El sabor de una Quilmes en San Telmo

El 22 de mayo de 2009, ya de regreso en Buenos Aires, hicimos las visitas clásicas que faltaban: el Cementerio de la Recoleta y el Jardín Japonés de Palermo. Día tranquilo y noche de despedida.

El Cementerio de la Recoleta ocupa 5,5 hectáreas en pleno centro elegante de Buenos Aires y contiene 4.691 panteones que reúnen lo mejor —en términos de esculturas y arquitectura— y lo más rico —en términos de apellidos— de la historia argentina. Se inauguró en 1822 sobre el huerto del convento de los Recoletos —de ahí el nombre del barrio— y se considera la primera necrópolis pública de la ciudad. Aquí están enterrados Sarmiento, Mitre, varios presidentes, generales de la independencia y, sobre todo, Eva Perón, en una bóveda de los Duarte que recibe miles de visitantes al año. El cementerio aparece en cualquier ranking de «cementerios más bonitos del mundo»BBC, CNN, National Geographic— y forma parte del paseo turístico canónico junto con la Plaza de Mayo y La Boca.

El Jardín Japonés de Buenos Aires —en Palermo, dentro del Parque Tres de Febrero— es el jardín japonés más grande fuera de Japón. Lo donaron en 1967 los inmigrantes japoneses establecidos en Argentina con motivo de la visita del entonces príncipe Akihito y la princesa Michiko. Tiene 2 hectáreas, un lago central con carpas koi, puentes lacados de rojo, linternas de piedra y un bonsái de 100 años plantado en su tierra. El barrio de Palermo alrededor —Palermo Soho, Palermo Hollywood— se reconvirtió en los 2000 en la zona más hipster de Buenos Aires con bares, librerías, diseñadores y mucha gastronomía joven. Ya en 2009 era la zona de moda.

Dedicamos el último día en Buenos Aires a recorrer la zona y visitamos tanto el cementerio de la Recoleta, que recuerdo que no me interesó mucho, como el Jardín Japonés, que ni siquiera recordaba haber visitado.

Lo que sí recuerdo bien es que llamé para a mi padre para felicitarle su cumpleaños y recuerdo perfectamente que le sorprendió y le hizo ilusión. (No era nada común el hacer llamadas intercontinentales en aquel momento)

Y ya el resto del día y la noche la dedicamos a salir de fiesta. Parecía aquello un pueblo, con gente conocida. Rubén y Lupe vinieron a cenar con nostros al hostel y despúes nos fuimos de fiesta. Nos volvimos a encontrar con un grupo de Zaragoza con el que habíamos coincido en alguna ocasión, quedamos con un grupo de amigas mexicanas de Mario que estudiaban en Mendoza…

Despedida en Buenos Aires con una noche larga por San Telmo —la esquina de Perú y Carlos Calvo terminó dando la anécdota icónica del viaje, con un cartel de calle que no vi.

Esa noche no dormí. Éramos jóvenes. Recuerdo la despedida en la puerta del hostel. Como canta La Fuga  en Capital Federal «antes de marcharme, ya quería volver»  Lo que restaba, ya día 23 de mayo, era un remis al aeropuerto, un retraso del vuelo, volver a vernos con Jose y Joao y un largo vuelo a casa, recuerdo, oyendo a Maná entre sueño y sueño.

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