Otro día que dará para mucho. Paseos por la mañana, paseos por la tarde en la Chapelle de Trémalo con el Cristo amarillo de Gauguin, y en Quimperlé con la iglesia Sainte-Croix románica y las ruinas de Saint-Colomban, y tensión y delebración al final de del día: gol de Ferran Torres en el 105′.
Hoy me levantaré un rato antes que nadie, un poco temprano, para rematar posts del blog. Nagore y Julen aparecerán después; Julen se acomoda a ver la tele en el sofá, como yo de pequeño 🙂 Cargamos el coche a media mañana y, antes de salir del pueblo, hacemos por fin el desvío que queríamos hacer desde el primer día — y del que siempre nos habíamos olvidado —: la escultura monumental hecha con neumáticos de Pont-Aven, ese totem al reciclaje que hay en uno de los accesos al pueblo.
Kerascoët: el hameau de chaumières de Névez
De ahí ya a la comuna vecina de Névez, la misma de nuestra playa del jueves —. Objetivo: el hameau de chaumières de Kerascoët, uno de los últimos pueblos con casas de tejado de paja que quedan en toda Bretaña — «como el pueblo de Astérix y Obélix», dice Nagore al bajarnos del coche —. Nos recibe muchísimo viento desde el Atlántico.
Kerascoët es un pequeño hameau del municipio de Névez que ha conservado prácticamente intacto el estilo constructivo de la chaumière bretonne: casas bajas de un piso con muros de pierre debout (grandes bloques de granito verticales, sin cemento) y techo de chaume — paja de centeno o de roseau —. Es una arquitectura sin arquitectos, adaptada al viento y a la humedad del Atlántico, que hasta la posguerra fue la habitual en toda la Cornouaille. En el siglo XX los tejados de paja se sustituyeron masivamente por pizarra por miedo al fuego, y las chaumières quedaron reducidas a un puñado de rincones — Kerascoët, Kerlévénez, Poulguin, Kerhoret —. Hoy están protegidos como conjunto tradicional, se restauran con las técnicas originales (una techadura nueva cuesta un ojo de la cara y dura 30-40 años) y son destino obligado del turismo cultural del Finistère. En Kerascoët puedes recorrer una veintena de estas casas por las calles interiores del hameau, saludando a los vecinos que las habitan de verdad — no es un museo al aire libre, es un pueblo vivo —.
Pueblo súper tranquilo, con un bar y ya está — una urbanización, como dice Nagore —. Las casas son preciosas: muros de granito, tejados de paja tejida en capas, malvas trepando, un buzón azul con querubines pintados, macetas por las ventanas. Un vecino con una escalera arreglando el remate del tejado con un rastrillo. Nagore se detiene en la casa nº 18 con las contraventanas verdes, frente a una mariposa colibrí (Macroglossum stellatarum) libando de una lavanda a diez centímetros del hombro, quieta unos segundos. Camino corto de vuelta al coche y hacia la playa
Playa de Kerascoët / Dourveil: la Bondi Beach bretona
De Kerascoët hasta la Plage de Dourveil — la cala que sirve al hameau, con arena clara, agua turquesa y esas rocas de granito rosado tan de Névez —. Alguna casa de veraneo alrededor, pero muy poquitas y todas alejadas de la zona de baño, así que desde la orilla parece que no haya nada en kilómetros. Nos recordó a Bondi Beach y a Bronte Beach de Sídney.
Julen muy pesado con el «andando andando», fuimos hasta el acantilado con mucho cuidado, unas fotos preciosas ahí. De vuelta, pasamos por Kercanic más pequeño que Kerascoët — no aparcamos, pero yo me bajé un momento a hacer una foto a un Citroën 2CV antiguo con la matrícula francesa negra, esa de antes de la UE, que me impresionaba de niño cuando venía a Francia y la moneda todavía era el franco.
De vuelta a casa a comer, paramos a echar gasolina y, escena típica del día: echamos por error en el Intermarché del cruce — no nos dimos cuenta hasta después de pagar —, porque en nuestra cabeza estábamos entrando al AVIA de enfrente. Las dos gasolineras están pegadas y hasta ese punto se parecen que no distinguimos el logo. 🙂
Comida en casa: Nagore hace un puré con calabacín. Le pusimos a Julen unos dibujos de un pájaro francés para cambiar un poco, no le engancharon. Un ratito de Tour de France — el pelotón dando la etapa 15, del Jura al Plateau de Solaison —. Y — momento oro — abrimos el álbum del Tour y el juguete-figurita de España que compramos ayer: sale Nico Williams. Casualidad total: esa misma tarde daría la asistencia decisiva del Mundial. Pero no lo sabíamos, claro.
Bois d’Amour, viaducto y Chapelle de Trémalo
A media tarde salimos a dar una vuelta por Pont-Aven. Cruzamos el viaducto del antiguo tren — la vía convertida en paseo verde con vistas al Aven —, y bajamos al Bois d’Amour, el bosque de los enamorados. Julen quiere andando otra vez. Esta vez con calma, con el sol filtrándose entre los robles del bosque en el camino de bajada. Fue un paseo muy agradable. Yo en chanclas…
Interior de la capilla, un lugar singular, memorable: el crucifijo policromado del siglo XVII tallado en madera — Cristo estilizado, amarillo, sin barba, con los brazos casi horizontales — que Gauguin transformó en 1889 en «Le Christ jaune», un óleo que fundó el sintetismo. Nagore se queda enganchada — «qué bonita, es una pasada, y por dentro también» . Nagore se fija en las sablières talladas — las vigas horizontales del techo, con relieves policromados que representan escenas del bestiario medieval bretón del siglo XVI —. Ahí, entre santos y grifos y cabezas grotescas, aparecen cosas llamativamente poco eclesiásticas: el románico rural bretón siempre fue más sincrético de lo que aparenta —.
Quimperlé: Église Sainte-Croix y ruinas de Saint-Colomban
A media tarde, coche hasta Quimperlé — media hora al este, ya en el límite del Morbihan —, la ciudad de los «tres ríos» (Ellé, Isole y el Laita que forman al juntarse). Aparcamos arriba del todo, en la plaza junto a la iglesia Notre-Dame.
Bajamos por las calles medievales del casco antiguo con casas de entramado de madera hasta el mercado. Escaparate con cámaras de fotos vintage — Pedro se queda dos minutos —, cartel de fest’in Moëlan anunciando conciertos, señales bilingües francés-bretón («Porz-houarn ha Kirri-boutin», señales D783 / D765). Pasamos por delante de la Biscuiterie Louis Le Goff, la Sous-Préfecture del Morbihan, el Cinéma La Bobine y una farmacia con fachada modernista. Sticker de sandía por Palestina en un poste, muy bretón también.
La joya de la ciudad, sin embargo, está abajo: cerca del mercado, la Église Sainte-Croix — iglesia románica del siglo XI, de planta circular como el Santo Sepulcro de Jerusalén (una rareza en el arte románico francés) —. Hacemos lista mental de las iglesias circulares que hemos visto en la vida: una en la Selva Negra alemana, otra en Turín, y sobre todo aquella tan antigua de Zadar, en Croacia, que nos encantó. Interior sobrio, bóveda semiesférica, y bajo el ábside una cripta con la Mise au Tombeau del siglo XVI — grupo escultórico policromado con Cristo yacente rodeado de los personajes evangélicos, muy expresivo y muy conservado —.
De ahí subimos a las ruinas de la abadía de Saint-Colomban, en la parte alta de la ciudad: paredes descabezadas, arcadas al cielo, y un pequeño café con terraza justo al pie — Le Wagon-lit: cerveza bretona para mí, Orangina para Nagore, la iglesia románica derruida como pórtico del propio parking de la tienda de enfrente, y la la iglesia redonda cerrando la postal. Y ahí, entre trago y trago, la anécdota mágica del día: entro al baño del café y me digo, «si consigo meter la bolita, ganamos el Mundial». Dentro. Horas después, el Mundial cae.
Termina el paseo bajando al río Ellé — puentecillo peatonal con jardín, moliendas viejas rehabilitadas, agua clara con vegetación acuática —. Google Maps decía 26 minutos hasta el coche. Iba a ir yo solo a por él, pero finalmente fuimos los 3 y fue bastante menos. Supongo que me habría equivodado al mirr.
Chez Judi, un policía en la puerta y la final del Mundial
Vuelta a Pont-Aven. Estaba en marcha la previa del partido. Nagore se queda en casa organizando cosas mientras yo bajé andando a por la cena: pizza takeaway en Chez Judi — cerca del puente del Aven, la mejor pizza que hemos comido en toda Bretaña —. En la puerta, hablé un ratín con un policía, con mi francés del instituto. Charla amable y a casa con la caja caliente.
Tele encendida a las 21:00 hora bretona: comienza la final del Mundial FIFA 2026 en el MetLife Stadium (Nueva York). España — Argentina. Julen despierto en el sofá. En el medio tiempo, el novedoso halftime show del formato americano con un montón de artistas en el escenario del estadio.
Final del Mundial FIFA 2026 — MetLife Stadium, East Rutherford, Nueva Jersey. España sale con la formación 4-1-2-3 que Luis de la Fuente ha convertido en canónica desde la Eurocopa 2024: Simón — Carvajal, Le Normand, Laporte, Cucurella — Rodri — Pedri, Fabián — Yamal, Morata, Nico Williams. Enfrente, la Argentina de Scaloni con Messi de 39 años en el once titular, buscando la bicampeonato. Partido largo, tenso, con dominio sostenido de España pero sin gol tras 90 minutos. Se va a la prórroga. En el minuto 105, en la primera parte de la prórroga, Ferran Torres aprovecha un rebote en el área tras asistencia de Nico Williams — sí, exactamente el mismo Nico Williams que nos había salido en el cromo esa misma tarde — y marca a puerta vacía. 1-0 con el que se cierra el partido diez minutos después. Rodri, el capitán, levanta la Copa del Mundo bajo la lluvia de confeti neoyorquino. Segunda estrella para España, dieciséis años después de la de Sudáfrica 2010 (Iniesta contra Holanda). Titulares del día siguiente: Marca: «¡¡OTRA VEZ REYES DEL MUNDO!!»; El País: «ESPAÑA, CAMPEONA DEL MUNDO». Fue la primera final de un Mundial disputada íntegramente en la costa este de Estados Unidos, y la última participación oficial de Lionel Messi en una selección absoluta.
Prórroga con Julen medio dormido, los tres de pie el último rato, y a las 00:44 hora bretona España campeona del mundo por segunda vez. La primera nos pilló en Trinidad, en Cuba. Nuestra celebración inmediata, preciosa, es darnos un beso los tres y llevar a la cuna a Julen.










































































































































































