Domingo a tope. Mañana en Brujas de día — la que anoche vimos con luna llena, ahora con luz de otoño y canales llenos de barcos —. Tren a Gante por la tarde, y toda la noche paseando Gante con las gremiales reflejadas en el Leie. Dormimos allí.
Brujas de día: Belfort, Burg y Santa Sangre
Desayuno tranquilo en el apartamento con el DVD de «In Bruges» todavía sin guardar desde que lo habíamos visto la noche antes. Salimos hacia el sur, hasta el Kasteel Minnewater — el «Lago del Amor», esa balsa con torretas blancas a la entrada del Begijnhof —, y de ahí subimos por el casco hasta la Grote Markt otra vez.
Esta vez sí entramos al patio interior del Belfort. El campanario contrapicado desde la Halle, las arcadas de ladrillo, los turistas haciendo cola para subir. Selfie los dos con la torre entera detrás.
De ahí a Burg Square. El Stadhuis: el Ayuntamiento gótico de 1420, uno de los más antiguos de los Países Bajos, con las banderas rojas colgadas de la fachada. Un coche de caballos cruzando la plaza empedrada. La Oude Griffie con su fachada dorada al fondo. Y entrada a la Basílica de la Santa Sangre: la capilla superior con frescos, vidrieras góticas y altar dorado, y bajada a la capilla inferior con las velas votivas encendidas.
La Basílica de la Santa Sangre (Heilig-Bloedbasiliek) de Brujas es de las iglesias más peculiares de Bélgica: dos capillas superpuestas con estilos radicalmente distintos. La capilla inferior es románica, del siglo XII, austera, con arcos de medio punto y capiteles rudimentarios — la iglesia original construida en 1150 por Thierry de Alsacia, conde de Flandes, como capilla del palacio comtal —. La capilla superior es gótica del XV, reformada en neogótico en el XIX, con vidrieras, frescos y altar dorado. El nombre viene de la reliquia de la Sangre de Cristo que Thierry de Alsacia trajo, según la tradición, de la Segunda Cruzada en 1150 — un frasco con supuesta sangre de Cristo recogida por José de Arimatea —. La reliquia sigue custodiada aquí y sale en procesión cada año el jueves de la Ascensión en la Heilig-Bloedprocessie, uno de los eventos más antiguos de Bélgica (siglo XIII, ininterrumpida excepto durante la Revolución Francesa). Está declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO desde 2009.
Panadería y Puerta del Burro
De vuelta a los canales. Paseo por los muelles del Groenerei, cruce de puentecitos y una parada divertida en un escaparate lleno de siluetas de conejos, que nos recordaba a nuestro querido Clark, que en aquel momento llevaba más o menos un mes con nosotros.
Panadería «Uw Warme Bakker» en el camino — «su cálido panadero», así dan de comer los belgas —. Nagore comiendo pastelito por la calle mientras nos alejamos hacia el este.
Salimos del casco por la Ezelpoort, la Puerta del Burro, una de las cuatro puertas medievales de Brujas que sobrevive con sus torretas y las banderas de la ciudad colgadas.
Los molinos de Kruisvest
Subimos a la Kruisvest, el paseo elevado sobre la antigua muralla oriental de Brujas donde se conservan cuatro molinos de viento — el Sint-Janshuismolen, el Koeleweimolen, el Nieuwe Papegaai y el Bonne Chieremolen —. El primero, del siglo XVIII, todavía muele grano y se puede visitar por dentro. Foto ante las aspas rojas sobre el montículo verde. Nagore desde arriba con el casco de Brujas desplegado abajo. Uno de esos rincones que no aparecen en las guías rápidas y que se agradecen precisamente por eso. Yo tengo súper buen recuerdo de este paseo que dimos. Hace poco (escribo esto en 2026) estuve tratando de recordar dónde había sido y no lo logré.
Bajamos otra vez al casco por Groenerei — canales y hiedra amarilla, otra vez —. Cruzamos Meestraat, pasamos bajo el Meebrug con un barco turístico atravesándolo, y llegamos a la calle Rozenhoedkaai otra vez, ahora de día. La postal cambia bastante — canal, campanarios y el campanario Belfort al fondo, pero con luz gris de noviembre, sauce amarilleando y turistas haciéndose la misma foto una y otra vez —.
De vuelta al Burg con un rodeo por la Blinde-Ezelstraat — el Callejón del Burro Ciego, un pasaje corto y cubierto con arco decorado con estatuas doradas que conecta Burg con Vismarkt —. Y en Burg, la placa «Brugge – Werelderfgoed UNESCO» conmemorando la declaración de Patrimonio Mundial de 2000. Última foto oficial en Brujas.
Checkout y estación a Gante
Vuelta al apartamento, a recoger el equipaje. Foto de despedida ante el mural monumental de la estación Brugge-Centraal — esa pintura de la Brujas medieval que preside el vestíbulo —. Y tren directo a Gante.
Gente-Sint-Pieters y caminata al centro
Llegada a Gent-Sint-Pieters a las 14:04. La estación de 1912, con los pasillos abovedados y frescos policromados y el vestíbulo cubierto con murales alegóricos de las principales ciudades belgas. Fuera, la torre-reloj neogótica de ladrillo rojo que la identifica.
Caminata larga desde la estación al centro pasando por el Justitiepaleis, el Palacio de Justicia con la columnata jónica. Nagore consultando el plano de papel a la entrada, habitual en 2014, cada vez menos frecuente.
Por Veldstraat — la calle comercial principal de Gante — con las vías de tranvía y los rótulos «Outlet» e «ICI PARIS XL». Y llegada a Korenmarkt con la Sint-Niklaaskerk, la iglesia de San Nicolás, gótica de piedra Tournai, y el edificio del antiguo Post Plaza (correos) al lado. Seguimos hasta la Botermarkt con el Stadhuis gótico de Gante enfrente.
Gante (Gent en neerlandés) fue durante el siglo XIV la segunda ciudad más grande de Europa al norte de los Alpes, solo por detrás de París. Su riqueza venía de la industria textil de la lana — importaba lana de Inglaterra, la tejía en paños y los exportaba por toda Europa, hasta Italia —, y llegó a acumular más de 60.000 habitantes en pleno siglo XIV mientras Brujas tenía 46.000 y París 200.000. En 1379 lideró una revuelta contra el conde de Flandes (los «White Hoods» de Jacob van Artevelde, cuya estatua sigue presidiendo la Vrijdagmarkt), y en 1500 fue el lugar de nacimiento de Carlos V — Karel V, el emperador del Sacro Imperio y rey de España — en el Prinsenhof. Su decadencia empezó con las guerras de religión del XVI y las conquistas de Luis XIV en el XVII. En el XIX vivió un breve renacimiento con la industria del algodón. Su casco antiguo — el Historisch Centrum — conserva las tres torres alineadas del Sint-Baafskathedraal, el Belfort (Patrimonio UNESCO desde 1999) y la Sint-Niklaaskerk, más los muelles fluviales del Graslei y el Korenlei con las casas gremiales de los siglos XII al XVII. La ciudad es hoy conocida por su universidad, por ser «la ciudad menos turística de Flandes» (comparada con Brujas y Amberes) y por su mercado semanal de flores en la Kouter.
Comida ligera en EXKi
Ya con hambre atrasada, comida en EXKi — la cadena belga de comida rápida sana, con las etiquetas de «natural, fresh & ready» —. Sopa, ensalada y pan bio para cada uno. La primera comida sana del viaje después de dos noches de Kasteel y Marieke van Brugghe.
Al atardecer, paseo por el Graslei y el Korenlei: los dos muelles del río Leie con las casas gremiales del gremio de los pescadores, los Vrije Schippers (barqueros libres), los Onvrije Schippers (barqueros no libres — sí, esa distinción existía), los cargadores de grano. La postal de Gante por definición. Los últimos barcos turísticos del día bajando el canal con la luz cayendo.
Cruce por el Grasbrug, el puente peatonal blanco, y llegada a la Vrijdagmarkt: la plaza del Viernes con la estatua de Jacob van Artevelde — el líder de las revueltas gremiales del XIV — en el centro, escudos flamencos alrededor y edificios del sindicato socialista «Vooruit» — Nagore riendo bajo un árbol otoñal.
Y visita a la Sint-Jacobskerk, la Iglesia de Santiago — parroquia de los peregrinos a Santiago de Compostela que salían de Gante en la Edad Media —. Interior gótico con las sillas, el púlpito, la penumbra habitual.
Check-in en el Airbnb de Patijntjestraat 210, un piso al oeste del centro, entre Gent-Sint-Pieters y el casco, a un paseo tranquilo del Belfort.
Gante nocturna: Belfort, catedral y Sint-Michielsbrug
Y salimos a caminar Gante iluminada. El Sint-Baafsplein con las tres torres alineadas — el Belfort (con la Lakenhalle a los pies), la Sint-Baafskathedraal (Catedral de San Bavón, donde está el retablo del Cordero Místico de Van Eyck que a esa hora ya no se puede ver) y la Sint-Niklaaskerk —. Una detrás de otra, en fila, iluminadas.
El quiosco de música decimonónico del Sint-Baafsplein rodeado de crisantemos amarillos.
Y la vista que uno se lleva de Gante para siempre: el Sint-Michielsbrug, el puente de San Miguel, con la Sint-Michielskerk gótica al lado y las gremiales del Graslei/Korenlei reflejadas en el agua quieta del Leie. Bajamos al túnel peatonal bajo el puente y Nagore posa como en video musical.
Bares con Rodenbach y Special 1900
Paseo largo por los muelles nocturnos con las gremiales iluminadas — una hora de «esto no puede estar tan bonito y tan vacío» —. Y ya a cenar.
Primera parada en algún bar cerca de Vrijdagmarkt con letrero luminoso de Primus. Botella de Rodenbach — la cerveza roja flamenca acidulada de Roeselare —, posavasos de Tongerlo, Nagore sirviendo la copa con precisión belga aprendida en un día.
Segundo bar, la Special 1900 — una de esas rubias belgas que solo se venden aquí. Y ya vuelta al piso de Patijntjestraat , ya lejos del ruido del centro.


