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Descubriendo la ciudad: catedral, termómetro gigante y Universeum

El segundo día en Gotemburgo (Gotteborg para nosotros, solo después nos enteramos de que tiene nombre en español, nos pasaría lo mismo con Vilnius/Vilna muchos años después) lo empezamos desayunando en el pequeño comedor del Rica Hotel, con vistas a las vías de la estación, justo detrás de la ventana. Yo iba con mi jersey blanco y ella con su flequillo y gafas, una foto de archivo digna de ver. Recuerdo que me llamó mucho la atención el azucarero común encima de la mesa, en lugar de los sobrecitos individuales que estábamos acostumbrados a ver en España. Me pareció un detalle ecológico adelantado a su tiempo, y se quedó como una de esas pequeñas observaciones nórdicas que te llevas a casa. Recuerdo ese desayuno con especial cariño.

Subiendo hacia el centro

Tras desayunar, salimos a pasear con el Göteborg Pass y un plano de papel plegado en las manos — en 2007 todavía no había smartphones ni Google Maps, así que la ruta la planeábamos a vista de plano. Desde el hotel, junto a la estación, cruzamos hacia el centro por Drottningtorget] y bajamos por Östra Hamngatan, una de las calles-canal clásicas de la ciudad, para llegar al nudo central de Brunnsparken, que en el sXIX era un manantial de aguas termales.

Después enfilaríamos hacia una escalinata empinada que subimos — probablemente hacia el parque de Skansen Kronan], la vieja fortaleza redonda sobre la colina de Haga. No recuerdo bien la calle, pero con la guía en la mano nos desviamos del itinerario turístico «oficial» más de lo que debíamos.

El termómetro gigante y la catedral

De vuelta al centro, la parada obligada fue el famoso termómetro gigante de la casa Ströms,  un termómetro enorme en la fachada donde lo curioso es que la escala baja mucho más de lo que sube. Llegaba hasta −30 °C, y aunque aquella mañana marcaba unos amables 10 °C, pensar en −30 con la humedad báltica nos dejó respeto. El termómetro fue instalado en los años 40 y retirado en 2021.  Nagore posó tirando hojas al aire — de las pocas concesiones al otoño que le saqué.

De ahí, subiendo por Västra Hamngatan apenas unas manzanas, entramos a la [Göteborgs domkyrka (Catedral de Gustavi)], la catedral neoclásica de la ciudad, reconstruida en 1815 tras el incendio. Fue la iglesia con el órgano grande que se ve en las fotos, y la que nos sirvió para encender las velitas votivas — una pequeña tradición que hacíamos siempre en aquellos primeros viajes y seguimos. Por dentro tiene una luz blanca limpísima, con bancos claros y poca decoración, muy protestante sueca.

Gustaf Adolfs Torg — el señor del gorro

Seguimos nuestro camino hacia la plaza del «señor con gorro» : es la estatua de Gustav II Adolf, rey fundador de la ciudad en 1621, en la plaza que lleva su nombre, La escultura en bronce la firmó Bengt Erland Fogelberg en 1854; el rey aparece con su casco de batalla característico y un dedo señalando el suelo, en el gesto mítico con el que se supone que dijo «aquí fundaré mi ciudad». Detrás se ve el ayuntamiento (Rådhuset) rematado por la famosa ampliación modernista de Gunnar Asplund.

Cruzamos varios canales por los puentes del casco antiguo — Gotemburgo tiene trazado reticular de ciudad holandesa del XVII — y seguimos bajando hacia el puerto.

Nordstan, Lilla Bommen y el Universeum bajo la lluvia

El centro comercial «que parecía un estadio» es Nordstan, el mayor complejo comercial cubierto de Escandinavia cuando lo construyeron, justo al norte del canal Östra Hamn. De ahí bajamos a la zona portuaria de [Lilla Bommen, donde se ven los mástiles del Barken Viking], el cuatro palos de 1906 hoy reconvertido en hotel. Fue en ese centro comercial donde comimos en una food court de amplios espacios.

Ya estaba nublándose rápido y, para cuando llegamos a Korsvägen], diluviaba. Entramos al Universeum], el centro de ciencia sueco con selva tropical interior de varios pisos, acuario y animales.Subimos un tramo, vimos el primer piso de la selva artificial con sus pasarelas de madera, pero no nos quedamos mucho. Creo que ya íbamos con el cuerpo cansado del día entero andando. Lo que sí se me grabó fue el baño dividido en dos secciones, con un cartel de instrucciones exhaustivo — muy nórdico, muy sueco, muy instructivo.

Cena rápida y vuelta al hotel

Para cenar fuimos en autobús a un McDonald’s], decisión rápida, era lunes por la noche y ya no estaba el patio para cenas largas. Lo que se ve en las últimas fotos es la vuelta al hotel en autobús y la recepción del Rica. A dormir, que el miércoles teníamos más aventuras.

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