Icono del sitio Nyumbani

Diamantes y bombones

Bélgica nov 2014 2014-11-10

Lunes final. Gofre en Gent-Sint-Pieters y tren a Amberes — que es la ciudad que uno se lleva de sorpresa del viaje —. Tarde larga en Amberes: Meir, catedral, Grote Markt, Escalda, Het Steen y Wagamama. Thalys a Bruselas por la tarde, chocolate belga a espuertas y vuelo de vuelta desde Charleroi.

Gofre en Gent-Sint-Pieters y tren a Amberes

Dejamos nuestra habitación en Gante. Ponemos una chincheta de Madrid en el mapa de felpa. Un mapa que compraremos nosotros tiempo después y que estará en nuestra casa durante mucho tiempo.  Desayuno / segundo desayuno con gofre belga en el vestíbulo neogótico de Gent-Sint-Pieters — esa estación de 1912 con las columnas de colores rotuladas «GENT SINT-PIETERS» y los frescos del vestíbulo aún es de las estaciones más bonitas de Europa —.

Compra del billete en la máquina NMBS/SNCB: Gent-Sint-Pieters → Antwerpen-Centraal, 18,80 € para los dos, fecha 10/11/2014. Panel amarillo «Vertrek» con Oostende, Brugge y Antwerpen-C. Tren regional con los asientos rojos moteados. Media hora larga.

La Estación de Amberes-Central (Antwerpen-Centraal) es considerada por muchas listas «la estación de tren más bonita del mundo». Fue construida entre 1895 y 1905 por el arquitecto Louis Delacenserie — que iba a ejercer aquí de «Notre-Dame de la Bélgica industrial» —, con la nave del andén cubierta por una marquesina de vidrio y hierro de 66 metros diseñada por Clément van Bogaert (185m de largo). El vestíbulo, con el gran arco central acristalado, la escalinata de mármol y las paredes doradas, mezcla más de 20 estilos históricos — neorrenacentista, neobarroco, art nouveau —. En los 90 se rehabilitó para acoger el TGV/Thalys y se le añadieron niveles subterráneos (+1, 0, -1, -2) para trenes pasantes bajo la ciudad. Es la única estación grande belga que ha conservado su fachada neobarroca sin destrucciones ni reformas brutales. El barrio de alrededor — Pelikaanstraat — es el «barrio del diamante» desde hace 500 años, con la mayor concentración de comercios de diamantes del mundo occidental gestionados por la comunidad judía ortodoxa de Amberes.

Amberes-Central: el pórtico más bonito de Europa

Llegamos a Antwerpen-Centraal a las 11:46. Cartel azul «ANTWERPEN CENTRAAL» en el andén, la marquesina de vidrio arriba, un tren rojo Thalys parado en el andén de al lado. Conocemos esta estación porque sale en uno de los primeros vídeos que vimos en Youtube allá por 2009:

Bajamos al vestíbulo con el reloj dorado en la escalinata monumental de mármol, las balaustradas talladas, el suelo ajedrezado. Fotos hasta cansar, subir y bajar por escaleras solo para verlo desde otro ángulo. Nagore apoyada en la baranda con las arcadas doradas al fondo. Y la fachada exterior en Koningin Astridplein con la inscripción «MIDDENSTATIE» — la «estación central» en flamenco antiguo —.

Pelikaanstraat y De Keyserlei

Salimos por Pelikaanstraat, el barrio del diamante. Rótulos por todas partes: Eden Diamonds, De Golden Ring, Jenny Exclusive Diamonds, «Best Diamonds». Todo cerrado un lunes por la mañana pero los escaparates iluminados como si fuera la joyería de una película. Esto, realmente es lo que más recuerdo de la ciudad. Y de hecho una calle de Nueva York llena de joyerías que veríamos tiempo después, me recordó a la ciudad.

Subimos por De Keyserlei — la avenida comercial con el Hyllit Hotel, la torre acristalada roja de Galeria INNO, las terrazas cerradas con toldos —, y torcemos hacia el oeste por Meir.

Meir, Groenplaats y la torre de la catedral

La Meir es la calle comercial peatonal más importante de Amberes — una de las más caras de Bélgica, con el Stadsfeestzaal (el antiguo salón de fiestas del XIX reconvertido en centro comercial neoclásico), Australian Home Made Ice Cream, Zara instalado en un edificio con arcadas monumentales, y ahí en el 45 el Palacio Real de Amberes con la Galeria INNO instalada dentro —.

Paseo hasta la Groenplaats con la torre de la Onze-Lieve-Vrouwekathedraal asomando al fondo. Rótulos de Stella Artois y De Koninck a un lado, terrazas con toldos verdes de Da Giovanni. Contrapicado a la torre gótica de 123 metros — la «única» torre porque la sur nunca se terminó por falta de dinero, cosa muy belga —.

En el flanco sur de la catedral, dos hitos: la estatua de bronce de Nello y Patrasche — el niño y el perro de «A Dog of Flanders», novela victoriana británica de 1872 que en Japón es lectura obligatoria en primaria —. La escultura la donó Toyota en 2003, con placa triangular en caracteres japoneses «GIFT VAN TOYOTA». Y a un paso, el Handschoenmarkt con las casas gremiales de hastial escalonado y el letrero «Xaverius».

Grote Markt, fuente de Brabo y Stadhuis

Bajamos por Suikerrui — la «acequia del azúcar», guardando el eco del comercio colonial de Amberes en el XVI-XVIII — hasta desembocar en la Grote Markt de Amberes.

Y ahí está: el Stadhuis (ayuntamiento) renacentista de 1565 con las banderas belgas y flamencas en fachada; las casas gremiales con hastiales escalonados y estatuas doradas rematando cada gablete; y en el centro, la fuente de Brabo — el gigante Druon Antigoon derrotado por el soldado romano Silvio Brabo, arrojando la mano cortada al río (según la leyenda, de ahí Hand-werpen → Antwerpen → Amberes) —. Bancos rojos con leyenda «DE KONINCK ANTWERP CITY BREWERY SINCE 1833» repartidos por la plaza.

Foto obligada: uno saltando delante de la fuente de Brabo con el Stadhuis al fondo.

Escalda, Loodswezen y Het Steen

Bajamos hacia el Escalda por Suikerrui. El Loodswezen — el edificio neogótico blanco del antiguo servicio de práctica portuaria — asoma junto al río. Subimos a la plataforma elevada del malecón: el río abre 500 metros ancho, el perfil urbano del margen izquierdo (Rive Gauche) al otro lado. Nagore con el Escalda de fondo.

Y por fin el Het Steen, el castillo medieval de Amberes — el edificio más antiguo de la ciudad, del siglo XII, sobre las murallas —. Las torres redondas, la estatua del Lange Wapper (el gigante de las leyendas locales) a la entrada. Foto rápida antes de seguir.

Sint-Pauluskerk y casco histórico

Subimos por el norte del casco. Sint-Pauluskerk, la Iglesia de San Pablo — gótica con torre barroca añadida —, con un campo de baloncesto vacío en el atrio (una cosa muy de Amberes). Callejeamos por el casco histórico: Braderijstraat, callejones empedrados con casas de ladrillo estilo flamenco. Un rincón que uno reserva para volver.

Comida en Wagamama

Vuelta por Grote Markt (panorámicas con la fuente de Brabo y la torre de la catedral). Oude Koornmarkt con los rótulos De Kip y El Torero. Y ya con hambre atrasada (son las 15h) comida en un Wagamama — la cadena británica de comida japonesa que siempre nos encanta visitar fuera de España (Wagamama estuvo abierto en España durante poco más de 3 años y medio. La cadena británica aterrizó en abril de 2017 y cerró definitivamente todos sus locales españoles en septiembre de 2020 tras la crisis del coronavirus). Ramen para Nagore, katsu curry para mí. Excelente.

Vuelta a Centraal y Thalys a Bruselas

Última vuelta por la Meir con una instalación urbana de botellas de vidrio, y regreso a Antwerpen-Centraal. Compramos los billetes para el Thalys — el tren rojo de alta velocidad Amsterdam-París que hace parada en Bruselas —. Andén 16 con el tren NS amarillo y azul a un lado, el Thalys rojo llegando. A las 16:42 en marcha.

Mapa Thalys «Van harte welkom» encima del asiento con la ruta Ámsterdam-Bruselas-París-Colonia. Media hora larga hasta Brussel-Centraal.

A Charleroi, con cambio en Bruselas

Tránsito por Brussel-Centraal a las 17:32. Vistas desde la estación con Ibis Hotel al fondo y el panel «Prochains départs» de la estación colgando. Bruselas ya de noche, iluminación amarilla.

Y ronda de bombones belgas para llevar. Corne Port-Royal con cajas de Orangettes y el Atomium y la Grand Place en la tapa. Cuberdons Geldhof — los «Cuberdons», esos caramelos cónicos flamencos de frambuesa que solo funcionan si se comen fresquitos —, marca «The originals since 1954». Belgian Truffles — trufas de chocolate — con tres cajas. Y una tienda con cajas de bombones con las portadas de Tintín (L’Étoile Mystérieuse, Le Lotus Bleu, Le Crabe aux Pinces d’Or) — porque cualquier ciudad belga que se precie tiene su tienda con Hergé homenajeado —. Llevamos un montón: a Tc, a Luxenter, a Irun, a Calahorra, a casa…

Ryanair «Comunitat Valenciana» y vuelo a casa

Tren al sur hasta Charleroi Sud otra vez, bus lanzadera al Aeropuerto de Bruselas-Charleroi (BSCA) — donde habíamos empezado el viaje 60 horas antes —. Embarque del Ryanair EI-DCJ «Comunitat Valenciana».

Fachada de la terminal iluminada, cola en la pista, avión iluminado. A bordo: selfie con el paquete de Belgian Butter Cookies comprado en Bruselas y la bandeja de siempre — vaso de café, patatas Bret’s, el minuto más Ryanair del año —.

Vuelo a España. 60 horas exactas para tres ciudades belgas y una impresión clara: Brujas de postal, Gante de descubrimiento, Amberes de sorpresa. Bélgica cabe casi entera en un fin de semana largo si uno se mueve bien y no le importa cambiar de estación tres veces al día.

Salir de la versión móvil