Cruzando Escocia

Este 30 de agosto de 2015 era nuestro último día en Escocia. El plan era simple: cruzar parte del país de noroeste a sureste, devolver el coche, llegar al aeropuerto de Edimburgo y vuelo de Easyjet a Madrid a las 16:50

El concepto de «camping pod» que probamos en este viaje —pequeñas cabañas individuales de madera, generalmente con techo arqueado o tipo barril, hechas para grupos de 2 a 4 personas— se popularizó en Escocia y norte de Inglaterra a partir de los 2010 como alternativa intermedia entre la tienda de campaña y el albergue. Para muchos campings rurales fue una forma de adaptarse a turistas que querían el contacto con la naturaleza pero no la incomodidad de montar tienda con lluvia escocesa, que es casi todos los días. La fórmula —llamada también glamping pod en su versión más equipada— ha terminado siendo estándar en parques nacionales de Escocia, Lake District o Snowdonia.

Adios al pod, desayuno y Castillo de Urquhart

Nos levantamos en nuestro pod —el formato de cabaña de madera del camping de Glencoe que tan poco habitual nos había resultado al llegar— y desayunamos en el comedor común del camping.Y al coche. (No recuerdo si fue esa mañana o el día anterior el toquecito al retrovisor izquierdo que le di al lado de un autobús ;.-)

Comenzando el trayecto paramos en el Castillo de Urquhart, una de las fortalezas más emblemáticas de Escocia, con una historia que se remonta a siglos de conflictos entre clanes y guerras de independencia. Desde sus ruinas, se obtienen algunas de las vistas más espectaculares del lago. A mí me recordaba a Broken Sword 1. 🙂

Escocia tiene una densidad extraordinaria de castillos: se calcula que hay más de 2.000 entre estructuras en pie y ruinas en un país del tamaño de Cataluña. Muchos son tower houses, una tipología defensiva concentrada típicamente escocesa de los siglos XIV-XVII, construida por los clanes para proteger la base territorial. Otra parte importante son castillos lacustres sobre islotes naturales o artificiales en lagos —Eilean Donan, Castle Stalker, Kilchurn—, situados así porque el agua era una defensa más eficaz que la roca y porque los lagos son la geografía dominante de las Highlands. Tras la derrota jacobita de Culloden en 1746, el gobierno británico desactivó muchos de estos castillos a propósito, lo que explica el alto número de ruinas visibles hoy.

Cruzando el Firth of Forth

La ruta nos llevó otra vez al sur, hacia Edimburgo, atravesando el Firth of Forth. En las fotos se ve perfectamente el Forth Bridge ferroviario rojo —el de cantilever de 1890 que ya habíamos pasado por encima la primera tarde y que sale en Los 39 escalones de Hitchcock—, y nosotros cruzamos por uno de los puentes paralelos — el Forth Road Bridge de 1964, que en 2015 todavía absorbía la mayor parte del tráfico de coches. El nuevo Queensferry Crossing estaba en obras en aquel verano, como se ve en las fotos, y abriría en 2017—. La estampa de los puentes superpuestos sobre el estuario, vista desde el coche, es una de las imágenes definitorias del paisaje del centro-este escocés.

Hacia el final de la travesía paramos en un sitio que recuerdo bien, un área de servcio, con cafetería, grandes almacenes… Tomamos algo para comer en la terraza: una sopa y un sándwich, y continuamos camino.

Los Trossachs son una región montañosa en el centro de Escocia, que junto con el Lago Lomond forman el Loch Lomond & The Trossachs National Park —el primer parque nacional escocés, declarado en 2002—. Es la zona de montaña más cercana a Glasgow y Edimburgo y, durante el siglo XIX, fue el destino turístico que Walter Scott popularizó con su poema The Lady of the Lake (1810) y la novela Rob Roy (1817). Por aquí pasaba ya en el XIX el «Trossachs Trail», la primera ruta turística escocesa. La ruta natural de Glencoe a Edimburgo cruza precisamente esta región.

Aeropuerto de Edimburgo y vuelta a Madrid

Llegada al aeropuerto de Edimburgo, devolución del coche, despedida de Sergio y Fabian y vuelo de vuelta a Madrid. Cierre del viaje.

El recuerdo que me ha dejado este viaje a Escocia es que me supo a poco. Fueron cuatro días, prácticamente un fin de semana largo. Estaba guardando días de vacaciones pagadas de ese 2015 para el inicio del año siguiente — porque en enero de 2016 arrancaba con Nagore nuestra vuelta al mundo, y cuando estuvimos en Nueva York a principios de aquel enero, técnicamente todavía estaba de vacaciones pagadas en Tc antes de la excedencia.. Por eso este Edimburgo de agosto de 2015 fue intencionadamente corto.

Pero algún día volveremos a Escocia. Hay demasiado norte, demasiada isla, demasiado destilería y demasiado Highlands sin pisar.

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