Royal Albert Hall y el Diplodocus del Natural History

Último día. Vuelo Ryanair FR5998 Stansted → Madrid a las 19:00. Toda la mañana y media tarde por delante para cerrar Londres bien. Plan: las maletas dejadas en el hostal, despedida de nuestra cafetería italiana, Hyde Park y Kensington Gardens a paso lento, Albert Hall y Natural History Museum. Y a las cuatro, bus al aeropuerto. Fue un día que recuerdo como muy guay

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Maletas hechas con bolsas de Primark

Cerramos las mochilas con bastante más de las que habíamos traído: verias bolsas de Primark, las del «celebrating 40 years 2009» que ese año celebraba el aniversario de la cadena con una imagen retro. Las maletas estaban a reventar — uno de esos viajes en los que vuelves con el doble de cosas de las que llevaste, sin saber bien cómo —.

Último desayuno en la ciudad: Café latte, tostadas con mermelada y mantequilla. Guardamos muy buen recuerdo de nuestros desayunos en La Masseria.

Cruzar Hyde Park y Kensington Gardens en línea recta

Entramos por Marble Arch a Hyde Park y nos dejamos llevar por el camino central, el Broad Walk. Las sillas verdes plegables alineadas en filas a lo largo de los prados, el sol bajo de octubre dorando los árboles. Mi madre me había hablado muchas veces de sus domingos en el parque y la Speaking Corner, que a ella – y a casi toda España en la primera mitad de los 70, le parecía algo muy reseñable.

Le pegamos un buen rato a los paneles del Royal Parks — los mapas oficiales con la planimetría del parque y los puntos de interés señalados—. Pasamos al lado oeste, ya en Kensington Gardens, donde está sin duda la mejor sorpresa del día: la estatua de Peter Pan de Sir George Frampton, encargada por J. M. Barrie en 1912 y montada en secreto durante la noche para que apareciera como por arte de magia la mañana del 1 de mayo de aquel año. Peter de pie sobre el tronco con la flauta a los labios, con las hadas, conejos y ardillas trepando alrededor del pedestal. La encontramos casi por accidente paseando por el lado del Long Water.

El Albert Memorial es el monumento que la reina Victoria encargó en 1872 a la memoria de su marido, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, fallecido once años antes de fiebre tifoidea. Diseñado por Sir George Gilbert Scott en estilo neogótico, mide 54 metros de alto e incluye un baldaquino dorado bajo el que se sienta la estatua de Alberto en mármol blanco. Los cuatro grupos escultóricos del pie representan los continentes (América, Asia, África y Europa); los del friso central, los oficios de la Gran Exposición de 1851 que él mismo organizó en Hyde Park. La restauración integral del monumento se completó en 1998.

Frente al memorial se levanta el Royal Albert Hall, sala de conciertos circular victoriana de 5.272 asientos inaugurada por la propia Victoria en 1871. Acoge cada año los BBC Proms — temporada de conciertos clásicos de ocho semanas terminada con el famoso Last Night of the Proms—, los premios Brit, la Royal Ballet School y, ocasionalmente, conciertos de pop y rock. El edificio forma parte del ensemble cultural conocido como Albertopolis, que incluye además el Natural History Museum, el Science Museum, el Victoria & Albert Museum y el Royal College of Music — todos creados en torno a la idea civilizadora del príncipe consorte de difundir las artes y las ciencias—.

Albert Memorial, Royal Albert Hall y el Natural History

Salimos de Kensington Gardens por el extremo sur. Y, antes de cualquier museo, las dos paradas obligadas: el Albert Memorial, ese monumento neogótico con el chapitel dorado y las cuatro alegorías continentales en mármol blanco, mucho más grande de lo que esperábamos; y al cruzar la calle, el Royal Albert Hall, el cilindro victoriano de ladrillo rojo con el friso decorado y la cubierta acristalada en la cúpula. Recuerdo que me encantó el paseo, el ir con Nagore, el edificio…

Y de ahí, doblando dos calles al sur (y viendo otra zona de Londres con sus edficios señoriales), al edificio que también nos fascinó: el Natural History Museum. La fachada victoriana de Alfred Waterhouse (1881), con su piedra terracota y crema, las torres simétricas, los relieves zoológicos en cada hueco. Algo entre catedral y zoológico de piedra. Y la entrada gratis, como prácticamente todos los grandes museos públicos de Londres… peeero no nos daba tiempo, así que solo dimos un paseo.

Dippy el Diplodocus y un T-Rex animatrónico

El Hintze Hall nos recibió con Dippy — el esqueleto del Diplodocus de 26 metros que presidía la entrada del museo desde 1979—.  Y volvimos al Hintze Hall por la galería superior. Foto con el trono de secuoya y selfie en el balcón con la bóveda decorada al fondo. La última foto del viaje.

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De Marble Arch a Madrid

De South Kensington a Marble Arch por metro. Recogimos las maletas en el Berkeley Court y cogimos el National Express en Marble Arch hacia Stansted. Setenta minutos largos por la M11 — esta vez sin escala mental en Cambridge, ya no había sorpresa —.

FR5998 Stansted → Madrid, embarque cuarto de hora antes del horario, taxi-roll, despegue. Cinco días en Londres metidos en una mochila. Aterrizaje en Barajas pasada la medianoche. Metro hasta casa con las dos maletas a cuestas y la sensación rara de los regresos largos: esto va a haber que repetirlo. Yo volvería por curro, pero tardaríamos bastantes años en volver juntos. De hecho un par de veces tuvimos que cancelar viajes a Londres. (En una de esas cancelaciones nos fuimos a Bucarest)

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