El 13 de mayo de 2009 volamos desde Buenos Aires hacia el sur — Aeroparque Jorge Newbery, las 12:05 del mediodía, 610 € los cuatro billetes — hasta San Carlos de Bariloche. Allí se nos sumó Mario, que llegó desde Mendoza en autobús, alquilamos un coche Chevrolet —modelo argentino que en España no existía y que me hizo gracia por eso— y dedicamos la tarde al primer asomo al lago Nahuel Huapi y al exterior del mítico Hotel Llao Llao.
San Carlos de Bariloche es el centro turístico clásico de la Patagonia argentina, fundado en 1902 sobre la orilla sur del lago Nahuel Huapi. La ciudad nació por el comercio fronterizo con Chile —mucho antes de que existiera siquiera carretera asfaltada hasta aquí— y ganó perfil propio a partir de la inmigración alemana, suiza y austriaca de principios del siglo XX, que dejó la arquitectura de chalets de madera y piedra, la chocolatería —Bariloche tiene más fábricas artesanales de chocolate por habitante que cualquier ciudad de habla hispana— y el paisajismo de jardines alpinos que define la postal local. La estética suizo-alpina llegó a tal extremo que el Centro Cívico —de 1940— está construido en piedra cinerítica con techos a dos aguas, como cualquier ayuntamiento del cantón de Berna.
El lago Nahuel Huapi —del mapudungun nawel wapi, «isla del jaguar»— es de origen glaciar, ocupa 557 km², alcanza 460 metros de profundidad y forma el corazón del Parque Nacional Nahuel Huapi, el más antiguo de Argentina (creado en 1934) sobre tierras donadas en 1903 por el perito Francisco Pascasio Moreno —el mismo que da nombre al glaciar de El Calafate—. El parque tiene 7.050 km² y abarca desde la estepa patagónica al este hasta el bosque andino-patagónico al oeste, con cumbres nevadas como el Cerro Tronador (3.491 m), volcanes inactivos y media docena de glaciares menores.
Mediodía: vuelo desde Aeroparque y llegada a Bariloche
Salimos del hostel en Buenos Aires con tiempo y enfilamos al Aeroparque Jorge Newbery —el aeropuerto urbano de Buenos Aires, junto al Río de la Plata, que se usa para la mayoría de vuelos domésticos argentinos, dejando los internacionales a Ezeiza—. El vuelo de las 12:05 salió puntual con destino a San Carlos de Bariloche: nos costó 610 € los cuatro billetes, un precio que en aquel momento, con la economía argentina abaratada para extranjeros, era razonable para un trayecto de unos 1.600 kilómetros.
Aterrizamos al mediodía en el Aeropuerto Internacional Teniente Luis Candelaria, en plena estepa al borde del Nahuel Huapi, con el Cerro Catedral ya recortándose detrás de la pista. De ahí rumbo al hostel. que Mario había reservado. Allí nos encontramos con él, que llegaba desde Mendoza en autobús —los famosos buses-cama argentinos, una de las mejores formas de cruzar el país de costa a cordillera—. A partir de aquí éramos cinco para los días de Patagonia.
Tarde: hostel, comida con la final de la Copa del Rey y un Chevrolet de alquiler
Soltamos las cosas en el hostel, y bajamos a comer a un restaurante del centro de Bariloche, donde nos encontramos por la pantalla con la final de la Copa del Rey 2009 entre el Athletic Club de Bilbao y el FC Barcelona — la del 13 de mayo de 2009 en el Estadio de Mestalla de Valencia. Ganó el Barça 4-1, primer gran título de la era Pep Guardiola, en el camino al triplete histórico de aquella temporada. Nosotros lo vimos a media tarde hora local, con un par de cervezas y una buena comida.
Atardecer: lago Nahuel Huapi y Hotel Llao Llao
Después de comer fuimos a descansar un poco al hostel y recuerdo que estuvimos viendo vídeos de Youtube (y reacciones a vídeos) en un portátil que llevaba Santi. Ambas cosas muy poco frecuentes en aquella época. Después cogimos el coche y nos fuimos a la otra orilla del lago Nahuel Huapi — la Avenida Bustillo que sale del centro hacia el oeste y que vertebra prácticamente todo el turismo de Bariloche. Es una zona increíble: el lago de un azul muy oscuro, las montañas nevadas al fondo, los bosques de lengas y coihues rojizos por el otoño austral. El sol se pone pronto en mayo en la Patagonia —hacia las 18:30— y aprovechamos las horas de luz para ir despacio, parando en miradores.
Llegamos hasta la península de Llao Llao y vimos por fuera el Hotel Llao Llao, el chalet de montaña suizo-canadiense de 1938 que es probablemente el edificio más fotografiado de la Patagonia argentina. Este hotel estuvo en el centro de un escándalo durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner — el grupo empresarial Sutton-Werthein lo controla desde 2007 y fue uno de los nodos de la trama de hoteles patagónicos que se investigó años después por presunto lavado de dinero. La trama no estaba todavía en titulares en 2009, así que para nosotros era solo «el hotel bonito del bosque».
Volvimos al hostel ya con la noche cerrada y dormimos pronto, con el cansancio del vuelo encima.














































