Madrid–Buenos Aires, Ezeiza con gripe A y primer paseo porteño

El 11 de mayo de 2009 – a la 1:25-  salíamos de Madrid rumbo a Buenos Aires. Era mi primer viaje transoceánico, así que la mochila iba con nervio extra y la sensación de «esto sí cuenta como viaje». Aterrizaríamos en Ezeiza con un control de pasaportes interminable —en pleno arranque del brote de gripe A, y a disfrutar de nuestro primer día en el hemisferio Sur.

Buenos Aires se fundó dos veces. La primera, en 1536, por Pedro de Mendoza, terminó destruida por los enfrentamientos con los pueblos originarios y abandonada en 1541. La segunda, definitiva, fue en 1580 por Juan de Garay, sobre el actual emplazamiento de la Plaza de Mayo. La ciudad fue durante siglos un puerto secundario del Imperio Español —el comercio iba por Lima, no por Buenos Aires— hasta que la independencia argentina la convirtió en capital y centro económico, y la inmigración masiva europea de finales del XIX y principios del XX la transformó en una de las grandes urbes hispanohablantes del mundo: en 1914 uno de cada tres porteños había nacido fuera de Argentina, mayoritariamente en Italia y España.

La Plaza de Mayo ha sido escenario de la mayor parte de la historia política argentina contemporánea: el Cabildo Abierto del 25 de mayo de 1810 que dio inicio al proceso de independencia, las masas peronistas del 17 de octubre de 1945, los discursos de Eva Perón desde el balcón de la Casa Rosada, las Madres de Plaza de Mayo dando vueltas a la pirámide desde 1977 reclamando por sus hijos desaparecidos durante la dictadura, los cacerolazos del corralito de 2001. Es la plaza-síntesis del país.

La víspera: salida nocturna de Barajas

El día 10 de mayo, Sergio, Santi y Miquel habían venido de Alicante a mi piso de Fuencarral pueblo. Todo había empezado por una promoción de Iberia de «Nos apretamos el cinturón» que ofrecía vuelos a Sudamérica a precios muy ajustados. A priori iba a ir con Nagore , Vanesa… a Puerto Rico. Pero vi una oferta a Buenos Aires i/v por 480€ y como Mario estaba de beca en Mendoza,  propuse el viaje a Sergio. Entre medias, esos días, pedí permiso a Fernando para irme de vacaciones en mayo, me dijo que no, me equivoqué al preservar el vuelo y lo compré, así que el plan se materializó solo 🙂

Recuerdo pasar la tarde escuchando a Vetusta Morla e ir preparándonos para ir al aeropuerto, a la Terminal 4 con sus pilares de colores que en ese momento todavía olían a estreno —se había inaugurado en 2006— y con los carteles de «Madrid 2016» con la candidatura olímpica que España estaba a punto de perder a finales de ese año a manos de Río de Janeiro.  Recuerdo también que fue la primera vez que vi gente con kipá, en la cola de embarque.

Vuelo, Ezeiza con la gripe A y llegada al hostel

Dormiríamos algo en el avión, y aterrizamos en el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, conocido como Ezeiza, a las 8:40 de la mañana del 11. Era la segunda vez que salía de Europa. En el control de pasaportes había una cola enorme, complicada precisamente por el brote de gripe A H1N1_de_2009) que la OMS había declarado pandemia apenas semanas antes.

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Pasados los controles, cogimos un remís que habíamos reservado por internet  —el equivalente porteño del taxi pero con ligeras diferencias prácticas: tarifa cerrada, sin taxímetro a la vista, normalmente reservado en una agencia— y el conductor nos llevó al hostel que habíamos reservado en la calle Chacabuco 718. Soltamos las mochilas, descansamos un rato en las literas y salimos a darle el primer bocado a la ciudad.

Comiendo en la Plaza de Mayo

El primer paseo fue, casi por decreto, hacia la Casa Rosada y la Plaza de Mayo. Comimos en el patio interno del Cabildo de Buenos Aires (oficialmente el Museo Histórico Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo).

Atardecer en Puerto Madero, Obelisco y noche por Callao

Después de comer bajamos a Puerto Madero, el barrio reconvertido a finales de los 90 sobre los antiguos diques portuarios. Me recordó a Dublín —al Docklands del Liffey, con torres de cristal pegadas al agua—, esa misma sensación de ciudad reciente sobre lo que fue puerto industrial. Vimos un barco amarrado en uno de los diques —probablemente la Fragata ARA Presidente Sarmiento) o la Corbeta ARA Uruguay, las dos buques museo del puerto— pero no recuerdo cuál con exactitud. Santi ejerció bastante de guía durante el día.

De Puerto Madero subimos hacia el Obelisco —el monumento de 1936 en la intersección de la Avenida 9 de Julio y la Corrientes, levantado para celebrar los 400 años de la primera fundación de la ciudad—, paseamos por la zona y terminamos cerca de la parada de metro de Callao, donde tomamos algo, luego compramos algo para comer y estuvimos cenándolo por la plaza del Congreso, antes de volver al hostel a dormir. La primera noche porteña, sin grandes ambiciones, terminó sin más drama que el cansancio acumulado.

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