Hoy nos espera otro día muy guay. Primero desandaremos algo de camino y luego continuaremos hacia el norte.
Desayunamos tranquilamente, casi lo mismo que cenamos el día de antes. Las vistas son espectaculares. Se está realmente bien. Fuera hace unos 3 o 4 grados bajo cero pero hace sol. No sé porqué estamos oyendo «La Gozadera» mientras hacemos la maleta. Antes de volver al coche veremos por qué nos dejaron una rasqueta tamaño familiar en el coche el día que lo alquilamos.
El plan de por la mañana es ir – hoy sí por fin – a Denali, al parque nacional. Como casi todos los días que estemos en Alaska nos costará bastante hacer pocos kilómetros pues paramos cada dos por tres a ver el paisaje o cualquier cosa que nos llama la atención. Así es cómo nos paramos a tomar unas fotos de los vagones del Alaska RailRoad. Con estos fondos, cualquier foto queda bonita. (Aunque justo esta no demasiado)
Denali National Park y en la carretera de nuevo
Lograremos llegar a Denali sin volver a parar. Justo este año, los parques nacionales estadounidenses cumplen 100 años. Denali fue uno de los primeros. El parque es espectacular. Prácticamente lo tuvimos para nosotros solos y además no nos cobraron entrada. Ventajas de viajar en primavera. Contamos la visita al parque en nuestra colaboración mensual con la comunidad del Club Marco Polo. Lo que no contamos allí es lo que nos impresionaron las papeleras anti osos que hay por el parque. 🙂
Tras la visita tuvimos la ocasión de descansar en el centro de visitantes de invierno y primavera, disfrutando del fuego de una hoguera mientras veíamos las montañas nevadas al fondo.
La mañana está siendo genial. Nos encaminamos ya hacia el norte, pues tenemos unas cuatro horas por delante hasta llegar a Fairbanks, la segunda ciudad más grande Alaska. Paramos a los 10 minutos 😉 Nos impresiona el río Tanana. Casi completamente congelado a su paso por el pueblecito de Denali. Hace mucho viento, pero las vistas son espectaculares.
Seguimos camino. 10 minutos. Nueva parada. Esta más o menos prevista. Vamos a intentar comer en Healy. Tras intentarlo en una licorería, finalmente encontramos Totem Inn. No había mucho más, salvando un food truck de comida thai un poco antes. Se ven varios sitios tailandeses por Alaska, lo que tiene mérito pues no se ven muchos en general. (Y por cierto, hay tabasco en casi todos los sitios). Nos atiende Crystal, muy amable, como todo el mundo por aquí que nos servirá nuestra comida habitual (two soups of the day, please) Nos moló la especie de invernaderos individuales que tenían para cultivar lo que pensamos que eran hierbas para cocinar.
Y ya con el estómago lleno volvimos al coche para seguir subiendo al norte, ahora sí, hacia lo desconocido. Hacía buen día – dentro de lo que cabe – así que tenía buena pinta. En la radio sonaba, cuando había cobertura, real country. El camino es todavía más espectacular, si cabe, que el del día anterior. Poco a poco va habiendo menos árboles y bajando algo la temperatura. La carretera es recta, muy recta. Va haciendo una subida poco pronunciada pero muy larga y una bajada similar más adelante hasta que llegará a Fairbanks. Antes hemos pasado por la ciudad intermedia más grande, Nenana, donde hemos repostado en la Chevron y donde hemos cruzado el río Tanana en su desembocadura en el propio río Nenana, que cruzaremos más adelante también. A nuestra vuelta hacia el sur, unos días después, pararemos en la pequeña ciudad. Y molará mucho.
Llegada a Fairbanks
Llegaremos a Fairbanks sobre las 18:00 y nos costará un poco encontrar el hostel. Que en el fondo es una casa. Llegaremos y nos recibe Kay Helen «una vecina que conoce la casa». Nos da nuestra habitación y nos quedamos un rato en el sofá viendo qué hacer. El lugar no es lo que nos esperábamos pero no esta mal. Al poco llegará Alex, el dueño, quien muy amable nos cobra y nos sugiere que vayamos para Ice Alaska. Hasta nos pinta un mapa. Cree que es el último día del campeonato mundial de esculturas de hielo. Así que para allí nos vamos. Pero justo ha terminado el día anterior así que lo que podemos ver es el parking y las esculturas exteriores que ya se van derritiendo.
Nos vamos a buscar un sitio para cenar y Fairbanks esta casi desierta. (Más adelante sabremos que la ciudad es más grande de lo que pensábamos) Vamos al Mecca, que es un pub y no parece que den de cenar, después a un thai (lo dicho, siempre hay uno) pero ya está cerrando… al final vamos a la carretera del aeropuerto donde hemos visto algún McDonalds, Wendy´s… a ver si hay suerte. Sí, hay. Más aún. Encontramos el Airport Way. Un sitio bastante auténtico, con área para fumadores, abierto 24 horas y donde las camareras nos preguntan de dónde somos. (Nos pasará bastante) Sandwich y sopa del día (de la noche ya, alubias!) y prontito a casa. Al llegar tenemos buenas noticias, Alex nos ha cambiado la habitación a una privada. A dormir.
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