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Cruzando el Mersey y bananalambs

Liverpool, 8 sept 2008

El último día en Liverpool lo dedicamos al río — al Mersey, que es lo que ha hecho a la ciudad lo que es. Cogimos el Mersey Ferry en el Pier Head, cruzamos al lado de Birkenhead —el otro Liverpool, el que pocos turistas pisan— y volvimos por la tarde para terminar el viaje en el Liverpool One, una compra rápida en el Tesco y, por la noche, vuelta al hostel con una sandwichería sosa por cena antes del vuelo de la mañana.

El Mersey es un río corto —apenas ciento doce kilómetros desde su nacimiento en el sur de Manchester hasta su desembocadura— pero un estuario enorme: en Liverpool tiene casi tres kilómetros de orilla a orilla. Esa anchura es lo que durante dos siglos hizo posible que cinco mil barcos atracaran simultáneamente en sus muelles y que el Port of Liverpool compitiera con Londres por ser el principal puerto del Imperio Británico. Las dos grandes navieras transatlánticas del siglo XX —la Cunard Line y la White Star Line— tenían sus oficinas en el Pier Head, frente al agua, y desde aquí salían los grandes paquebotes hacia Nueva York, Boston y Halifax. Cuando los emigrantes irlandeses, escandinavos y europeos centrales hablaban de «embarcar a América», muchos lo hacían literalmente desde Liverpool.

El Mersey Ferry que nosotros cogimos es heredero de los primeros transbordadores monásticos del siglo XII —los monjes de Birkenhead Priory cobraban un penique por cruzar a Liverpool— y se ha mantenido ininterrumpidamente desde entonces, aunque en distintas formas. La línea actual fue inmortalizada en _Ferry Cross the Mersey_, la canción de Gerry and the Pacemakers de 1964 que es, junto con «Penny Lane» y «Strawberry Fields», uno de los himnos no oficiales de la ciudad. Los barcos llevan altavoces que la ponen al cruzar — sí, en bucle. Es turístico hasta lo cómico, pero también es difícil no sonreír cuando suena.

Mañana: Mersey Ferry y la otra orilla

Bajamos al Pier Head después del desayuno y compramos un billete combinado de Mersey Ferry — un crucero corto en bucle de unos cincuenta minutos que sale de Liverpool, hace parada en Seacombe y en Woodside (Birkenhead), y vuelve. Por el agua. La idea es turística pero la línea sigue siendo transporte público real, así que en el barco te encuentras una mezcla rara de mochileros con cámara y vecinos del otro lado yendo a hacer la compra.

El cruce es lo más cinematográfico que hicimos en el viaje. Por una banda, la fachada de los Three Graces —el Liver Building, el Cunard y el Port of Liverpool— alejándose hasta caber entera en el encuadre de la cámara. Por la otra, la silueta industrial de Birkenhead acercándose, con sus grúas portuarias todavía activas, los tinglados de los astilleros Cammell Laird y la torre del antiguo Birkenhead Priory asomando por encima de los tejados. En el medio, el agua del Mersey con su color característico marrón verdoso de estuario

Nos bajamos en Seacombe y dimos un paseo por el lado de Birkenhead que ya pertenece a otra ciudad: tranquila, menos turística, casas victorianas más bajas, plazas residenciales. Hicimos algunas fotos al Pier de Woodside y a la línea del horizonte de Liverpool desde la otra orilla — esa es la postal que el liverpuliano de toda la vida prefiere, no la del Pier Head saturada de turistas. Volvimos en el siguiente ferry y cuando atracamos en el Pier Head ya era hora de comer. Estuvimos bastante rato haciendo fotos artísticas.

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Esta composición la hice yo, con Photoshop, la siguientes navidades, 3 meses después en Calahorra, y la imprimí como regalo.

Bastante rato… esta la ha hecho Claude, en 2026, en el momento de escribir esta entrada 🙂

A comer y Bananalambs por la tarde

Paramos a comer un restaurante chino, creo recordar que buffet, que hacia esquina  y despúes, de paseo despacio por el Liverpool One con sus calles peatonales todavía olientes a baldosa nueva, mirando escaparates y compramos en el Tesco algo para la cena. Creo que sería la primera vez que vi lo de reduced to clear.

En algún momento de la tarde hice cuentas con Nagore: alojamiento (60 libras los tres días en el Einstein House) + vuelos (60 euros los dos por persona) + comidas (sándwiches del Tesco) + transporte público (passes de día) + el Mersey Ferry. Total: 125 euros por persona los tres días, todo incluido. Era el viaje más barato que hicimos juntos hasta ese momento de nuestras vidas.  Y creo que lo seguirá siendo.

Estuvimos viendo la exposición de bananalambs, mitad plátano, mitad cordero. Fue la primera que vimos algo similar. Luego ya vendrían las vacas, las meninas… Estaban todas juntas, no sé si porque aún no las habían distribuido o porque era así la idea. Toda la acción era un homenaje a super banana lamb

Creo que fue ese el día volvimos a casa en bus – o quizá fue al día siguiente al aeropuerto, en el que el conductor del autobus nos dijo que él había estado en España hacía nada, de vacaciones.

En Liverpool John Lennon Airport nuestro vuelo de vuelta salía al día siguiente a las nueve y poco de la mañana — así que volvimos al Einstein House a dormir una última noche, agotados de tres días de andar y satisfechos de haber descubierto, casi por casualidad, una ciudad interesante

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