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Belvedere, Schönbrunn y servilletas con Ottakringer

Praga-Budapest-Viena 2006-03-20 — 155

Único día completo en Viena. Mañana en el Belvedere, mediodía por el Ring y los museos, tarde entera en Schönbrunn y cierre con helados en Zanoni & Zanoni y cervezas Ottakringer con servilletas dibujadas hasta llenarlas de nombres del grupo.

Jardines del Belvedere

Mañana en el Belvedere. El conjunto de palacios de verano que mandó construir el Príncipe Eugenio de Saboya entre 1714 y 1723 — hoy uno de los museos de arte más importantes de Viena, con el Beso de Klimt en el Belvedere Superior, aunque no entramos —.

A esa hora los jardines eran nuestros: el parterre geométrico con los conos de tejo, el estanque congelado reflejando la fachada barroca del Belvedere Superior con sus cúpulas verdes, y al fondo la Donauturm (la torre del Danubio de 252 metros, 1964) recortándose lejana. Panorámicas hacia el sur con la Karlskirche asomando a la derecha entre los tejados.

Bajada por el eje central entre los conos de tejo. Esfinges femeninas aladas barrocas a los lados de la puerta — abrazadas y besadas por el grupo en la foto de rigor —. Una grúa al fondo del jardín rompiendo la postal 🙂

Hofburg de día y Maria-Theresien-Platz

Vuelta al centro por el Ring. El Hofburg de día: los Fiakers en el patio In der Burg con los caballos blancos y los cocheros barnizados, los muros almohadillados con sus ventanas simétricas — foto obligada del carruaje contra el fondo palaciego —.

Salimos a la Maria-Theresien-Platz con la vista de los dos museos gemelos: la cúpula octogonal del Kunsthistorisches Museum a un lado con las banderas ondeando, el Naturhistorisches idéntico enfrente, y la estatua ecuestre de Maria Teresa presidiendo el centro sobre su pedestal con los generales y ministros de piedra.

Parlament, Rathaus y almuerzo en el parque

Ring hacia el norte. El Parlament — la fachada greco-clásica de Theophil Hansen — con la fuente de Palas Atenea delante y la bandera de Austria ondeando. Y el Rathaus, el Ayuntamiento neogótico con sus cinco torres y el chapitel central de 98 metros con el Rathausmann arriba — vistas parciales entre los árboles del Rathauspark, la fachada completa desde la Rathausplatz, el detalle de la arcada gótica lateral con las farolas colgantes —.

El Palacio de Schönbrunn es la residencia de verano de los Habsburgo — el equivalente vienés a Versalles —. Lo encargó Leopoldo I a finales del XVII a Johann Bernhard Fischer von Erlach (sí, el mismo que la Karlskirche), pero quien lo terminó en su forma actual fue la emperatriz María Teresa a mediados del XVIII, con el arquitecto Nikolaus Pacassi transformándolo en el palacio residencial preferido de la corte. Tiene 1.441 habitaciones distribuidas en cuatro plantas y ala este, jardines barrocos con la Neptunbrunnen (fuente de Neptuno, 1780) al pie de la colina, la Gloriette — mirador-templete neoclásico coronando la colina, 1775 —, las Römische Ruine (ruinas romanas artificiales, 1778, capricho rococó), el laberinto de setos reconstruido y el zoológico imperial (Tiergarten Schönbrunn) — el más antiguo del mundo, fundado en 1752 por Francisco I —. Aquí se firmó el Tratado de Schönbrunn de 1809 entre Austria y Napoleón. Aquí veranearon Sissi (la emperatriz Isabel) y Francisco José I. Y aquí Mozart dio, con 6 años, su primer concierto público ante María Teresa y la corte (1762). Es Patrimonio de la Humanidad y la atracción turística más visitada de Austria.

Schönbrunn: fachada amarilla, Gloriette y Ruinas Romanas

Cogimos U-Bahn a Schönbrunn. El Ehrenhof (patio de honor) con la fachada amarilla longitudinal de las dos alas simétricas — ese «amarillo Schönbrunn» que se ha convertido en color institucional austríaco —. Creo que tampoco pillamos billete, aunque esta vez dudamos.

Cruzamos al jardín trasero. La fachada del palacio al sur con la escalinata central y los grupos escultóricos del ático. Perspectiva monumental de la Grosse Allee — el eje central de casi un kilómetro que sube hasta la Gloriette — con la Gloriette coronando la colina al fondo. Foto grupal con los cuatro brazos en alto.

Vane y yo no teníamos particular interés en entrar al palacio así que nos quedamos fuera dando un paseo y hablando de la vida. Como habíamos hecho en Sousa.

Bajamos al pie de la colina para la Neptunbrunnen — la fuente monumental barroca con el dios del mar conduciendo caballos marinos —. La luz iba cayendo con ese tono dorado del atardecer de marzo tan corto.

Recorrimos también las Römische Ruine — las ruinas romanas artificiales encargadas por María Teresa en 1778, un capricho rococó de arquería falsa con estatuas fluviales en el charco central —. Los grupos escultóricos reclinados al pie de la columnata, la arquería con capiteles corintios de imitación arqueológica.

Y la Schöne Brunnen — la fuente bonita con la ninfa Egeria bajo el mascarón barroco de guirnalda floral —, la que da nombre a Schönbrunn. Un rato más entre los setos altos con la última luz. Merienda de plátano en un banco.

Mariahilfer Strasse, Zanoni y cerveza en Ottakringer

Vuelta al centro por Mariahilfer Strasse — la calle comercial principal de Viena —. Un músico callejero con guitarra y sombrero al pie de un escaparate de D&G / Diesel haciendo la banda sonora del paseo. Recuerdo que había una manifestación, que fue la primera vez que vi una fuera de España. Después he visto en Nagoya, Praga…

También en esta tarde, recuerdo que entramos a un mercado o tienda de alimentación a comprar algo así como kessel leven kessel, algo que Vanessa tenía anotado como algo que debía comprar.

Y llegada a Zanoni & Zanoni, la heladería italiana de Lugeck abierta desde 1979 y todavía referencia en Viena — el letrero «365 Tage» (365 días al año) con orgullo —. Sesión larga de helados con el grupo: copas grandes de pistacho, avellana, chocolate, con crema encima. Retratos cómicos con las cucharas, retratos con dos copas cada uno, gestos con cara larga, gestos con cara corta. La típica cena de amigos universitarios en plena heladería con el mostrador brillante al fondo.

Traslado en tranvía naranja (o metro) hasta un bar de barrio. Ronda de Ottakringer: seis jarras alineadas en la mesa roja, la bola de espejos colgada del techo, la iluminación tirando a violeta. Y ahí llegó lo mejor: los dibujos en las servilletas.

Una servilleta con un mapa/planeta con «MUNICH, BUDAPEST, PRAGA» apuntados a boli — el viaje mental —. Otra con la lista entera del grupo: Naiara, Pedro, Vanesa, Aitor, Ruth, Pepe…. Otra con transcripciones de un chat: «Cassie, ¿Qué estáis rockeando??», «la martes». Broma tras broma hasta que la ronda de servilletas y la de Ottakringer se hicieron una sola.

Cierre en el hostal

Cierre en la cocina del hostal — el cartel «THE KITCHEN RULES» en inglés/alemán colgado sobre los fogones con las normas del albergue, el pictograma de no fumar arriba —.

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