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El estadio del Tottenham Hotspur, el andén 9¾ y Baker Street

Londres 28 oct 2025 — 15

Martes. Otro día de teletrabajo para mí. Y por la tarde, dos misiones: cambiar los 40 libras antiguas que llevábamos arrastrando y ver el barrio bien, sin pretensiones. La cosa derivó como siempre, en mucho más.

Mañana de trabajar, comida en casa y el misterio de la gatera

Mañana currando. Nagore y Julen viniendo a verme a la ventana del jardín. Yo, ordenador en la habitación de atrás, calls. Y, encima del cobertizo, Maki, el fato de los anfitriones disfrutando del sol, ese arte felino perfecta de tumbarse en la única tabla del tejado donde da el rayo de sol.

Por cierto, que descubrimos por fin algo que llevábamos varios días sin entender: cómo funcionaba la gatera. No éramos capaces de averiguar por qué la trampilla de la cocina se abría sola y no cuando lo intentábamos nosotros.. Resulta que el collar del gato tiene un NFC integrado, y la gatera lee el chip al acercarse. Solo se abre para él. Esos detalles del mundo doméstico moderno británico.

Comida en casa: arroz con salchichas de algún tipo y una salsa o comida india precocinada que habíamos comprado el día anterior.

La señora del Post Office y los 40 libras retirados

Tras terminar de currar por la tarde, teníamos una misión: cambiar los billetes de 20 libras antiguos. Habíamos leído que en las oficinas de correos se podía hacer. Y aquí descubrimos una distinción que no teníamos clara: Royal Mail y Post Office son cosas distintas en Reino Unido. Royal Mail es la empresa que envía cartas y paquetes. Post Office es la marca comercial paralela, con sus oficinas de mostrador, que se encarga de todo lo demás — pagos, cambios, asesoría, hasta seguros —. Llevan separadas desde 2012.

Fuimos al Post Office que teníamos cerca de la casa, ya en pleno barrio. Nos dijeron que sí, que era un Post Office, pero que ahí no podían cambiar los billetes retirados, que eso solo lo hacía el Bank of England en sus sucursales (centrales). Iba a ser bastante movida.

Y aquí llegó la sorpresa del viaje. La señora que nos estaba atendiendo, de ascendencia india o paquistaní, junto con dos o tres señores que estaban allí también — todos del entorno paquistaní del barrio —, sacó la cartera, y nos cambió los 40 libras antiguos por 40 libras nuevos suyos. Iba a ir ella misma a cambiarlos. Le agradecemos infinito, de nuevo desde aquí.

Recordamos también que – creo que fue este día – yo estaba hablando con mi padre sobre cómo Julen estaba justo aprendiendo a reconocer el agua y decía «agua» al ver lluvia o un lago en la tele, y justo mientras se lo contaba por teléfono, Julen dijo «agua», es decir que además iba ya escuchando la conversación en torno a él 🙂

Estadio del Tottenham: la atracción de descolgarse del techo

Plan número dos: vuelta al ruedo al Tottenham Hotspur Stadium de día, esta vez con tiempo para meternos un poco. Caminamos del Post Office hacia el estadio. Y vimos gente colgada del techo del estadio — la atracción del Dare Skywalk, donde te ponen un arnés y bajas por la fachada exterior haciendo el descenso vertical desde el techo, 42 metros, como la tirolina de Tom Cruise en los Juegos Olímpicos de París 2024, exactamente la misma estética —. Nosotros con Julen en el carrito no era plan, pero ver a la gente colgada de los arneses contra la fachada metálica fue espectáculo gratis.

Entramos al megastore de nuevo, esta vez para algo concreto. Y le compramos a Julen una camiseta del Tottenham por 5 libras. Por 5 libras. De segunda mano. Se la hemos puesto desde entonces varias veces y le queda muy bien.

King’s Cross y St Pancras International son dos de las grandes terminales victorianas de Londres y, técnicamente, son dos estaciones distintas pegadas. La razón es del XIX: en la época, cada gran compañía ferroviaria construía su propia cabecera con su propio edificio, su propio hotel anexo, su propia identidad arquitectónica. King’s Cross la abrió la Great Northern Railway en 1852 — sobrio, funcional, dos bóvedas idénticas con torre del reloj de Cubitt — para la línea hacia Edimburgo. St Pancras la abrió la Midland Railway en 1868 — ornamental, neogótica victoriana, el Midland Grand Hotel de Sir George Gilbert Scott con su torre del reloj y sus pináculos rojos — para la línea hacia el norte industrial. Hoy son un complejo unido con el rediseño de John McAslan (2007), pero la fachada que mira a Euston Road sigue siendo las dos identidades originales lado a lado, separadas por unos metros y unos siglos. St Pancras, además, alberga el Eurostar que sale a París y Bruselas bajo el Canal de la Mancha desde 2007 — una de las cosas que tengo ilusión por hacer algún día y que todavía no hemos hecho —. La British Library, justo al lado, es la biblioteca nacional del Reino Unido y la segunda más grande del mundo después de la del Congreso de los Estados Unidos: más de 170 millones de objetos en su catálogo.

Metro a King’s Cross + St Pancras y Platform 9¾

Cogimos el metro a King’s Cross St Pancras. La idea era ver las dos estaciones, asomarnos a la British Library y dar un paseo.

Llegamos al vestíbulo nuevo de King’s Cross con la cubierta blanca de red metálica de McAslan flotando sobre nosotros. Y, claro, Platform 9¾. Había bastante cola para la foto con el carrito empotrado en la pared y la bufanda de Hogwarts. Nos hicimos un selfie desde lejos. Lo justo.

Y a la fachada exterior, a leerla. Aquí descubrí — leyendo en el móvil — el porqué de las dos estaciones tan grandes y tan pegadas con nombres distintos: en el XIX cada compañía ferroviaria montaba su «imperio» propio en torno a su terminal — su edificio, su hotel anexo, su identidad arquitectónica —. King’s Cross fue de la Great Northern Railway hacia Edimburgo, sobrio. St Pancras fue de la Midland Railway hacia el norte industrial, ornamental neogótica del Midland Grand Hotel de Gilbert Scott. Hoy son un complejo conjunto pero la fachada lateral las separa visualmente como en 1880.

De St Pancras sale el Eurostar a París y Bruselas bajo el Canal de la Mancha desde 2007. Una de las cosas que tengo ganas de hacer algún día.

British Library, paseo y pantalla interactiva

De St Pancras, dos pasos al norte y entrada a la British Library. La King’s Library Tower central — la torre acristalada de los 65.000 volúmenes de cuero rojo de Jorge III — visible desde casi cualquier ángulo, los lomos dorados subiendo seis plantas. La Sound Trumpet roja de Martin Riches del vestíbulo, la cartelería de la exposición «Secret Maps».

Estuvimos un rato jugando con una pantalla interactiva que tenían en una de las salas — un mapa o un panel de fotografías que se reorganizaban al tocar —. Julen se quedó pegado un buen rato a la pantalla, esos detalles de las bibliotecas modernas que están más cerca del Reina Sofía que del Quijote. Paseamos por las salas. Salimos a gusto.

Euston, supermercado autónomo y dos ramos de flores regalados

De la BL caminamos al oeste hacia Euston Station. Frente a la estación, en el complejo nuevo del «Railway 200 Garden» que estaban estrenando (200 años del ferrocarril británico 1825-2025), había jardines y una parada de taxi pintada en colores — una composición curiosa, casi un set fotográfico instalado en plena calle —.

Y aquí, el descubrimiento del día. Pasamos por delante de un Amazon Fresh, el  supermercado autónomo: entras, pones tu tarjeta de crédito en un lector, coges lo que quieras, sales. El sistema, con NFC y sensores en las estanterías, sabe exactamente qué has cogido y te lo carga directamente. Sin caja, sin cola, sin cobrador. Sí había una trabajadora rondando por si algo no funcionaba, pero el flujo principal era de autoservicio total.

Entramos a probar, no íbamos a comprar gran cosa. Y la sorpresa: la señora de dentro, nos regaló dos ramos de flores que iban a caducar pronto y no podía vender ya. Compramos también una bolsa de tela con el logo del sitio, recuerdo de viaje.

De Regent’s Park a Baker Street: Tussauds y Sherlock Holmes

Caminamos al oeste por Euston Road. Llegamos a la esquina del Regent’s Park y pasé un rato leyendo cómo se fundó — el parque de la Corona desplegado en 1818 por John Nash sobre el antiguo coto de caza de Marylebone que Enrique VIII se había apropiado en 1538, terrazas Regency en perímetro, calzadas circulares, posteriormente abierto al público en 1835 —. Las cosas que aprendes paseando.

Pasamos junto a la Royal Academy of Music con su fachada georgiana iluminada — fundada en 1822, una de las dos grandes escuelas de música londinenses junto al Royal College of Music —. Y, dos manzanas más, Madame Tussauds: el museo de cera original, el de Marie Tussaud — la francesa que aprendió en Berna, escapó del Terror modelando cabezas decapitadas en cera y montó esto en Londres en 1835 —. Cúpula verde icónica del antiguo Planetarium.

Bajada a Baker Street. La estatua de bronce de Sherlock Holmes de John Doubleday (1999) frente a la salida del Tube, con la pipa colgando y la lupa en la otra mano. El número 221B del Sherlock Holmes Museum con su fachada victoriana negra y el bobby de la puerta — pero cerrado, ya pasadas las ocho —. Una tienda asociada al museo también cerrada.

Pero bastante divertido el rodeo nocturno por la calle, con el Tube ya esperando. Bajamos en Baker Street, cogimos el metro de vuelta. Cena en casa: moussaka o algo así. Fantástico día. Mañana más.

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