La mejor piscina pública del mundo

Hoy comienzan nuestras minivacaciones en Provenza y Costa Azul. Puesto que en menos de seis meses comenzamos la vuelta al mundo, este 2025 tendremos vacaciones de 4-5 días.  Por ahorrar pasta y guardar días de vacaciones. (Mi excedencia empezará el 14 de febrero, pero saldremos el 10 de enero)

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Esta semana toca ir a ver el florecimiento de la lavanda en la Provenza. Quizá el primer y único viaje que decidí hacer inspirado en Instagram. Y también porque Marta García me habló muy bien creo. Spoiler: no lo logramos. El vuelo lo teníamos que comprar con antelación, claro, y cuando mañana llegaríamos a los campos, ya habían recogido la lavanda. Lo lograríamos años después en Brihuega. Mucho más fácil, igual de bonito.

Nagore y yo aterrizamos en Marsella a mediodía, cogemos un Renault Clio de alquiler y arrancamos rumbo al norte, hacia los Alpes de Haute-Provence. La radio en RFM 107.1. Objetivo del día: llegar a dormir a nuestro alojamiento en el pequeño pueblo de L´Escale. 

Rumbo a Francia

Salimos en el Ryanair 5446 de las 12:25 Aterrizamos en el Marseille Provence Airport puntuales, a las 14:15. La terminal 2, a la que llegamos parece una estación de autobús antigua de un pueblo. Esa será nuestra única imagen de Marsella. En el momento de escribir esto (2026, de nuevo en Francia, Bretaña) aún no hemos vuelto. Recogida rápida del Clio y a la A51.

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Autopista A51 al norte, luego A8 al este, con las mesetas de Aix-en-Provence deslizándose por la ventana. Vimos desde la ventanilla Les Pénitents des Mées (los «Penitentes de Les Mées»), una de las formaciones rocosas más icónicas de los Alpes-de-Haute-Provence, justo al lado de L’Escale,  el pueblo de Les Mées asomando a la derecha.

En poco más de una hora y cuarto habíamos llegado ya a L´Escale,un pueblo rural provenzal (uno de tantos: fuentes de piedra, plataneros, mercado cerrado a esa hora). El pueblín estaba desierto y el alojamiento aún no estaba disponible. Aprovechamos para comer algo en el estanco/bar/loterías.

La ProvenzaProvence en francés — cubre la esquina sureste de Francia entre el Ródano y los Alpes, desde el Mediterráneo hasta la meseta de Valensole. Fue provincia romana (de ahí el nombre, Provincia Romana), ducado bajo los condes de Provenza, y territorio anexado por Luis XI en 1481. Su identidad se construye alrededor de tres cosas: el langue d’oc (occitano) — recuperado en el XIX por Frédéric Mistral, Nobel de Literatura 1904, con el Félibrige —, la luz — la misma que atrajo a Cézanne a Aix, a Van Gogh a Arles y a Chagall a Saint-Paul-de-Vence —, y una cocina de olivo, tomate, ajo, hierbas y sol. Los Alpes de Haute-Provence son el interior alto y áspero — cañones, mesetas, ríos glaciares — que se abre entre el Verdon y Digne. Aquí el turismo es más discreto, con Digne-les-Bains como capital termal.

Plan d’Eau des Ferréols (Digne-les-Bains)

Después de comer decidimos salir a dar una vuelta con el coche. Y nos llevamos una formidable sorpresa cuando nos encontramos con el Plan d’Eau des Ferréols, un pequeño lago de baño artificial a las afueras de Digne-les-Bains. Aparcamos, nos pusimos el bañador y al agua. Familias del pueblo con neveras y sombrillas, chavales lanzándose de cabeza desde la orilla, mesas de picnic bajo pinos. Baño largo. Además estrenábamos la SJCAM, que habíamos comprado a Judith y Javier en su emprendimiento.

Al atardecer volvimos al alojamiento, una casa rural con emparrado, terraza sobre el valle y decoración interior con vinilos y guitarras colgadas, y conocimos a Eric, fotógrafo de músicos. Hora dorada, luz de miel, y un rato de descanso antes de bajar al pueblo a cenar.

Chaudon-Norante y cena en la Brasserie L’Étoile

Al anochecer bajamos al núcleo próximo (Chaudon-Norante, pueblo minúsculo por el que pasa el histórico Train des Pignes — la línea de vía métrica entre Niza y Digne — con su estación abandonada asomando entre matorrales, muy fotogénica bajo la luna llena de esa hora azul). Cena en la Brasserie L’Étoile de la Rue de Provence — Orangina, Affligem Tripel, plato del día del interior provenzal — y vuelta a la terraza del alojamiento a charletear y ver el valle iluminado, antes de dormir.

El Train des Pignes es la ligne des Chemins de Fer de Provence Niza – Digne-les-Bains, una vía métrica de 151 kilómetros construida por tramos entre 1890 y 1911 para conectar la costa mediterránea con los Alpes de Haute-Provence sin cruzar el Ródano. Diseñada por el ingeniero Louis-Antoine Barlatier de Mas, es una obra maestra del génie civil alpino: 25 túneles, 15 viaductos, pendientes del 25 ‰, curvas cerradas por gargantas del Var y del Verdon, y un puñado de estaciones-fortín de piedra que parecen puestas ahí a propósito para hacer bonito. El apodo — «Tren de las Piñas» — nace en los años del vapor y tiene su leyenda: como los trenes iban tan despacio en las cuestas del interior, los pasajeros podían bajarse en marcha a recoger pignes (piñas, en occitano) para las calderas del propio tren, y volverse a subir sin perderlo. Otras versiones dicen que las locomotoras de vapor tender de la compañía se alimentaban directamente con piñas secas del pinar cuando escaseaba el carbón. Hoy la línea sigue en servicio con automotores modernos, y es una de las siete últimas líneas de vía métrica de Francia continental — junto a la Petite Ceinture de Córcega, el Blanc-Argent y algún ramal alpino más —.

Su relación con Napoleón es geográfica y casi coreográfica: la Route Napoléon — la N85 —, que el emperador recorrió del 1 al 7 de marzo de 1815 durante el vol de l’aigle tras el desembarco en Golfe-Juan al escapar de la isla de Elba, atraviesa los mismos valles del interior que el ferrocarril sesenta años antes de que se pusiera la primera traviesa. La ruta imperial va por Cannes, Grasse, Séranon, Castellane, Barrême — donde Napoleón durmió la noche del 3 al 4 de marzo en una casa de la Rue de l’Église — y Digne-les-Bains, exactamente por donde el tren pasa hoy: la estación de Barrême sigue en pie, la de Chaudon-Norante — la que asoma abandonada en las fotos de aquella noche del 28 de julio de 2015 con la luna llena — está a apenas dos horas a pie de la anterior parada del emperador, y toda la sección Saint-André-les-Alpes → Digne del Train des Pignes es prácticamente una duplicación férrea de la Route impériale. Se ha señalizado como «Route Napoléon» al conjunto por la Automobile Club de Nice ya en 1932, y la línea del tren se convirtió, sin haberlo buscado, en la manera más lenta y más bonita de rehacer el trayecto que llevó a Napoleón de vuelta al poder — noventa días exactos antes de Waterloo —.

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