiendo junto al Mar Rojo

Ya en Eilat, fuimos a comer a la terraza de un hotel de playa. Recuerdo bien el rato, muy agradable. Y también pensar que desde dónde estábamos podíamos ver Arabia Saudí al fondo a la izquierda, Jordania a nuestra izquierda, Israel, donde estábamos y Egipto al fondo a nuestra derecha. Todavía (2026) nos quedan dos por visitar.

En Eilat cogimos el bus Egged de larga distancia hacia Tel Aviv —otras cuatro horas y media por la ruta 90 al revés, subiendo del Néguev hasta el Mediterráneo— y llegamos al alojamiento ya entrada la noche. Cansados, contentos y con todo Jordania visitado en dos días, lo que es prácticamente la única forma de hacerlo en menos de una semana.

Llegada nocturna a Tel Aviv

Llegamos al apartamento de Tel Aviv – un sitio bastante cutre, con suciedad «limpia» en las sábanas que reservé yo y alargué una noche más, que nos costó lo mismo que el apartamento guay de los primeros días, en fin… Dejamos las cosas y nos fuimos a tomar algo a un bar con Héctor. La cabeza venía llena: las paredes rojas de Wadi Rum, los petroglifos nabateos, el Tesoro al final del Siq, las velas del Petra by Night y el cruce de la frontera caminando. Todo en menos de 48 horas.

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