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En bus al fin del mundo

Argentina, 19 may 2009

El 19 de mayo de 2009 lo pasamos viajando: salida de El Calafate, atravesando la Patagonia rumbo al sur, frontera con Chile (cruce obligado en bus para llegar a Tierra del Fuego sin avión y llegada a Ushuaia ya con la noche encima. Día largo en autobús con paisaje de estepa.

Para llegar de El Calafate a Ushuaia por tierra hay que entrar y salir de Chile. La geografía manda: Tierra del Fuego es una isla, y la mitad oriental de esa isla pertenece a Argentina mientras la mitad occidental es chilena. Para llegar desde el continente argentino hay que cruzar el Estrecho de Magallanes en un ferry que conecta Punta Delgada (lado chileno) con Bahía Azul (también lado chileno) en una travesía de unos 20 minutos, y después volver a entrar en Argentina por la frontera de San Sebastián. El recorrido entre El Calafate y Ushuaia toma habitualmente 15-18 horas en autobús, con cuatro controles fronterizos —dos de salida y dos de entrada— y paradas en Río Gallegos y Río Grande.

La Patagonia que se cruza en este traslado es la estepa patagónica: un desierto frío y ventoso de pastizales bajos, sin árboles, donde se ven guanacos, ñandúes y ovejas merino dispersos por kilómetros, con la cordillera siempre al oeste como referencia visual. Río Gallegos, capital de Santa Cruz, es uno de los principales puertos pesqueros del país; Río Grande, ya en Tierra del Fuego, es ciudad industrial gracias a la Ley 19.640 de promoción industrial fueguina de 1972, que ofrece exenciones fiscales a las empresas que se instalen al sur del paralelo 42. Por eso el 70% de la electrónica de consumo que se vende en Argentina —móviles, televisores, microondas— se ensambla allí.

Recuerdo que mientras preparábamos el viaje, estuvimos valorando si ir a Ushuaia en avión (90 minutos) o bus, unas 18 horas. Yo era un firme partidario de que al fin del mundo no se va en avión. (Cómo mucho en Peugeot 205) y fue la opción elegida.

El viaje fue largo pro memorable. Recuerdo perfectamente estar esperando bien temprano en la estación de autobuses de El Calafate. Recuerdo el camino, las sensaciones (que muchos años después tuve en Alaska) de estar yendo a un lugar remoto.  Recuerdo la frontera con Chile. El sentirme maravillado cruzando el Estrecho de Magallanes en una barcaza con los autobuses. La conversación con Santi sobre «el peor hostel del mundo» que ambos coincidimos.

También recuerdo estar esperando en Río Gallegos esperando al cambio de autobús  una vez ya en Tierra de Fuego, el sentir que ya estábamos llegando y el sentirme impresionado por el tamaño de Ushuaia, al llegar.

Al llegar, unas vecinas de la ciudad estaban esperando a los pocos viajeros que llegábamos en el bus para mostrarnos fotos de alojamientos y convencernos de que nos quedáramos.  Algo que veríamos años después en Perú y ya no he vuelto a ver. Recuerdo a Mario negociando diciendo «no me chamulles». Y recuerdo que nos convencieron y nos fuimos con ellas. El hostel era Los Lupinos, si mis notas no fallan. Nada más llegar conocimos a un chico canario al que al día siguiente le compraría un colgante de coral y también a Lupe y Rubén con los que compartiríamos tiempo y tragos los siguientes días, en los cabarets de la ciudad.

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