Cambio de plan, frontera por Elvas y noche en Amadora

Viernes 12 de agosto de 2011. Cambio de planes de última hora: lo que iba a ser Villanúa en Huesca (iríamos más adelante) se convirtió, ya con el coche alquilado, en un improvisado Sintra y Cascais. Ya habíamos pisado Portugal hacía tres años (y yo mucho antes, con mi padres y Sergio). Así que decidimos enfilar a la zona de Lisboa para un fin de semana largo de castillos, costa atlántica y palacios.

Elvas es la ciudad fortaleza portuguesa más espectacular y el punto natural de paso entre Badajoz y Lisboa por la Auto-estrada A6. Su sistema de murallas abaluartadas del siglo XVII —fortificações de Elvas— protegía la entrada del país durante la Guerra de Restauración portuguesa (1640-1668) contra los intentos de la corona española de reconquistar el reino tras la unión ibérica. El conjunto es uno de los mejores ejemplos del mundo de fortificación de tipo Vauban en estado original y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en junio de 2012. Elvas marca el «ya estoy en Portugal» al cruzar el río Caia: cambian los carteles azules de la UE por los amarillos, y aparecen las señales portuguesas de «saída» en vez de salida o «vermelho» en vez de rojo.

Amadora es el municipio más densamente poblado de Portugal —7.000 habitantes por km²— y forma parte de la Área Metropolitana de Lisboa. Fue durante el siglo XX la «ciudad dormitorio» por antonomasia de Lisboa, con un crecimiento explosivo entre los años 60 y 80 a base de bloques residenciales para trabajadores de la capital. Se separó administrativamente del concelho de Oeiras en 1979 y desde entonces tiene ayuntamiento propio. Está conectada al centro de Lisboa por la Linha de Sintra de tren urbano —12 minutos al Rossio— y por la salida 4 de la IC19, lo que la convierte en base económica para los que vienen en coche y quieren acceso fácil a Lisboa, Sintra y Cascais sin pagar los hoteles del centro.

Salida de Madrid y multa

Salimos de trabajar y cogimos el coche directamente. Recuerdo que  me llegó después una multa por saltarme un semáforo apenas pasado de naranja en los arcos de la Vaguada—de esas que no te enteras hasta que te llega el papel a casa semanas después—.

En 2011, viajar al extranjero en coche todavía implicaba dos decisiones tecnológicas que hoy parecen prehistóricas: el GPS y el roaming. Los GPS dedicados (TomTom, Garmin) seguían siendo los reyes del salpicadero, pero los smartphones empezaban a tener GPS gratuito y útil: el iPhone 4 era de 2010 y Google Maps todavía exigía conexión de datos para descargar mapas —los mapas offline no llegaron a la versión Android hasta 2012 y a iOS hasta 2015—. El roaming intracomunitario, además, en 2011 era todavía extraordinariamente caro: la Eurotarifa estaba en torno a 49 céntimos por minuto de llamada y 0,90 € por MB de datos, y la tarifa plana de roaming en la UE no llegaría hasta junio de 2017. Usar el móvil con tarifa de empresa —que cubría datos en roaming sin sobrecoste personal— era, para muchos viajeros de la época, la única forma de tirar de Google Maps en una rotonda perdida sin que el recibo posterior fuera un disgusto.

Parada en un área de servicio cerca de la frontera

De camino paramos en un área de servicio cerca de la frontera con Portugal, ya del lado portugués, posiblemente en la zona de Elvas. Las fotos del día son todas de ahí: el típico restaurante de área de servicio portuguesa, con sillas rojas de Olá en la terraza y un comedor interior de paredes rústicas con un cuadro de animales colgado. Cenamos algo rápido y seguimos.

Amadora y el roaming del móvil del trabajo

La etapa final de la noche fue llegar al hostel donde dormíamos —el Residencial Jardim da Amadora, en Amadora, las afueras de Lisboa (el primer alojamiento que reservé en Booking con usuario registrado, 84€ para los 2, tres noches). Pero la ciudad nos pilló por sorpresa: bastante perdidos por las callejuelas oscuras, con un coche y sin GPS dedicado a bordo, terminé activando el roaming en el móvil del trabajo para usar Google Maps. Visto desde hoy parece una cosa de la prehistoria —y por dinero del roaming en 2011, además, salía caro—, pero entonces era la opción técnicamente más avanzada que teníamos. Llegamos, dejamos las cosas en la habitación y a dormir.

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