El 18 de enero, día central del viaje, lo dedicamos casi por completo a museos — San Marino tiene unos cuantos, todos cubiertos por una tarjeta combinada muy razonable, y eso te organiza el día solo. Empezamos en el Museo del Estado, subimos a la primera Torre Guaita, comimos en una cafetería del centro, bajamos en teleférico a Borgo Maggiore y cerramos con el Túnel Montale. Día denso de los buenos.
Las Tres Torres de San Marino —Guaita, Cesta y Montale— coronan los tres picos del Monte Titano y son el símbolo nacional por excelencia: aparecen en la bandera, en el escudo y en cualquier postal o moneda emitida en el último siglo. La Guaita es la más antigua, construida en el siglo XI sobre cimientos previos y rehecha varias veces hasta llegar a su forma actual; sirvió como prisión hasta 1975. La Cesta) corona el pico más alto a 756 metros y se levantó en el siglo XIII sobre las ruinas de una fortificación romana, alberga hoy el Museo de las Armas Antiguas. La Montale) es la más pequeña y la única que no se puede visitar por dentro — funcionaba como puesto de vigilancia y prisión política. El conjunto, junto con el centro histórico, es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2008.
La Cava dei Balestrieri que cruzamos a media mañana es un anfiteatro de piedra construido en el siglo XX para albergar la fiesta de los ballesteros sammarineses, que cada 3 de septiembre —día de la fundación de la república— se enfrentan en una competición histórica con ballestas medievales. La tradición es real: los ballesteros de San Marino fueron una fuerza militar respetada en el medievo italiano y la república mantiene desde el siglo XIV un cuerpo oficial de balestrieri que todavía hoy desfila en uniforme renacentista. La cava es uno de esos espacios que en invierno parecen un patio cualquiera y en verano se llenan de público, banderas y arqueros con jubón.
Mañana: desayuno en el hotel y Museo de Estado
Julen había dormido en la cama con nosotros aunque tenía la cuna al lado — se le había hecho corto el cuarto y prefirió la nuestra. Salimos a desayunar a la cafetería casi en frente. Era sábado temprano y había muchos lugareños desayunando para arrancar rutas en bici. Cruzamos la Puerta de San Francisco – hoy con un guardía de circulación y enfilamos las callejuelas del centro histórico. La sensación de tener una ciudad entera encaramada a una roca de mil metros, con cuestas, edificios apretados y vistas al valle entre cada arco, no se parece a nada que hubiéramos visto antes.
Lo primero fue el Museo di Stato, el museo nacional. En la propia taquilla compramos la tarjeta combinada que te abre todos los museos del Estado durante el viaje: una buena oferta para tres días en la república. El museo recorre la historia del país —fundación, edad media, lucha por la independencia, neutralidad— con una colección de cuadros y documentos y una planta sótano con piezas arqueológicas que para mí fue lo mejor del recorrido. Vimos cuadros y elementos del relato nacional sin guía, a nuestro ritmo.
Cava dei Balestrieri y subida a la Torre Guaita
Salimos del museo y subimos andando hacia la parte alta del Titano. Pasamos por la Cava dei Balestrieri —el anfiteatro de los ballesteros —, que en enero estaba vacía pero que en septiembre se llena de uniformes renacentistas y banderas.
Desde ahí cogimos el sendero que sube hacia las torres. Llegamos hasta la Primera Torre – Guaita, la más antigua y la única que pudimos hacer con el carrito; intentamos seguir hacia la Cesta pero al cabo de unos metros aparecieron escaleras y piedras que con Julen en carrtiro no merecía la pena. La Guaita por dentro es sencilla, bien restaurada, con unas vistas a 360° sobre la Romaña y, en días claros, hasta el Adriático.
Después bajamos a tomar café en un sitio que me gustó mucho —tanto que el domingo volveríamos—, y estuvimos tranquilos, con nuestro café, hablando por Whatsapp con Susana…
Museo Numismático y Museo Filatélico
Bajamos hacia la otra parte de la ciudad para meternos en el Museo Numismatico e Filatelico, que era casi un chiste hacerlo de tan obvio: la república emite sellos y monedas conmemorativas como uno de sus motores económicos, y el museo lo cuenta con orgullo y profundidad.
A Julen le pusieron en el primer sello oficial de su pasaporte allí — había que pagar 5€. El museo cubre toda la historia monetaria del país —antes del euro, monedas conmemorativas, medallas— y luego una gran sección de filatelia con postales y emisiones especiales. Compramos algunos sellos en la tienda: hay una colección absurda de ediciones —equipos de fútbol, deportistas, Ayrton Senna muerto en el circuito de Imola en el Gran Premio de San Marino , oMarco Simoncelli. El día que murió Simoncelli en 2011, nosotros estábamos en el Cañón del Colca en Perú: nos levantamos a la 1 y media de la madrugada para hacer la excursión y nos enteramos al volver. Curioso reencontrarse con el dato, en sello, en un museo de un país que ni habíamos pisado entonces.
Conociendo la obra de Enzo Mari
Después fuimos a la Galería Nacional de San Marino, en un edificio amplio y reconvertido — sin ser grande, me gustó mucho una cosa muy concreta la instalación de Enzo Mari, que entrelazaba referencias cruzadas a obras de arte clásicas. Me interesó muchísimo, por la reflexión sobre ideas y representación.
DISCUSIÓN ENTRE FIDIAS, GALILEO, DUCHAMP, LOS SIETE ENANITOS Y EL IDIOTA
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FIDIAS: «Yo represento la IDEA de lo Sagrado, no subjetivamente«.
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GALILEO: «Niego la representación y busco, no subjetivamente, explicar la Naturaleza».
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DUCHAMP: «Niego subjetivamente a quienes todavía representan la IDEA de lo Sagrado».
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LOS SIETE ENANITOS: «Ante la ausencia de IDEA hoy en día, NOSOTROS nos representamos subjetivamente«.
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EL IDIOTA: «Se necesita una IDEA no subjetiva de la Naturaleza-Dios».
De ahí fuimos a comer a la cafetería que está justo enfrente del primer museo que visitamos por la mañana. Cambio de pañal a Julen camino al baño, café caliente, postre, típica comida de cafetería que cumple. Nos sentamos largo rato — .
Tarde: teleférico abajo a Borgo Maggiore
Bajamos en teleférico desde el centro histórico hasta Borgo Maggiore, el segundo de los nueve castelli de la república —la versión moderna y residencial del país, donde de verdad vive parte de la gente. La cabina es divertida por el sitio, no tanto por el trayecto: cinco minutos suspendidos sobre el valle.
Abajo no había gran cosa que ver. Borgo Maggiore es un pueblo residencial con prevalencia de la carretera, sin centro histórico al uso. Dimos una media hora de paseo, pasamos por los soportales de la plaza del mercado y cogimos el siguiente teleférico de vuelta a la cima.
Última hora del día: supermercado, túnel Montale y Bud Spencer
Arriba paramos otra vez por la Plaza del Parlamento —ya casi de noche— y entramos al supermercado a comprar algo para cenar. Cuando volvíamos al hotel, en lugar de meternos directos, dimos un rodeo y nos asomamos a una estación abandonada que resultó ser el antiguo Tunnel Montale, parte del viejo ferrocarril Rímini-San Marino que el régimen fascista construyó en los años treinta y que se destruyó durante la guerra. Lo han recuperado como espacio visitable: hay un vagón antiguo restaurado, paneles explicativos, y entender el papel del túnel en la historia del país y la conexión histórica con la Romaña. Bastante curioso, mejor de lo esperado para una visita improvisada.
Volvimos al hotel a recoger las cosas, descansar un rato viendo la tele —que daba Bud Spencer en italiano, momento italianísimo — y nos comimos los bocadillos del supermercado sin grandes ceremonias. Julen ya dormido, nosotros tampoco íbamos a tardar.

















































































































































































































































