6 de enero. Reyes Magos de Oriente. Este iba a ser el primer día completo en la ciudad y, en efecto, fue el más denso del viaje: Plaza Taksim, café en una terraza, iglesia ortodoxa griega, el funicular más viejo del continente, primera mezquita imperial y Gran Bazar — todo en doce horas con frío seco y mucho movimiento.
El paisaje arquitectónico de Estambul —los doscientos minaretes que se ven desde cualquier mirador, las cúpulas escalonadas, el ritmo grave de las grandes mezquitas— lo levantó en buena medida un solo hombre: Mimar Sinan, arquitecto jefe de la corte otomana entre 1539 y 1588. Sirvió a tres sultanes —Solimán el Magnífico, Selim II y Murad III—, vivió cien años, firmó 474 obras entre mezquitas, hospitales, hamams y puentes, y consolidó el lenguaje arquitectónico que todavía hoy define al estilo otomano clásico: cúpula central sostenida por semicúpulas escalonadas, planta cuadrada centralizada, minaretes finos como agujas, equilibrio entre sombra y luz interior. Su modelo lo había estudiado en Santa Sofía —la basílica bizantina del siglo VI—, y su obra culminante, la Süleymaniye que entramos esta primera mañana, fue el intento explícito —y para muchos arquitectos posteriores el logro definitivo— de superar a la basílica griega.
Sinan no era turco étnico: nació devshirme — los hijos de familias cristianas que el Imperio reclutaba en los Balcanes para formar parte del cuerpo de jenízaros y de la élite administrativa. Era armenio o griego, no se sabe con certeza, y se convirtió al Islam en su adolescencia tras ser elegido para el palacio. Esa biografía sintetiza algo muy otomano: la élite del imperio se construía con cuadros captados en cualquier parte del territorio, sin distinción de origen, formados desde niños en el palacio. La Süleymaniye, por tanto, no es solo el monumento clásico que la guía cuenta — es también el best of de cien años de mezcla cultural diseñado por un converso de origen cristiano para gloria de un sultán que se llamaba a sí mismo «Kanuni«, el Legislador, y al que en Europa aún recordamos como el que asedió Viena dos veces.
Mañana en Taksim, café con vistas y la iglesia ortodoxa griega
Los Reyes se portaron bien. A Nagore le trajeron una yaşmak, que estrenó ese día y que se sigue poniendo. Tras desayunar, salimos del apartamento sin agenda fija más allá de «ir hacia la ciudad vieja, parando lo que apetezca por el camino». La nieve y la ventisca habían llegado a la ciudad.
La idea era ir en metro y de ahí que fuéramos hacia la plaza Taksim, pero de camino hacía tanto frío que pronto paramos en una cafetería para nuestro primer café del día. Hacía un frío que no esperábamos. El termómetro marcaba -4º y dejarse el abrigo abierto cinco minutos era arrepentirse.
Nuestra siguiente parada fue la Plaza Taksim, a cinco minutos a pie. Taksim es la plaza más simbólica de Estambul moderna —centro de las protestas de 2013, de donde conocíamos su existencia, kilómetro cero de la Estambul europea del siglo XX, terminal del funicular y nexo de líneas de metro— y, aunque visualmente no es bonita en el sentido clásico (es ancha, sin árboles, dominada por un monumento a la república y un edificio cultural enorme), tiene esa carga de «aquí es donde pasa todo».
A unos pasos de Taksim, escondida entre edificios, está la Catedral de la Santísima Trinidad — Aya Triada en griego, Hagia Triada Rum Ortodoks Kilisesi en su denominación oficial. Es la mayor iglesia ortodoxa griega abierta al culto en Estambul, neogótica del XIX, con dos campanarios que se asoman tímidamente sobre los tejados de Beyoğlu.
El Tünel: bajada al Gran Bazar por el funicular más antiguo del continente
De la iglesia bajamos a la entrada de la İstiklal, dejamos atrás los escaparates y, al llegar al final de la avenida, cogimos el Tünel) — el funicular subterráneo de 573 metros que une Beyoğlu con Karaköy, abierto al público en 1875 y considerado el segundo metro más antiguo del mundo después del de Londres. Una pequeña maravilla de ingeniería del XIX que sigue funcionando con su trazado original.
Cruzamos el Puente de Gálata sobre el Cuerno de Oro y enfilamos hacia el barrio de Eminönü, donde está el casco histórico mercantil y salimos del metro. Lo primero que tocaba era comer.
La Süleymaniye: primera mezquita imperial
Ya con el estómago lleno entramos en la Mezquita de Solimán el Magnífico, que fue la primera mezquita que pisamos en nuestra vida, y de las cosas memorables del viaje. Está sobre la tercera de las siete colinas de Estambul, dominando el Cuerno de Oro, y tiene la peculiaridad —para una mezquita imperial otomana— de mantener todavía operativos sus edificios anejos: la imaret (cocina pública), la madrasa, el caravanserai, los baños, los hospitales… Mimar Sinan no proyectó solo el templo, proyectó un küllüye, un complejo religioso-asistencial entero. Caminar por dentro del recinto antes de entrar a la mezquita es entrar en un programa social del siglo XVI que sigue parcialmente activo hoy.
La sala de oración por dentro nos dejó callados. Te quitas los zapatos, das el paso de la alfombra fría a la alfombra caliente —hay calefacción radiante bajo los pies—, y miras hacia arriba: la cúpula de cincuenta metros de altura sostenida por semicúpulas escalonadas, los vitrales filtrando la luz fría de enero, las şamdans —los gigantescos candelabros bajos de hierro forjado y vidrio— colgando a tres metros del suelo como una segunda atmósfera dentro del espacio. Apenas había gente —ventaja de viajar fuera de temporada— y la combinación de cúpula vacía, luz indirecta y silencio relativo nos cogió de imprevisto. Estuvimos sentados un rato en la alfombra dejando que los ojos se acostumbraran. Es de los lugares que valen el viaje a Estambul por sí solos.
Las mezquitas otomanas, a diferencia de algunas iglesias católicas que conocemos, son bastante abiertas al visitante: te dejan moverte por dentro libremente siempre que respetes el silencio y el espacio orante.
Tarde en el Gran Bazar y vuelta cruzando el Cuerno de Oro
De la Süleymaniye al Gran Bazar (Kapalı Çarşı, «mercado cubierto») son cinco minutos a pie. El Gran Bazar es uno de los mercados cubiertos más antiguos y grandes del mundo: 64 calles internas, 4.000 tiendas, 22 puertas, una superficie de unas 30 hectáreas y una historia de seis siglos —se inauguró en 1455, dos años después de la caída de Constantinopla, sufrió un gran incendio en 1894 que obligó a una restauración total bajo Abdul Hamid II, y ha llegado a 2015 con su trazado original prácticamente intacto. Caminar por dentro de día, en enero, era un alivio: hacía calor, las luces de los puestos rebotaban en los miles de objetos colgados —alfombras, lámparas de cristal de colores, cobre, cuero, joyas, especias, evil eyes— y la cantidad de gente, sin ser desbordante, alcanzaba para sentir el rumor permanente del regateo como banda sonora del paseo.
Lo que sí compramos fueron unas botas en una calle de tiendas deportivas pegada al bazar: no eran caras, parecían sólidas y eran impermeables :-). .
Volvimos cruzando otra vez el Cuerno de Oro, esta vez por el Puente de Atatürk —más al oeste que el de Gálata, menos turístico, con vistas distintas— y subimos por las callejuelas empinadas hacia Şişhane, la estación de metro al final de İstiklal, justo encima de Gálata. Ya era tarde, hacía más frío, las farolas se iban encendiendo. Una de las cosas que aprendes pronto en Estambul es que el día se hace corto en enero —se va la luz a las cinco y media— y que el paseo nocturno se gestiona mejor con un destino concreto.
Cena en un meyhane elegante y vuelta a casa
Cenamos en un restaurante elegante del barrio, uno de las meyhanes tradicionales—, mesa pequeña, vino turco… La cuenta no fue baja para Estambul de 2015 pero tampoco escandalosa para lo bien que cenamos. De las mejores cenas del viaje, según mi memoria; Nagore lo confirma cada vez que sale el tema.
Subimos andando al apartamento por las callejuelas oscuras de Beyoğlu, ya cansados pero con la cabeza llena. Nagore se estaba poniendo mala 🙁 y como adelanto: ese mismo apartamento donde estábamos durmiendo se nos quedaría sin luz al día siguiente. Pero eso ya es otra historia.


























































































