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El día que casi no volvemos

Viena → Bratislava → Stansted → Valencia

Séptimo día. Vuelta a casa. Bratislava, Praga, Budapest, Viena — en pleno corazón de Centroeuropa, con vuelos low-cost desde Stansted, coche entre capitales y noches en hostales con literas. Un viaje memorable.

El atasco de Viena

Habíamos hecho nuestros cálculos sobre a qué hora levantarnos para llegar de Viena a Bratislava a llegar a tiempo al vuelvo a Stansted, para luego volver a Valencia para luego volver a Gandia. Y fuimos muy optimistas o poco previsores o ambas cosas. No contamos con el atasco matutino. En nuestro coche iba yo conduciendo  y recuerdo perfectamente algunos túneles en los que no avanzábamos.

Sabíamos que íbamos muy muy justos. Ainhoa diciendo «no vamos a llegar». Mr Murgas llamando al móvil desesperado. Todos preocupados. Perder el vuelo era una movida considerable. Principalmente de pasta, claro. Tuvimos suerte porque – recordemos – íbamos sin GPS, pero supe atinar con la salida. Andrés había cogido el volante cuando paramos poco antes a echar gasolina.

Siempre bromeamos con que entramos ambos coches a 120 km/hora en el carril de dejar pasajeros donde nos esperaba Mr. Murgas y que casi le atropellamos. Mientras Rut y yo firmábamos los papeles de la devolución, Andrés cogió todas las maletas y – mientras se le caían los pantalones, empezó a gritar «iros sin mí!» Entramos a la terminal. El vuelo se había retrasado. 

Una semana, tres ciudades, mucho frío, mucha cerveza, una colección de monumentos centroeuropeos que se mezclan en la cabeza con el paso del tiempo: el Bastión de los Pescadores con el Castillo de Praga, la Karlskirche con la Basílica de San Esteban, San Vito con Schönbrunn. Muchas risas. Muchos buenos momentos. Las primeras coronas checas y húngaras en el bolsillo. Una de esas semanas que se quedan fijadas como referencia y que vuelve a la cabeza cada vez que alguien menciona «Praga» o «Budapest» en una conversación.

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