Descubriendo Andasibe

Nuestro primer sábado en Madagascar. La casualidad ha querido que Raquel tenga un teambuilding de su empresa en la zona de Andasibe. Así que el plan que previmos para el finde es acudir el sábado al pueblo que se encuentra a los pies del parque natural Andasibe-Mantadia

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En route

Para lo que son las distancias en Madagascar, Andasibe se encuentra relativamente cerca de Tana. A unos 160 kms, sin embargo, debido al estado de las carreteras el trayecto nos llevará unas 4 horas.  Salimos de casa y todavía en Tana compramos algunos dulces para acompañar el trayecto.

Yo estaba algo pocho – creo que más del atracón de carne del día anterior que de otra cosa – y pasé parte del viaje durmiendo, pero los ratos que iba despierto tuve las primeras sensaciones de la impresionante belleza natural de la isla. Adrien iba conduciendo y eso siempre es más cómodo que nuestros queridos taxi brousse, que conoceremos la siguiente semana. Recorrer la isla por carretera es precioso pero también cansado.

Las carreteras, incluida la más transitada del país – la route nationale 7 – son mantenidas además de por el gobierno por los vecinos que hacen pequeños arreglos y piden la voluntad a los conductores. La velocidad media rondará los 40 km/hora y aquí y allá, averías, baches u otras cosas son marcadas con ramas de arbustos que cumplen la función de triángulos de precaución. 

A estos menesteres ruteros dedicamos la mañana, además de parar a comprar unos enormes tiestos, hasta que llegamos al pueblo de Moramanga, en el cruce de dos carreteras principales donde nos dispusimos a comer.

El arroz, como en otros lugares del mundo, pero quizá más aquí es la base absoluta de la alimentación. El arroz ​​incluso se consume en bebidas: el Ranonapango Ranovola que significa, literalmente, “agua de plata”, es quizá la bebida nacional malgache.

Pese al enorme tamaño de la isla, el tratamiento del suelo y otros factores han hecho que sólo una superficie del tamaño de Bélgica sea cultivable. Ya habíamos leído que hace unos años una compañía coreana, alquiló de hecho por 99 años el 50% de todo ese terreno, para cultivarlo y enviar la producción a Corea lo que provocó la caída del gobierno malgache.

Yo andaba con mi mal del viajero (que forma más bonita de decirlo) así que acompañé mi comida de ranonapango, pero no terminó de funcionar. Hasta bastante más tarde ese día no comenzaría sentirme bien.

El pueblo de Andasibe

Tras la comida pusimos rumbo, ahora ya sí a Andasibe. Llegamos al hotel de bungalows que Raquel nos había reservado, dejamos nuestras cosas y salimos a descubrir el pueblo, que Adrien ya conocía.

Fue la primera vez que visitábamos un pueblo africano y para mí era una sensación interesante. Me sentía como un “visitante ajeno” Andasibe es, además, un pueblo pequeño, con suelos sin asfaltar, al que hace mucho tiempo que no llega ningún tren a su preciosa estación. Yo tenía la sensación de que todo el mundo estaba pendiente de nosotros. (Que muy probablemente no; salvo un señor mayor que se puso a hablar con nosotros un rato en francés; Adrien nos contaba que la gente mayor habla mejor francés que la joven)

Estuvimos paseando por las calles, hasta la puerta del sol. En el campo de arroz, los niños jugaban a volar cometas y los jóvenes andaban preparándose para disfrutar del sábado por la noche. Poco a poco nos fuimos retirando hacia el coche para volver a nuestro hotel. Una cena, que yo apenas toqué, y a dormir.

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