Amanece que no es poco

Quizá este día no pase a la historia de nuestra vida, pero sí lo hará a la de la India. Mientras dormíamos, el gobierno demonetizó los billetes de 100 y 500 rupias. Se trata de una medida contra la corrupción y el dinero negro. Durante los próximos días tendríamos la ocasión de hablar con varias personas y todas parecían contentas con la decisión… pero nosotros no sabíamos nada de eso aún.

Desayuno y a preparar a los dromedarios

Efectivamente, el chai ya estaba listo cuando abrimos el ojo. Si el día no pasará a nuestra historia, el despertar sí lo hará. En medio del desierto del Thar. (Bueno, en medio tampoco, que esto es como el “Último superviviente” que tiene la carretera al lado oculta  a la cámara 😉

Mientras hablábamos de la noche con nuestros compañeros polacos, nuestros anfitriones fueron preparando a los dromedarios y dejándolo todo listo para el retorno a Jaisalmer. Tendríamos dos horas por delante hasta volver a “la civilización”.

Vuelta a casa

Pasamos el rato entre los animales, completamente ajenos a nosotros. Al rato se quedó todo recogido. Los chicos volverían esa misma noche con otros viajeros turistas. Pronto estuvimos listos para montar.

El paseo de vuelta fue más tranquilo que el del día anterior. Todavía no hacía demasiado calor y la perspectiva de tener una cama y una ducha tras dos días sin ellas era bastante apetecible.

El día tuvo poca historia más. Llegada a nuestra casa. Disfrutar de la gran cocina del Rajasthan y de un rato de charla con un chico catalán – estudiante en Jaipur – que se iba para el desierto. Tarde tranquila. Perder el cargador del móvil. Escribir, colada. Pensión completa 🙂

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