Traslado a Budapest. Última mañana en Praga. Multa de aparcamiento en mi coche (aparcado en la plaza de abajo del hostel) que confíamos en que nunca nos llegara. Por la tarde ya carretera al sur. Llegada nocturna a Budapest y directos a subir al Castillo de Buda — la mejor primera impresión posible de la ciudad —.
Praga → Budapest
Recogida de mochilas en el hostal de Praga. Recuerdo que yo me quedé esperando un buen rato solo abajo de una cuesta, mientras el resto iba a hacer o arreglar algo y me enfadé 🙂
A los coches y rumbo y al sur — Praga → Brno → frontera con Eslovaquia → Bratislava (sin parar) → frontera con Hungría → Budapest —. Seis o siete horas de autopista con paradas de gasolinera y café. Llegada a Budapest ya con la ciudad iluminada. Recuerdo las bromas en mi coche, y luego en general, de cómo Rut entraba acelarando a los controles de frontera 😉
Dejamos las cosas en un hostal de Pest y subimos directos al lado de Buda antes de cenar — Budapest no tiene misterio: hay que verla de noche desde la colina del Castillo 🙂 Recuerdo también que me llamó la atención cómo la gente dejaba las bolsas de basura en los portales amontanoda. No sé si había huelga o es que funcionaba así. Recuerdo también que la ciudad me parecería «antigua», particularmente por los trolebuses, que yo no había visto antes en mi vida.
Budapest como ciudad unificada nació el 17 de noviembre de 1873 con la fusión de Buda (la colina fortificada al oeste del Danubio), Óbuda (la Aquincum romana al norte) y Pest (el burgo comercial y llano al este). Pero cada una tenía su propia historia previa: Buda era la antigua residencia real medieval de los reyes húngaros desde el siglo XIII, arrasada por los mongoles en 1241 y refundada por Béla IV, luego ocupada por los otomanos durante 145 años (1541-1686) — de ahí los baños termales que quedan hoy —, y reconquistada por los Habsburgo tras un asedio brutal en 1686. Pest era el mercado agrícola en la orilla llana. La unificación en 1873, apenas seis años después del Ausgleich austrohúngaro de 1867 que dio a Hungría paridad con Austria dentro del imperio, disparó una explosión constructiva sin igual en Europa: el Parlamento neogótico (Steindl, 1885-1904, copia del Westminster de Londres con cúpula central), la avenida Andrássy (1872-1885, copia de los Champs-Élysées), el metro M1 (1896, primer subterráneo de Europa continental), los puentes monumentales sobre el Danubio (Cadenas 1849, Isabel 1903, Libertad 1896), el Bastión de los Pescadores (1902), el Vajdahunyad vára (1904, para el milenio húngaro de 1896). Casi todo en formato historicista Beaux-Arts y en la Szecesszió — el Art Nouveau húngaro con Ödön Lechner al frente —.
El Bastión de los Pescadores (Halászbástya) fue construido por Frigyes Schulek entre 1895 y 1902 sobre las viejas murallas medievales del gremio de pescadores de Buda, como mirador neorrománico para el Millennium húngaro que celebró en 1896 los 1.000 años de la llegada de las tribus magiares a la cuenca panónica en 896. Las siete torres cónicas blancas representan a las siete tribus fundadoras. Justo al lado, la Iglesia de Matías (Mátyás templom) — del siglo XIV pero reformada neogóticamente por el propio Schulek con las tejas policromas Zsolnay del tejado —. Es el conjunto turístico más fotografiado de la ciudad. En 2006 aún tenía la piedra sin restaurar y los jardines alrededor menos apañados que hoy — la reforma integral vino después con fondos UE —.
Buda de noche: Iglesia de Matías y Bastión
Subimos al Várnegyed (barrio del Castillo) por calles empedradas en cuesta, mojadas por lluvia reciente. Rut llevaba un ritmo fuerte y le gastábamos bromas con eso. Farolas de gas, edificios bajos históricos.
Kapisztrán tér con la torre superviviente de la Iglesia de María Magdalena — bombardeada en 1945, hoy queda solo el ventanal ojival visible —. Úri utca, Tárnok utca: las callejuelas señoriales del barrio con las casas barrocas en fila y las farolas encendidas.
Y Szentháromság tér: la Iglesia de Matías con su torre gótica altísima y las tejas policromas Zsolnay iluminadas de amarillo.
Al lado, el Bastión de los Pescadores (Halászbástya) con sus siete torres cónicas blancas — como una postal de cuento —. La estatua ecuestre de San Esteban I, primer rey de Hungría, en el centro. Recuerdo que fue un lugar que me encantó. De hecho Budapest fue la ciudad que más me gustó de las tres. En el momento de escribir esto (2026) he vuelto a Budapest y a Praga. Aún no ha Viena. (Tuvimos que cancelar por alguna ola de la pandemia uno a Bratislava y a la capital austríaca)
Mirador del Palacio Real: Puente Cadenas y Basílica
Y el mirador del Turul — la estatua alada del pájaro mítico magiar sobre el pedestal —, con la panorámica que justifica el viaje entero: el Puente de las Cadenas (Széchenyi Lánchíd) iluminado de dorado sobre el Danubio, la Basílica de San Esteban al fondo con su cúpula neoclásica y las torres, todo Pest desplegado abajo. Cierre del día con la cabeza llena de esa vista. Del hostel de Budapest recuerdo que era un edificio blanco con la entrada al fondo del patio a la izquierda. La habitación la recuerdo también con literas puestas en u. Y recuerdo que estuvimos debatiendo sobre si era fácil o díficil educar niños. Yo pensaba que es fácil. Ahora lo estoy viviendo 🙂 mantengo mi opinión. Ya veremos 😉


