Sin noticias de Nessi

Tras la llegada de la víspera a la frontera de las higlands, este sábado 29 de agosto de 2015 tocaba ir a por el plato fuerte del viaje en coche: el Lago Ness. Después Inverness a comer y un paseo de tarde por los alrededores hasta el Cawdor Castle.

Las Highlands y las Lowlands escocesas no son una división estética sino geológica: la Highland Boundary Fault —una falla que cruza Escocia en diagonal desde Helensburgh, en la costa oeste, hasta Stonehaven en la este— marca el límite donde, hace unos 400 millones de años, dos masas continentales completamente distintas (Laurentia y Avalonia) se soldaron durante la orogenia caledoniana. Por eso el norte de Escocia tiene rocas mucho más antiguas, una topografía mucho más áspera y, por hundimientos posteriores en la Great Glen Fault, lagos extraordinariamente profundos como el Lago Ness, que alcanza 227 metros y contiene más agua dulce que toda Inglaterra y Gales juntas.

Mañana en Glencoe y la manta de tartán

Nos levantamos en las cabañas, dimos un primer paseo por el camping y desayunamos en el comedor común del propio alojamiento. De ahí cogimos el coche y fuimos al centro de visitantes de Glencoe —el del National Trust for Scotland, abierto en 2002 como sustituto del antiguo centro junto a la carretera, con paneles sobre la geología, la flora del valle y, sobre todo, la Masacre de Glencoe de 1692, sus distintos relatos y la lucha de los clanes—. Estuvimos viendo un poco la historia del valle, del mito de Nessie y los distintos intentos a lo largo del último siglo de encontrar al monstruo —desde la famosa «fotografía del cirujano» de 1934, después confesada como un fraude, hasta los rastreos por sonar de los noventa—.

En la tienda vimos una manta escocesa de tartán. Me llamó la atención porque era muy parecida a una que mi madre se trajo de Reino Unido hace muchísimos años y que tuvimos en casa durante décadas.

Loch Ness, embarcaderos y rumbo a Inverness

Después enfilamos al Lago Ness. El día no era particularmente bueno de tiempo —algo de lluvia intermitente, propio de las Highlands en agosto—, pero nos dio para dar un paseo por la zona, recorrer el monte y bajar a una zona de embarcaderos a orillas del lago. Excursión bonita aunque sin rastro de monstruo, como casi todos los visitantes de los últimos noventa años.

Nessie —diminutivo cariñoso del Loch Ness Monster— es uno de los criptidos más famosos del mundo. La leyenda hunde raíces en una mención de San Columba en el siglo VI sobre una «bestia acuática» en el río Ness, pero la versión moderna nace en 1933 con el avistamiento publicado por el matrimonio Mackay y, sobre todo, con la «surgeon’s photograph» de 1934 —que durante 60 años fue prueba canónica hasta que en 1994 el responsable confesó que era un montaje con un submarino de juguete y un cuello de plastilina—. Desde entonces se han hecho más de cien expediciones científicas, incluyendo el escaneo por sonar BBC en 2003 y el análisis ambiental de ADN de 2018-2019, sin encontrar evidencia de ninguna especie desconocida. La hipótesis más aceptada por los científicos es que los avistamientos correspondan a anguilas europeas de gran tamaño, troncos a la deriva o ilusiones ópticas en aguas oscuras por el alto contenido de turba.

Inverness: cruzar el río buscando el restaurante de TripAdvisor

De Inverness recuerdo, sobre todo, cruzar el río Ness yendo a un restaurante 🙂 La historia: Sergio o Fabián habían visto un restaurante con muy buena opinión en TripAdvisor y era el plan. Cuando arrancamos a buscarlo nos dimos cuenta de que estaba bastante lejos del centro: tuvimos que dar bastante vuelta y cruzar el río. Salió bien aunque no estuviera planeado: ese rodeo nos llevó a ver una buena parte de la ciudad que de otra manera no habríamos pisado.

El puente que cruzamos se ve en las fotos —Inverness tiene varios puentes bonitos sobre el Ness, desde el peatonal Greig Street Bridge de finales del XIX hasta el Ness Bridge contemporáneo—. Comimos muy bien: chunky cullen skink y supreme of chicken con huggies, en un sitio que se quedó marcado.

Inverness —del gaélico Inbhir Nis, «boca del Ness»— es la ciudad más grande de las Highlands, con unos 47.000 habitantes, considerada históricamente la capital del norte escocés. Está al borde del Moray Firth, donde el río Ness desemboca en el mar del Norte, y a apenas 1 km del extremo norte del Lago Ness, lo que la convierte en la base obligada para cualquier visita al lago. La ciudad creció en torno a un castillo medieval —el actual Inverness Castle, en piedra arenisca rosa, es del siglo XIX, sustituye a uno anterior destruido por los jacobitas en 1746—. Es además uno de los principales centros de la cultura gaélica escocesa contemporánea: el río Ness se cruza en Inverness por una decena de puentes, entre los que están dos peatonales colgantes victorianos icónicos.

Después de comer volvimos sobre nuestros pasos hacia la otra orilla, dimos otro paseo, paramos a tomar un café en otro sitio del centro y compramos algo para la cena de la cabaña.

Cawdor Castle ya cerrado y vuelta a Glencoe

De Inverness bajamos al Cawdor Castle, a unos 20 km al este, pero llegamos cuando ya había cerrado al público, así que no pudimos entrar. Nos conformamos con un paseo por los alrededores y por la zona del jardín exterior. La curiosidad literaria del castillo es enorme: Cawdor es el título nobiliario que Shakespeare regala a su Macbeth en la tragedia («Glamis thou art, and Cawdor«), aunque el castillo real es posterior a Macbeth en al menos tres siglos —se construyó hacia 1454, mientras que el Macbeth histórico vivió en el siglo XI—, así que la conexión es puramente simbólica. Sigue habitado hoy por la familia Campbell de Cawdor y se abre al público durante la temporada turística.

Después, ya con la luz cayendo, volvimos a través del valle por carreteras de las Highlands hasta nuestro alojamiento en Glencoe a cenar, a descansar y dormir.

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