Día en el hostel

Ayer llegamos a El Calafate, base obligada de cualquier viaje al glaciar Perito Moreno. Aunque ayer salimos de fiesta, hoy nos hemos levantado temprano porque queríamos alquilar un coche e ir al Perito Moreno.

El Calafate es una ciudad que no existía hasta hace cien años. Fundada formalmente en 1927 como puesto de acopio de lana en la ribera sur del Lago Argentino, mantuvo durante décadas el perfil de pueblo polvoriento patagónico —apenas algunas casas de adobe, una calle principal de tierra y unos pocos comerciantes— hasta que la consolidación del Glaciar Perito Moreno como atractivo turístico internacional en los años 80 y 90 la disparó. Hoy tiene unos 24.000 habitantes —se duplica en temporada alta— y es la base obligada para visitar el Parque Nacional Los Glaciares, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981.

El nombre del pueblo viene del calafate, un arbusto patagónico de bayas comestibles muy oscuras —del género Berberis— que crece silvestre por toda la región. La leyenda local dice que «quien come calafate, vuelve«: una superstición que aprovecha cualquier guía turístico para explicar la repetición de visitantes. El Lago Argentino es el lago más grande del país —1.466 km², el lago más grande de Argentina y el tercero de Sudamérica—, alimentado directamente por el deshielo de los Hielos Patagónicos Sur, esa enorme masa glaciar compartida con Chile que es la tercera reserva de agua dulce congelada del mundo después de la Antártida y Groenlandia.

Pero no habrá suerte. La carretera está cortada según nos informan en el hostel y no podremos ir. Así que, puesto que no hemos dormido mucho, nuestro plan es quedarnos tranquilos en el hostel aprovechando que hay una Play3 y el Pro 🙂 Será un día tranquilo. Por la mañana yo salí a dar una vuelta por el pueblo y de vuelta me encontraré en la puerta del hostel con un señor que venía empanadas de un cesto. Compré alguna, creo que entré y en seguida todos estos dijeron, pues compramos más y nos movemos de aquí 🙂

Y así siguió el curso de la tarde. Recuerdo que en el hilo musical sonaba «La confiture de lait» del grupo Tryo que descubrí en ese momento y que es un grupo que me encanta desde entonces. A media tarde, Santi y yo decidimos darnos una vuelta hasta el final del lago. El paseo fue muy agradable. Y creo que a la hora de cenar salimos a un restaurante elegante, en el que en la carta ponía algo de que solían ir los Kirchner.

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