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Búnkers y menhires

Bretaña 18 jul 2026 - Lorient + Ploemeur + Carnac

Hoy será otro gran día. Con poca planificación y muchas sorpresas. Como nos gusta. Pararemos por la mañana en Ploemeur, tarde entera en Lorient, con la base de submarinos y el centro con su brocante de verano; parada logística en el E.Leclerc y broche del día con los Alineamientos de Carnac.

Hoy nos ha despertado Julen, que se iba ya él solo por la puerta de la habitación 🙂 Desayuni y rumbo al este por la N165, al departamento vecino: cruzamos el límite del Finistère y entramos en el Morbihan, con el Pays de Lorient por delante.

Ploemeur: Iglesia Notre-Dame de la Garde

Primera parada en Ploemeur, comuna litoral pegada a Lorient. Yo creo que en Google había visto algo de la zona de la playa, pero paramos en la plaza del pueblo. Entramos  a ver la Église Notre-Dame de la Garde — sorpresa arquitectónica del día, iglesia brutalista. Hace unos años vimos de la de Royan y nos flipó, pero en este viaje hemos visto ya algunas y veremos más. (Tiene mucho que ver con los bombardeos aliados en la costa atlántica de la Francia ocupada)

Fachada de hormigón desnudo, planta compacta, techos que «parecen naves de barcos al revés», y por dentro una nave de altura vertiginosa con un enorme mosaico de mármol y cerámica sobre el ábside. Hay hasta un rincón infantil con hojas para colorear; Julen se sienta muy formal a pintar un buen rato bajo el mosaico con la cita «Je porte avec Jésus à mourir sa croix». Y otra vez, como el día anterior en la parroquial de Pont-Aven, la sorpresa del Pan.

Paseo corto por el pueblo y entrada en el tabac de al lado a echar un ojo a la prensa bretona — número especial de ArMen con «Le retour des loutres» en portada; nos hace ilusión ver que la ArMen que compramos como número atrasado de 2008 el día anterior la siguen editando —, Astérix et la mer en el suplemento cultural de Ouest-France, la biografía de Alan Stivell, postales de MAM’GOZ. Compramos también una cosilla del Rey León para Julen y una tarjeta de cumpleaños para la próxima semana.

Comida en un parking

Era pronto pero Nagore tenía hambre 🙂 y anécdota mañanera que merece hueco: nada más bajarnos del coche al llegar a La Base — que es la parada siguiente —, a Julen se le cae el gorro y ni Nagore ni yo nos damos cuenta. Es Julen quien nos lo va indicando mirando hacia atrás, con esa cara de «¡papá! ¡mamá!». Primera vez en la vida que el pequeño se da cuenta de algo que ninguno de los dos habíamos notado. Momento pequeño, hito grande.

¿He dicho ya que Nagore tenía hambre? Nos pusimos a buscar dónde comer, y tardaos exáctamente 20 segundos. En el mismo parking donde habíamos aparcado, había un señor asando pescado a la parrilla justo en la entrada, ese olor que decide una comida sin necesidad de menú —: Groix & Nature — Comptoir Insulaire, la tienda-restaurante que los pescadores de la Île de Groix — la isla frente a Lorient — abrieron en tierra firme para vender sus conservas y servir platos del día del BBQ del sábado.

Entrantes: carpaccio de pulpo con aceite de oliva y hierbas de la isla. Plato: pescado del día (según llegó la barca) con persillade y pommes grenaille. Cerveza Armoria — cerveza bretona artesanal —. Bien acomodados en la terraza, muy a gusto, muy tranquilos, con un bosquecillo al fondo y Julen portándose «más o menos bien».

Lorient La Base y el Sous-Marin Flore-S645

Después de comer, cinco minutos al este por la ría hasta La Base de Lorient — el gigantesco recinto de Keroman con las tres bases de submarinos de la Kriegsmarine alemana (1941-1945), reconvertidas hoy en polo cultural, tecnológico y de vela oceánica —. La entrada la marcan una escultura de pulpo gigante — símbolo del puerto pesquero — y un mural monumental de Éric Tabarly, el navegante lorienais que revolucionó la vela oceánica moderna. En la explanada, un bagad — banda tradicional bretona de gaitas y bombardes, se prepara para luego 🙂

Sacamos entradas para el Sous-Marin Flore-S645 — el último submarino de la Marine nationale del programa Daphné (1964-1989), operativo en plena Guerra Fría, hoy visitable in situ dentro de un búnker alemán de la base K3 —. A mí lo que más me apetecía ver era el búnker mismo, parte del Muro del Atlántico: submarinos ya hemos visto más de uno y más de dos, el último hace nada en Tallin. La visita empieza por el museo inmersivo: un recorrido de la Guerra Fría con maquetas y proyecciones — Berlín Este/Oeste, el Muro, el discurso «Ich bin ein Berliner» de Kennedy, la cita del comandante Jacques Stosskopf (héroe de la Resistencia infiltrado en Lorient), una carta de posición de la Île de Groix con el submarino saliendo a patrullar —. Julen esta vez despierto durante toda la visita.

Después bajamos al submarino en sí — más grande que otros que habíamos visto —: por las escotillas, la sala de mando, los periscopios, la cambuse (cocina) minúscula, las literas de los 55 hombres pegadas a los torpedos, el pañol de vinos — porque los franceses hasta bajo el agua —. La audioguía era una curiosidad en sí misma: una especie de gafas invertidas , un montaje bastante singular.

LorientAn Oriant en bretón — es una ciudad joven para lo que suele ser Bretaña: fundada en 1666 por la Compagnie française des Indes orientales como puerto de armamento de sus flotas hacia el Oriente. De ahí el nombre, literalmente «L’Orient». Vive del mar en todas sus modalidades — pesca, marina mercante, marina militar, vela oceánica —, y desde 1971 alberga el Festival Interceltique de Lorient, el gran encuentro anual de las culturas celtas (Bretaña, Irlanda, Escocia, Gales, Cornualles, Isla de Man, Galicia, Asturias). Durante la Segunda Guerra Mundial fue arrasada al 90 % por los bombardeos aliados de 1943 dirigidos contra las bases submarinas alemanas de Keroman — Kernevel era el mando naval del Almirante Karl Dönitz para toda la campaña del Atlántico —. La ciudad se reconstruyó entera después de la guerra, con la Église Notre-Dame de Victoire como monumento simbólico de la reconstrucción. La Base Keroman, con sus tres búnkeres gigantescos que resistieron los bombardeos por su hormigón de más de siete metros, se cedió a la Marine française tras la contienda y hoy alberga el pole naval, la Cité de la Voile Éric Tabarly, el Sous-Marin Flore y algunos de los grandes catamaranes de la Course au Large.

Salimos ya cansados de la visita. Paramos en La Base Bar-Resto a por un biberón para Julen y un café con hielo para nosotros. Y bonus del atardecer: justo entonces pasa por la explanada un desfile de gaiteros pancélticos — bombardes, kilts, bandera irlandesa, tambores — mientras nos tomamos el café. Prensa del día anticipando el último partido de Deschamps.

Lorient centro: brocante de verano, FC Lorient y Notre-Dame de Victoire

Coche al centro de Lorient. Nos topamos con la brocante de verano en la plaza — un «prácticamente un montón de calles del centro», dice Nagore —: puestos de faience (la cerámica bretona colorida) de Quimper, ediciones antiguas de Pilote con Iznogoud, un libro sobre Dachau, biografías de De Gaulle, discos, y unos gallos — de plata, o parecidos — que  me recuerdan a los que hay en Calahorra.

Pasamos por delante de la Boutique FC Lorient (Les Merlus, el club de fútbol local, colores naranja y negro, plantilla nueva expuesta en el escaparate). Esta vez, decidimos  – con dudas – no comprar nada.  Y entramos en la Librairie Vent des Mots«el viento de las palabras», en su traducción literal —, librería grande donde compramos más regalos para el cumpleaños de Julen — que cae la semana que viene —. Y llegamos a la Église Notre-Dame de Victoire — el gran monumento de la reconstrucción de la posguerra, con sus vidrieras circulares abstractas coloreadísimas, muy típico de los años 50 franceses; brutalismo puro, hermana de la Notre-Dame de la Garde de la mañana en Ploemeur.

Vuelta hacia el coche – con perdimiento incluido bordeando Nayel, el centro comercial del centro, con un cartel enorme de «Giga Tacos 2,5 kg gratis».

Otra vez al E.Leclerc

Antes de volver, parada logística en el gran Hipermarché E.Leclerc con Espace Culturel — el mismo Leclerc por el que ya habíamos pasado el día 13, viniendo a Pont-Aven —. El objetivo real de la parada era encontrar un Woody pero no lo lograremos. Visitaremos también la tienda de electrónica de segunda mano, la de libros y discos… todo Leclerc. Aparecerán un montón de cosas interesantes: álbumes Panini Prizm del torneo. Sección para pequeños: Toy Story, libros de «Bleus Années Deschamps», «Japon Cosy» de CocoWyo, un cubito Gwenn ha du. Compraremos una figuritas coleccionables de la selección española, que resultará ser Nico Williams. Fichaje inesperado para el kit de casa. Compra hecha.

Alignements de Carnac al atardecer: Toulchignan y Kermario

Y todavía queda el broche del día. En el parking del Leclerc, ya un poco tarde estamos enfilando el coche hacia casa, cuando Nagore dice el «¿qué hacemos?». Yo tenía visto medio de reojo en el mapa unos alineamientos megalíticos aquí cerca. Cambio de rumbo al este, treinta minutos de coche hasta Carnac. Llegamos al atardecer — la mejor hora posible para verlo —.

Los Alignements de Carnac son el mayor conjunto megalítico del mundo: alrededor de 3.000 menhires alineados en filas paralelas a lo largo de cuatro kilómetros por la comuna de Carnac, en el sur del Morbihan. Fueron erigidos por comunidades neolíticas entre 4.500 y 3.300 años antes de Cristo — es decir, mucho antes que las pirámides de Egipto y antes también de Stonehenge —. Nadie sabe con certeza qué representan: los arqueólogos han propuesto calendario astronómico, ceremonias funerarias, delimitación de territorios, seguimiento del ciclo solar. La leyenda popular más querida, atribuida a las tradiciones bretonas, dice que son un ejército romano petrificado por San Cornelio — el santo patrón de Carnac — cuando huía a través del país. Los tres grandes campos alineados son Le Ménec (1.099 menhires), Kermario (1.029 menhires) y Kerlescan (555 menhires), más algunos alineamientos menores como Toulchignan y Le Petit-Ménec. En 2023, tras años de reivindicación local, la UNESCO inscribió el conjunto en la lista tentativa como «Megalithes de Carnac et des rives du Morbihan». En verano, el acceso libre por los alineamientos está cerrado — visita guiada obligatoria en muchos de ellos —, para proteger los suelos. Un cartel en el sitio protesta contra ese cierre, con el lema «Menhirs Libres pot de terre contre pot de fer».

Aparcamos junto al Alignement de Toulchignan  y bajamos a caminar entre los menhires. Piedras de granito rosado erguidas hace 6.000 años, con la luz baja del atardecer haciendo sombras larguísimas. Julen anduvo todo el rato por su cuenta, ni carrito ni brazos, muy entretenido corriendo por los caminos y mirando a rato a las piedras como si preguntara quién las puso ahí. De ahí al alineamiento grandes de Kermario — 1.029 menhires en once filas paralelas, el más largo de los tres campos principales —. Del panel del sitio, el eslogan activista «MENHIRS LIBRES pot de terre contre pot de fer» con toda su carga bretona de David contra Goliat. Un rato largo por ahí, paseo súper agradable, con la puesta de sol tras los menhires y el silencio muy grande. Ocho kilómetros de menhires en total, cuatro campos alineados; nosotros solo vimos uno 🙂

Vuelta a Pont-Aven: cena de sobras y partido en la tele

Vuelta hacia Pont-Aven todavía de día. Una hora larga en coche por la N165. En el Kindred, cena de sobras del «Tugotugo» del día anterior — el traiteur del Gourmandises, croque-monsieurs y bocadillos —.  Después de cenar, pusimos en la tele, el partido del tercer y cuarto puesto del mundial — parecía que Inglaterra iba a barrer a Francia. Pero sí, pero no. Julen ya duerme en la cuna arriba. Nagore se acuesta primero pero luego sale otra vez al sofá. Me quedé viendo el segundo tiempo y nyumbaneando. 

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