Último día del finde. Lo aprovechamos para lo que más tenía sentido cerrar: la visita guiada al Palazzo Pubblico —no se podía entrar el día anterior porque el parlamento estaba en sesión—, el museo y pinacoteca de San Francisco, un paseo por el campo bajo un tori y conseguir monedas 🙂
El Palazzo Pubblico) es la sede del Gobierno y del Parlamento de la república. Su edificio actual, neogótico, es de 1894 —obra del arquitecto romano Francesco Azzurri— pero el solar lleva siendo centro político del país desde el siglo XIV. Dentro están la Sala del Consejo —donde se reúne el Gran y General Consejo de 60 miembros, el parlamento sammarinese— y la Sala de los Capitanes Regentes, donde despachan los dos jefes de Estado que toman posesión cada 1 de abril y 1 de octubre. La fórmula bicéfala lleva en marcha desde 1243 y es la magistratura electiva más antigua del mundo todavía operativa: cada Capitán Regente solo puede mandar seis meses, y solo puede repetir tras un descanso de tres años, lo que vacuna al sistema contra la concentración de poder.
La filatelia y la numismática son una fuente de ingresos significativa para San Marino desde finales del XIX. La primera emisión de sellos sammarinenses es de 1877 y desde entonces el país publica decenas de emisiones especiales al año —pilotos de Fórmula 1 y MotoGP, equipos de fútbol, efemérides europeas, papas, deportistas— que coleccionistas de todo el mundo compran sin pisar nunca el Monte Titano. Lo mismo con las monedas euro: aunque San Marino no es miembro de la UE, tiene acuerdo monetario con Italia desde 2002 y emite su propio euro sammarinense —con tirada limitada y diseño nacional en el reverso— que casi nunca circula en la calle y se vende directamente a coleccionistas. Es una economía pequeña, ingeniosa y muy basada en su propia historia: vender soberanía simbólica a precio razonable.
Desayuno en Doda Café
Salimos del hotel y dejaamos las maletas en el coche, listos para no volver a pasar por allí. Bajamos a desayunar al sitio donde habíamos estado el día anterior. A mi me gustó más que a Nagore. Era un poco incómodo con el carro, pero eran amables.
Visita al Palazzo Pubblico
Después fuimos al Palazzo Pubblico)Vimos la Sala del Consejo —la cámara donde se reúnen los 60 miembros del Gran y General Consejo— y la guía nos contó cómo funciona el sistema bicéfalo: dos Capitanes Regentes que gobiernan a la vez durante seis meses, una fórmula que hereda directamente de los cónsules romanos. Era la primera vez de Julen en un parlamento (nosotros sí habíamos estado en el Congreso de los Diputados) en Madrid y en el de Bucarest, el Capitolio no pudo ser)—, así que algo de hito hubo, aunque él no se enterara.
La guía recordó que San Marino es el estado soberano más antiguo del mundo en funcionamiento continuo y proyectó un vídeo histórico bajo la escalera que recapitulaba la fundación, la edad media, la lucha por la independencia, la neutralidad. Una de las personas que coordinaba la visita era una chica que nos atendió bien y a Yulen le hizo gracia.
Museo de San Francisco y monasterio sintoista
Cerca de la puerta por la que habíamos entrado todos los días al casco viejo— había otro museo más del paquete combinado, y entramos a verlo sin ambición. Lo más bonito para nosotros fue la propia galería acristalada. Sin más, cumplió. Salimos sin prisa.
Ya con el coche, decidimos visitar un sitio que yo había visto en Google Maps. Se trata del monasterio San Marino Jinja en el municipio de Serravalle. Tras aparcar y de camino pasamos por un estanque y una granja con varios animales. Yo estuve un rato cambiando monedas en el cajetín de donaciones: revisando, dejando las que no tenía y quedándome con las que faltaban en mi colección. Fue un rato bueno para Julen, que descubrió un gallo, dos gallinas, un pavo y un conejo. Era su primera vez con animales así de cerca y estuvo divertido.
Estadio Nacional, frontera con Italia y café del cambio
De camino a la salida pasamos por el Estadio Olímpico de Serravalle —que es el estadio nacional de San Marino, donde juega la selección sammarinense, célebre por perder casi todos sus partidos— y el Museo Olímpico que no encontramos abierto.
Cogimos el coche y bajamos hasta la frontera con Italia, aparcamos del lado italiano y estuvimos un rato haciendo fotos en la línea fronteriza — esa «frontera internacional» con el cartel a un lado y otro y nada físico que separe los dos países. Entramos a una cafetería en el lado de San Marino a tomar un último café antes del aeropuerto. Lo divertido fue el cambio: la dueña, cuando le pregunté si tenía monedas locales sammarinesas, sacó una bolsita de cambio distintas con todas las que tenía y me las cambió todas. Una de esas veces que me siento contento de no tener vergüenza a preguntar y que valen su peso en oro para el colecciononismo.
Aeropuerto de Bolonia y vuelo a Madrid
Camino al aeropuerto. La idea era haber visitado Ravenna y alguna de las ciudades de la Pentápolis, pero se quede pendiente, pues no era cuestión de apurar tanto. Devolvimos el coche, nos recogió la van y al Aeropuerto Marconi de Bolonia. La terminal todavía tenía algunos rincones con árboles de Navidad puestos.
Julen aguantó el vuelo tranquilo, como ya comenzaba a ser costumbre. Madrid, metro y a casa. Final feliz para tres días en un país que no tenemos en cabeza al planificar pero que merece mucho la pena: pequeño, raro, en pleno invierno se queda solo para ti, y deja muchas más historias por kilómetro cuadrado de las que cabría esperar.


